Opinión

Luces en las calles

Luces de Navidad.
photo_camera Luces de Navidad.

En la calle hay muchas luces, no solo en Navidad, ya en Adviento. No en todas las calles, preferentemente en los centros comerciales. De todo hay en las diversas ciudades de nuestro país. Vigo se las da de ser la mejor iluminada y otras, como Madrid, desde muy pronto instala grandes tinglados para poner bombillas y alegrar el ambiente prenavideño.

Pero hay luces que no dependen de las fiestas, ni de si hace buen tiempo o malo, ni de si hay pandemia o salud. Son esas luces que encontramos por las calles, quizá sobre todo en las salidas de las iglesias, un domingo, después de misa. Las sonrisas, el ambiente festivo en la puerta de la parroquia es distinto que a la salida del cine o la salida del estadio.

Nos encontramos con un semblante distinto en las personas. Diferencias esenciales de quien ha estado rezando respecto a quien sale de hacer compras. El afán consumista no proporciona la alegría que tiene el cristiano practicante que asiste a misa. no porque sea obligatorio, esto ya no se lleva. Antes había más gente que iba por el precepto. Esos ahora ya no van, no tienen que dar cuentas a nadie. Por eso quienes están a la puerta de la parroquia después de participar en el sacrificio eucarístico tienen un aire muy distinto. Tienen luz.

Eso es especialmente notable cuando se trata de gente joven. Desde niños a padres, jóvenes. Hay parroquias en las que solo van los abuelos. Es otro aire. Y más de uno se pregunta “¿por qué aquí no hay jóvenes y en la otra que está doscientos metros más allá predomina la juventud?”. Y nadie sabe dar una respuesta convincente. Pero la diferencia es notoria. Claro, en una iglesia donde los que salen son los abuelitos, no siempre hay el clima de alegría profunda que se percibe en la parroquia con una media de edad joven.

Ni que decir tiene que en las iglesias donde van muchos jóvenes se necesitan más sacerdotes: hay más misas, hay más reuniones de matrimonios, hay más confesiones, hay capilla de adoración al Santísimo 24 horas al día. Es fácil que en alguna de las celebraciones del domingo haya coro. Quizá una de las cosas que más sorprende al que empieza a frecuentarlas es que en los días de trabajo haya varias misas, por la mañana y por la tarde. Misa de 7:30 con una afluencia que no tienen algunas parroquias en la misa dominical.

Así resulta que, en estos lugares, en estos templos, que podemos encontrar por ejemplo en Madrid, en barrios muy distintos, hay luces. Luces propias que no precisan de instalación cuando se acerca la Navidad. Pero investigando un poco se encuentran las causas. En estas parroquias hay siempre sacerdotes confesando. Entonces resulta que todas aquellas personas que valoran el sacramento saben dónde ir. Todos los días hay confesiones, pero especialmente en las misas de los domingos. Tres confesores simultáneamente y una larga cola. ¿Es que son unos pecadores empedernidos? No. Son personas normales que necesitan un empujón en sus vidas. Y lo encuentran.

Por eso no es raro que haya brillo. Esos jóvenes que acuden a la misa del domingo y se confiesan y comulgan, tienen otra vida. Desde niños con la Primera Comunión todavía reciente hasta padres maduros, sin descontar a los abuelos, que se encuentran muy a gusto. Se han encontrado con Dios, muy de cerca, y están llenos de la Gracia, y eso no se puede comparar con ir al centro comercial a comprar o ir al cine. Es otra cosa. Y se convierten en faroles con luz propia. En Adviento, en Navidad, en Cuaresma o en verano.

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