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Mons. Melina: "Nos han acusado de corregir al Papa. No es cierto"

Religión Confidencial | 04 de agosto de 2019

Livio Melina.
Livio Melina.

El que fuera presidente del Instituto Pontificio Juan Pablo II en Roma hasta 2016, el sacerdote Livio Melina, experto de Teología Moral, quien recientemente ha sido cesado de su cargo como profesor de dicho Instituto, ha concedido una entrevista al periódico italiano "La Veritá" cuya versión en español ha sido entregada por el mismo profesor a Religión Confidencial. 

El cese de los profesores Melina y del P. José Noriega, además de la promulgación de unos nuevos estatutos, ha abierto una crisis en el Instituto, legado de san Juan Pablo II. Ante esta situación, monseñor Melina sale al paso de algunas críticas. 

Esta es la entrevista traducida para RC: 

 - Alguien ha escrito que en el Instituto Juan Pablo II, usted y otros colegas, ahora fuera del Instituto, centro que ha sido "reestructurado", se han dedicado a "corregir al Papa" sobre la exhortación Amoris laetitia. ¿Es esto cierto? 

- "El que habla así no parece conocer la diferencia entre dos palabras diferentes: "corregir" e "interpretar". Todo texto necesita ser interpretado, como nos ha enseñado de modo particular la filosofía contemporánea. Pero una interpretación que trata de ser fiel al texto, no es en ningún modo una corrección. Propio del trabajo teológico es precisamente esta interpretación, que en el caso del Magisterio tiene como clave una lectura en sintonía con el resto de los textos magisteriales.

Amoris Laetitia, se podría decir, no es un libro en sí mismo, sino un capítulo de un gran libro, un libro que contiene todos los textos del Magisterio. Los que piensan que la interpretación hecha por otro no es verdadera, deben ofrecer argumentos, y no acusarlos de hacer una "corrección", ya que en este caso el que acusa está absolutizando su propia interpretación, como si fuera la única lectura obvia del texto. Además, en el caso de Amoris Laetitia muchos han tomado el camino de interpretarlo como si "superara" o incluso "corrigiera" otros textos magisteriales, como Familiaris Consortio de san Juan Pablo II, el Catecismo de la Iglesia Católica o Sacramentum Caritatis de Benedicto XVI. Leen el capítulo y olvidan el libro donde se inserta el capítulo. Hablar de "ruptura" y "revolución" en el Magisterio no es lenguaje católico. En realidad, hay una gran libertad de interpretación de los textos, la única norma que no se puede saltar es la de respetar la "regla de la fe". En otras palabras, se le pide al intérprete que lea el texto en continuidad con el resto del Magisterio anterior.

Lo sabía bien el cardenal Newman, que determinó, como una de las notas de un verdadero desarrollo de la doctrina (distinto de una corrupción), precisamente el “efecto conservador sobre el pasado”. Algunos piensan que forzamos el texto de Amoris Laetitia para adaptarlo al resto del Magisterio. Pero los que así hablan ni siquiera se molestan en explicar cómo fuerzan ellos al resto del Magisterio pontificio para adaptarlo a su lectura particular de Amoris Laetitia. Ahí sí que se puede hablar de “corregir” los otros textos de los Papas".

"Wojtylianos” y “bergoglianos” 

- En el panorama teológico contemporáneo se ha hablado mucho de libertad de reflexión teológica (ampliamente practicada en desacuerdo con la Humanae vitae y con Veritatis Splendor). ¿Qué ha sucedido en el caso del Instituto Juan Pablo II?

"Lo que se ha hecho en el Instituto con varios profesores es una condena sin juicio, a partir de las sospechas sembradas durante estos años por mucha gente. Hay una paradoja en todo esto. Algunos teólogos disidentes de la teología moral católica, que se oponían claramente al Magisterio, recibieron la prohibición de enseñar, pero esto ocurrió después de un juicio regular, en el que se les asignó un defensor y existía la posibilidad de responder a las acusaciones. Y aun así continuaron acusando a la Congregación para la Doctrina de la Fe de comportamiento injusto y abusivo.

Pero, ¿qué ha pasado con los profesores del Instituto Juan Pablo II? La acusación no es la de negar la doctrina católica, sino sólo la de no seguir una determinada interpretación del Magisterio del Papa Francisco. Pero, sobre todo, nos han privado de nuestra cátedra sin ninguna posibilidad de defendernos, sin ni siquiera saber de qué se nos acusa. El periódico italiano Avvenire, al hacer explícitas ayer estas acusaciones, ha tenido el mérito de subrayar las verdaderas razones de nuestro despido, que no nos habían sido comunicadas, y así ha desenmascarado la maniobra que se está llevando a cabo en el Instituto fundado por San Juan Pablo II.

