Opinión

Peligra la maternidad

El Papa Francisco, con una madre con dos niños.
photo_camera El Papa Francisco, con una madre con dos niños.

Los cambios sociales en los que nos sentimos inmersos, que encierran tantas maravillas y descubrimientos, son también la causa de algunos problemas en lo que se refiere al ámbito familiar. En la educación de los hijos hay que tener presentes una serie de fenómenos, inimaginables hace solo veinte o treinta años, y que, precisamente por eso, nos han cogido con paso cambiado y no sabemos, muchos padres no saben, como reaccionar.

Pero el problema no está solo en la educación de los hijos. Antes está en la adecuación a la modernidad de nuestros modelos familiares. Hay una diferencia importantísima en la estructura de la sociedad familiar que es la incorporación de la mujer a ambiente laboral. En el libro que ha escrito Mariolina Ceriottí, “Erótica y materna”, nos recuerda una serie de ideas bien conocidas en general, pero sobre las que es necesario hacer una reflexión.

La mujer incorporada al trabajo, con más o menos las mismas horas de dedicación que los hombres, tienen fácilmente la cabeza y el corazón más lejos de la familia, pues tienen muchas otras cosas que les ocupan. Dice la autora de este libro que “no todas las mujeres son conscientes de esta riqueza potencia latente en ellas. Por el contrario, muchas tienen miedo de aplicarse a sí mismas la palabra “madre”, como si se tratara de un término sustractor, encarcelador y peligroso” (p. 55). Un peligro evidente que puede llevar a una situación antinatural para lo que es la esencia de la mujer.

Erótica y materna. La autora advierte de estas dos facetas esenciales en las mujeres, pero también de hasta qué punto la sociedad occidental actual ha desnaturalizado su esencia erótica. Hace referencia a algún programa en la televisión -son muchos- en los que se degrada el cuerpo de la mujer, de manera que su erotismo sano y natural se convierte en servilismo y exhibicionismo impúdico. “Esta es la representación de la mujer que se hace en el medio televisivo, y hemos terminado por aceptarla o padecerla casi sin ni darnos cuenta. Son imágenes de degradación y humillación del cuerpo femenino, que se presenta como puro objeto erótico” (p 44).

Entre ese peligro del erotismo mal entendido y el miedo a ser madre, la situación de la mujer, y por tanto de la familia, corre un serio peligro y precisa una reflexión urgente.  “La progresiva desaparición de lo maternal lleva consigo la desaparición de la actitud concreta hacia la realidad humana que comporta la buena cultura materna. Es una actitud de acogida, compasión, de atención a la necesidad, de protección y cuidado. Su desaparición arrastra aquella dramática disminución del valor de la vida y de la persona, que está a la vista de todos nosotros” (p. 56).

Actitud de acogida propia del corazón materno, como algo natural, tan necesario en el ambiente de hogar, que precisa tiempo, dedicación, y que peligra por la sensación, que casi no se advierte, de urgencia, de muchas cosas que hacer, porque el trabajo absorbe horas, porque la casa lleva tiempo, porque las obligaciones sociales son inevitables, porque… No hay tiempo para los niños. De ahí la tendencia a “hijos, los mínimos imprescindibles” y, por otra parte, a los que hay los cuida otra persona. Necesitamos pensar un poco en estas cosas.

Mariolina Ceriotti Migliarese, Erótica y materna, Rialp 2018

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