Opinión

Libertad vs libertinaje

Sohrab Ahmari. El hilo que une.
photo_camera Sohrab Ahmari. El hilo que une.

En la espléndida obra de Ahmari Sohrab, “El hilo que une”, el autor repasa, a lo largo de sus capítulos, diversos momentos de la historia de la Humanidad, haciendo ver cómo después de épocas de inmoralidad y de violencia surgen momentos de paz porque ha aparecido un personaje movido por la bondad, por lo más parecido a la Ley Natural. En uno de esos capítulos aparece un escritor bien conocido, Solzhenitsin, que después de haber padecido persecución en su país, por los comunistas, tiene la ocasión de viajar a Occidente y es acogido con entusiasmo en muchos ambientes culturales e invitado a hablar de todo lo sufrido.

Y Solzhenitsin manifiesta, de un modo nítido, su estupor al encontrar una sociedad muy distinta a la que creía conocer por los medios de comunicación y la literatura. Después de tanta persecución en su país en la época comunista se encuentra en EEUU una sociedad que no sabe nada de libertad. Y lo dice con toda nitidez: “Vuestros estudiosos son libres en un sentido legal, pero están rodeados por los ídolos de la moda imperante. No hay violencia abierta, como en el este; sin embargo, una selección dictada por la moda y la necesidad de adaptarse a los estándares de las masas evita con frecuencia que la mayoría de las personas de mentalidad independiente contribuyan a la vida pública y da lugar a peligrosos instintos de rebaño” (p. 256).

El escritor ruso se lleva una gran desilusión; no encuentra libertad. Las gentes, en un porcentaje muy amplio, están atadas por modas y costumbres, sin capacidad de discernir con auténtica autonomía. Lo que hacen todos, aunque sea moralmente reprobable, pesa demasiado en los modos de hacer y de decidir de la gente.

“En el gulag había examinado las alturas morales que las personas podían alcanzar haciendo lo que debían, a pesar de las presiones ejercidas por un estado carcelario sin ley. En Occidente, mientras tanto, veía a los hombres y mujeres libres y a la sociedad en su conjunto que no discernía entre la libertad de hacer lo que se debe hacer y la libertad de hacer lo que no se debe hacer (…) La sociedad occidental de hoy ha revelado la igualdad entre la libertad para las buenas obras y la libertad para las malas” (p. 270).

Es muy significativo que esto lo diga alguien que viene de fuera, de un ambiente muy distinto, pero que, quizá por la violencia y la injusticia sufrida por parte de los comunistas, es mucho más sensible al encontrar la sociedad pervertida de los países occidentales. Se esperaba otra cosa, aun cuando ya se imaginaba suficiente por lo visto en los medios de comunicación. Por eso cuando es invitado a hablar y ante la expectación que se levantó en aquellos momentos, Solzhenitsin, en Harvard, habla con claridad, y muchos se ofendieron.

“En las décadas transcurridas desde que Alexander Solzhenitsyn emitió su jeremiada (en el verdadero sentido profético) en Harvard, la enfermedad que diagnosticó no ha hecho más que empeorar. Hemos derribado muchas barreras en nombre de la libertad; paradójicamente, el trabajo de demolición ha hecho que seamos menos libres” (p. 272).

Y nos cuenta el autor de este libro con preocupación: Una mujer que trabajaba en un gabinete de yoga explicó que “Las prácticas que considero espirituales”, principalmente el yoga y la meditación, “son las cosas que hago para cuidarme profundamente, para calmarme cuando estoy angustiada, para recabar sentido de las experiencias de mi vida”. Pero dijo que se mantenía alejada de cualquier cosa que insinúe “uniformidad de práctica y creencia”, porque “eso suele caer un tanto en lo santurrón” (p. 118).

Y así nos  encontramos con no pocas personas que no saben ni quieren saber nada de Dios, y por lo tanto nunca sabrán lo que es ser libre.

Sohrab Ahmari, El hilo que une, Rialp 2022

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