Opinión

Prohibido ser un católico consecuente

Amy Coney Barrett junto a Donald Trump. Vídeo de la Casa Blanca.
photo_camera Amy Coney Barrett junto a Donald Trump. Vídeo de la Casa Blanca.

La campaña promovida en EE. UU. contra la jueza Barret es algo inaudito, no comparable con ninguna situación parecida. Ahora resulta que ser católico de verdad, con todas las consecuencias, es peligroso. Y se entiende. Las actitudes abiertamente cristianas de un personaje público son molestas para el resto del personal. En el país americano hay muchísimos católicos. En los puestos públicos de más relevancia pocos, han pasado desapercibidos. Pero ahora cuando se encuentran con un ejemplo abierto y notorio de lo que es ser católico ya no les parece admisible. En el fondo es sentir que les están afeando su pobreza de vida religiosa.

Biden manifestó su condición de católico con la intención innegable de atraerse votos. Pero ahora que Trump pone ante las cámaras a una mujer con familia numerosa y señas de identidad inconfundibles, Biden y los suyos se molestan y quieren incluso atacar la condición religiosa indiscutible de la jueza.

Esto no es más que otra manifestación de la hipocresía que existe en este mundillo y, en general, en el ambiente de la prensa de diverso tipo. Hay una mayoría amplia de personas que no practican ninguna religión y les daría igual que lo sepan o no sus amigos y conocidos. Pero lo que no admiten es que el listón se ponga muy por encima. Entonces molesta. Entonces la religión auténtica pasa a ser un peligro, algo sospechoso.

La maquinaria publicitaria demócrata se empleó a fondo para decirle a la nación americana lo buen católico que es Joe Biden, su candidato. Se destaca su gran fe, la importancia que la fe tiene en la vida del exvicepresidente, no se hace ningún reparo en que una persona de fe guíe la nación, sino por el contrario, afirma que es bueno tener una persona religiosa en un cargo de tal magnitud. Esto manifiesta que en la sociedad americana esto tiene importancia.

Pero cuando surge la jueza Barret hay que pasarse al otro lado: esto es una exageración, tener siete hijos, dos adoptados de raza negra, colonizadores blancos por adoptar niños haitianos, han llegado a decir, una radical, ultra. Es decir, uno puede decir que es católico, pero cuando surge una mujer católica de verdad entonces es calificada de extremista y ultracatólica; ya es un peligro.

La prensa republicana tiene ahora un problema: si para impedir la ratificación de la jueza la emprenden ahora contra su práctica religiosa, revelarán que sus elogios a la fe de Biden no pasan de mera estrategia publicitaria. Y eso puede ser muy perjudicial para la campaña.

Lo gracioso es que en nuestro país tenemos más de lo mismo. Los ataques a Vox en gran medida tienen que ver con sus convicciones religiosas. Que sean antiabortistas, anti-eutanasia, defensores de la familia, son cosas que les llevan a los extremistas de izquierda a demonizarles. Son auténticos monstruos. Y es el motivo por el que los parlamentarios de Podemos han llegado a decir que el Rey supone un voto más a favor de Vox, porque entienden que el monarca es católico coherente, y eso les molesta.

Ser católico de verdad resulta molesto para muchas personas, y por eso también es verdad que en cuanto aparecen en la esfera pública personas que no tienen inconveniente es sentirse católicas, se remueven muchas conductas un tanto dormidas.

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