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Católicos y de derechas (y II)

José Francisco Serrano Óceja |

Religión Confidencial | 05 de marzo de 2018

Volvamos al libro de Edurne Uriarte y a sus afirmaciones. Más adelante dice que “ser cristiano y de izquierdas es complicado en la democracias occidentales. Los líderes de los partidos de izquierdas quieren penalizar a las instituciones religiosas”. Aquí aborda una cuestión interesante, que hoy es prioritaria respecto a la actual situación de la Iglesia.

El problema de lo católico respecto a las ideologías es hoy el problema de la defensa de la libertad de lo humano, y de las personas, frente a las ideologías. Y de la libertad de la Iglesia, y de la libertad de los cristianos en sus pronunciamientos públicos.

Tan perniciosa es una política de derechas que no tenga una adecuada concepción de la libertad, como de izquierdas. Y no digamos nada si introducimos el concepto del Estado, que nació, históricamente, envidioso de la Iglesia.

Edurne Uriarte apunta una idea que convendría desarrollar: “La identidad cristiana es un elemento de la identidad de derechas por tradición y aceptación de las ideas de la mayoría de los votantes más que por liderazgo de los políticos de la izquierda”.

Señala también que “la derecha apoya las instituciones educativas de la Iglesia y las cuestiona” y que “la derecha apoya y sostiene desde un punto de vista ideológico y político el fundamental peso del cristianismo en la sociedad española y que la izquierda quiere reducirlo de manera drástica”.

A medida que se van desgranando tesis similares a las anteriormente transcritas, concluye “el cristianismo no es de derechas ni de izquierdas, pero, nuevamente, izquierda y derecha se dividen también por el peso del cristianismo en la educación”.

Esta es una cuestión clave, la educación. Toda educación es deudora de una concepción antropológica. La fe aporta perspectiva  a la concepción de la educación de la persona. La fe apuesta por una educación abierta a la trascendencia, integral, con una determinada forma de entender la naturaleza humana, y su relaciones con la cultura y la historia. Indudable, al menos en España, no hay partidos de izquierda que parezcan entender esto. 

En un momento del capítulo glosado, reproduce Edurne Uriarte unas declaraciones de “un filósofo tan brillante como Fernando Savater” que dijo en una entrevista en “El Mundo”, el 28 de febrero de 2016, que “los dos males de España son los curas y los nacionalistas, que han frenado el desarrollo del Estado liberal y democrático” y que “lo peor es que, cuando gobierna, la derecha hace caso a los obispos, y que la izquierda, cuando gobierna, mima a los nacionalistas”.

No sé si Uriarte, Edurne, está diciendo que el problema son los obispos y los nacionalistas. O los obispos nacionalistas. O el nacionalismo. Lo que está claro es que si introducimos el factor Iglesia a esta reflexión, complicamos mucho las cosas. Antes y ahora.

Imaginemos que hubiera un alto eclesiástico obsesionado con los católicos de derechas y de extrema derecha de su diócesis. Empeñado, por tanto, en “desideologizar” a los católicos. No está mal. Pero el problema es que lo haga dando protagonismo a los católicos de izquierdas, con lo que su pretensión sería vana por el hecho de agudizar así lo adjetivo respecto de lo sustantivo, en vez de sacar a la Iglesia de las trampas de la derecha o de la izquierda. 

Y al revés, un obispo empecinado en impregnar la pastoral de la diócesis de otra perspectiva menos social y más acorde con los valores que defiende determinada derecha, permeable a aparecer con frecuencia en los medios de comunicación calificados como de derechas. Vano intento también que crearía no poca tensión y que no saldría de una espiral nada beneficiosa.

Dos ejemplos ficticios que hablan de la necesidad de que, en esta reflexión, no aparezcan en primera fila, como protagonistas, ni los obispos ni la Iglesia.

Los católicos, al fin y al cabo, tenemos que votar. Y defendemos ideas, y propuestas, y medidas políticas. Ninguna es católica por ser de derechas o de izquierdas; ni de izquierdas o de derechas por ser católica. Habrá política de derechas que no sean contrarias a la concepción cristianas de la existencia, y política de izquierdas que tampoco lo sean. Habrá política de derechas que nazcan de la experiencia cristiana y también políticas de izquierdas.

Quizá la cuestión que nos ocupe ahora sea ésta. Que ya no hay políticas, ni de derechas, ni de izquierdas, ni mutantes, que nazcan de esa experiencia, de los sujetos organizados que tengan esa experiencia, cristiana, católica y que apuesten por ser activos en política.  


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