Añado una cosa importante. Es esencial entender que con el Instituto Juan Pablo II no se trata de una lucha entre “wojtylianos” y “bergoglianos”, como algunos intentan hacer creer. Se trata, en realidad, de una lucha entre la defensa de la doctrina católica, incluyendo la del Papa Francisco, como la ha enseñado continuamente el magisterio, y una hermenéutica rupturista que quiere interpretar las palabras del Papa en oposición a sus predecesores.

Por eso la defensa del Instituto Juan Pablo II toca a todos, y el destino del Instituto es decisivo para la Iglesia. Si no se revocan las decisiones tomadas por Mons. Paglia, se está diciendo: "toda interpretación del Magisterio del Papa Francisco en continuidad con el Magisterio anterior es intolerable en la Iglesia". Pues quienes hacen esta interpretación pierden incluso el derecho a defenderse en un juicio, son simplemente expulsados, según una versión particular de esa "cultura del descarte", condenada con tanto vigor por el Papa Francisco".

Doctrina versus pastoral 

- El periodista Luciano Moia de Avvenire escribe que su error al "corregir al Papa" sería dar prioridad a la doctrina sobre la pastoral, mientras que, según este mismo periodista, el Evangelio diría lo contrario. ¿Qué opina usted?

"Es muy común hoy en día este enfoque, que separa a Cristo "Maestro" de Cristo "Pastor", como si hubiera dos Cristos. Pero la misericordia de Jesús y su cuidado pastoral pasaron a través de su doctrina, como dice el Evangelio de Marcos: "Se compadeció de ellos, porque eran como ovejas que no tienen pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas" (Mc 6,33-34). En este texto la misericordia, el pastor y la doctrina aparecen juntos. La doctrina de Jesús es la forma concreta que toma su misericordia y su cuidado pastoral hacia los hombres que, perdidos sin luz ni dirección, viven en las tinieblas. Pensar que quien ofrece luz es un hombre rígido es un gran error. Es precisamente cuando estamos en la oscuridad cuando no podemos movernos. Y es la luz la que, al permitirnos caminar, nos dinamiza y nos abre horizontes nuevos.

El Instituto Juan Pablo II ha mostrado cómo, a partir de una visión del hombre sobre la que se investiga en comunión, se pueden generar programas fructíferos para una auténtica atención pastoral. Pienso en lo que se ha hecho en Estados Unidos con las “parroquias amigas de la familia”, o en el congreso que organizamos sobre las situaciones de sufrimiento familiar y que titulamos: “óleo sobre las heridas”. En la tradición cultivada por el Instituto Juan Pablo II la relación doctrina-pastoral se estudia desde la perspectiva de la relación entre verdad y amor. La verdad contenida en la doctrina cristiana no es una verdad abstracta, sino la verdad del amor. Y el amor necesita de la verdad para no confundirse con una mera emoción y poder perdurar en el tiempo, como nos enseñó el Papa Francisco en Lumen Fidei. Hablar de la prioridad del cuidado pastoral sobre la doctrina, poniéndolas en contraste, es oponerse al magisterio que el Papa Francisco nos da en la primera de sus dos encíclicas, que son los documentos de mayor rango magisterial que ha escrito". 

El antiguo Instituto, alejado de las heridas del hombre

- Se repite con insistencia que el antiguo instituto y la pastoral que emanaba del Magisterio de Juan Pablo II (y, debo añadir, del primer presidente del Instituto, Carlo Caffarra), son estériles, fríos, alejados de las heridas del hombre. ¿Cómo están las cosas desde su punto de vista?

"Toda la visión de san Juan Pablo II viene de una extrema cercanía a la situación del hombre. Y esto significa, por supuesto, cercanía a sus heridas. Pero, sobre todo, significa cercanía a la experiencia más primordial del hombre, que no es la de estar herido, sino la de ser amado por Dios y hecho capaz de una respuesta de amor a Él y a los hermanos. Por eso san Juan Pablo II vio, antes que las heridas, la grandeza del hombre, que le es dada por la redención de Jesucristo. Y por eso podía hablar de que era necesario recobrar la "fe en el hombre". La batalla hoy no es entre los que ven las heridas y la fragilidad, por un lado, y los que sólo ven doctrinas frías, por otro. La batalla se da, más bien, entre los que sólo ven la fragilidad humana y, dada la impotencia del hombre para superarla por sí solo, tratan de justificarla, por un lado; y los que ven, junto a las heridas y más poderosa que ellas, la gran llamada de Dios al hombre y la capacidad del hombre para ser redimido por Dios y construir una vida grande y bella, la que Dios siempre ha querido para él.

