Opinión

La confesión: trinidad del Perdón

Adoración al Santisimo. Foto: Carlos Daniel.
photo_camera Adoración al Santisimo. Foto: Carlos Daniel.

La confesión es uno de los siete sacramentos. Después de un examen de conciencia y de un arrepentimiento – marcado por el acto de contrición – le pedimos perdón al Señor por nuestros pecados. Asociada con el remordimiento y con la penitencia, a veces la confesión puede producir miedo. Sin embargo, ¡es un sacramento de tantas gracias! Al salir del confesionario, nos esperan sobre todo la alegría y la paz.

- La Confesión como sacramento de conversión: Es ante todo un paso que damos nosotros para obrar como el hijo pródigo: volver hacia el Padre que ya nos espera con los brazos abiertos. «La confesión es el sacramento de la ternura de Dios, su forma de abrazarnos.» (Papa Francisco)

- La Confesión como sacramento de sanación: Como un nuevo bautismo, la confesión nos renueva en Cristo y nos hace sentir el alivio y la paz de una liberación. En efecto, aunque el pecado original, la herida de la humanidad, lo puede curar el bautismo, cada pecado es una llaga para el hombre, al cual la misericordia de Dios sana y tranquiliza.

- La Confesión como sacramento de reconciliación: El pecado nos aleja de nosotros mismos, de nuestro prójimo; hiere al cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Al saber que Dios nos ama y nos perdona, ya purificados como un joven bautizado, podemos irradiar el Espíritu Santo y restaurar relaciones sanas y benevolentes con los demás, y en primer lugar, en nuestra pareja, en nuestra familia y en el trabajo.

¡Vayamos a recoger el beso de nuestro Padre y a llenarnos de su amor! «Como un niño quien es culpable pero sabe que le perdonarán, viene a abrazar a sus padres para disculparse, ¡aquí estoy Señor! ¡Aquí estoy como un niño!»

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