La primera opción, viendo sólo las heridas insuperables, se contenta con tolerarlas: mide al hombre a partir de su debilidad y de su caída. La segunda opción, fijándose en la gran llamada de Dios, trata de hacer madurar al hombre para que, venciendo su fragilidad, sea capaz de una respuesta de amor. Los partidarios de la primera visión, al no entender la capacidad del Evangelio para regenerar al hombre, creen que los demás son rígidos, fríos, distantes. Les pasa lo que a aquellos que ven a la gente bailando, pero no oyen la música, y por eso piensan que esa gente está loca, que hace movimientos inútiles y sin sentido. Es decir, para comprender la lógica del verdadero trabajo pastoral, hay que percibir la música de la redención. De esto hablaba san Juan Pablo II en la última parte de la encíclica Veritatis splendor. En cambio la otra opción es en realidad antipastoral, pues trata de adaptar a la debilidad del hombre caído los mandamientos divinos, inscritos en su corazón por el Creador para expresar la llamada original al amor. Estamos ante una forma invertida de ese "pelagianismo moral" tan a menudo condenado por el Papa Francisco. Es una falta de fe en Dios, pero también en el hombre, porque renuncia a proponerle una conversión y no tiene confianza en la fuerza renovadora de la gracia". 

Amoris Laetitia y el bien posible 

- Según lo que algunos llaman el "nuevo paradigma" de la teología moral que surgiría de Amoris laetitia, se trataría hoy de abrirse al llamado "bien posible". Para que los lectores entiendan de qué se trata, ¿podría dar un ejemplo concreto?

"Tomo el ejemplo utilizado por el profesor Maurizio Chiodi hace unos días, en una entrevista con Luciano Moia en Avvenire. Allí se dice que la vida en una pareja homosexual podría ser un posible bien para una persona en ciertas circunstancias. La doctrina de la Iglesia enseña, en cambio, que es un mal, algo que daña al que lo hace y le va inclinando cada vez más al mal. No se trata de un contraste entre dos visiones, una de las cuales sería pastoral, y la otra doctrinal. Más bien, son dos diagnósticos de una situación, dos diagnósticos que se abren a terapias muy diferentes. Según el primer diagnóstico, se podría decir que esta persona, al realizar actos homosexuales, vive según la voluntad de Dios, que no nos pide más de lo que podemos. Los actos que lleva a cabo serían humanizantes, incluso conducirían al Evangelio, aunque en algún momento la persona habría de entender que no son actos perfectos, y que hay un camino mejor.

La doctrina católica, por el contrario, al enseñar que estos son actos intrínsecamente malos, propone un diagnóstico diferente y por tanto una terapia diferente. Un acto homosexual, como todo acto sexual fuera del matrimonio, no es ordenable a Dios, y por lo tanto no conduce al bien de la persona. El médico y pastor que, en Jesús, conoce el corazón del hombre, dice: cada vez que realizas este acto, estás dañando el amor, estás dañando tu humanidad y la humanidad de la otra persona. Y al mismo tiempo añade: pero en ti resuena siempre la llamada al amor verdadero, tú puedes seguir este amor, y la Iglesia está aquí para acompañarte en este camino de conversión, que te pide que dejes el mal y abraces el bien. Para esto es necesario que abandones los falsos amores, que son en realidad una adoración de ti mismos. Y en este trabajo cuentas con la fuerza que viene de la redención que ha traído Cristo Jesús.

Permítaseme recordar a este respecto un pasaje de Veritatis Splendor, 103. Se trata aquí del “bien posible”, ya que san Juan Pablo II se pregunta: "Pero, ¿cuáles son las posibilidades concretas del hombre? ¿Y de qué hombre se habla? ¿Del hombre dominado por la concupiscencia, o del redimido por Cristo? Porque se trata de esto: de la realidad de la redención de Cristo. ¡Cristo nos ha redimido! Esto significa que él nos ha dado la posibilidad de realizar toda la verdad de nuestro ser; ha liberado nuestra libertad del dominio de la concupiscencia". 

 

 

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