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Vídeos en el funeral

Funeral.
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Misa de ocho de la tarde en una parroquia de Madrid, un día entre semana. Los fieles de siempre, más un nutrido grupo que ocupa las tres primeras filas de la bancada y parlotea con jaleo. Y el retrato de una chica delante del altar. Pinta de funeral.

Y así es. Con unas palabras hacia los “amigos de la fallecida” comienza la Santa Misa. Atando cabos, me doy cuenta de que se trata de los compañeros de máster de la chica, llamémosla Sonia, que ha muerto muy joven, de cáncer. Aunque sonríen, están muy afligidos.

Varios amigos de Sonia graban la celebración entera con el móvil, levantándose varias veces para captar buenos planos. Dos chicas se ofrecen a participar en el rito de la Palabra. Leen, como se dice, con mucho sentimiento, respetando todas las pausas, enfatizando las palabras más importantes. Sobre todo la que lee los Salmos. Da la impresión de que estuviera recitando poesía. Por supuesto, no dicen el maltratado por ignorado, “palabra de Dios” final.

Llega la homilía. Las palabras del sacerdote son muy humanas, de consuelo, y a la vez divinas, buscando lo sobrenatural. “De verdad, Dios os quiere mucho”, dice, ensalzando las virtudes de Sonia y hablando del Cielo. Varios compañeros de la chica lloran, se abrazan, se besan.

Durante el rito de las ofrendas y el de la comunión, un chico vestido de traje de chaqueta que ha traído una guitarra toca temas de Hakuna y canta las letras a capella. Los móviles se dirigen al joven y cuando termina, hay varios minutos de aplausos.

Por no alargarme, diré en resumen que no fue una Misa como las de siempre. La urbanidad en la piedad brilló por su ausencia, podríamos decir sin exagerar. O, si se prefiere, no se cumplió el protocolo a rajatabla. Incluso se podría decir que Dios no fue el centro del sacramento, para la mayoría de los presentes.

Pero sí fue, en mi opinión, una lección de nueva evangelización. La actitud del sacerdote fue en todo momento de cariño hacia los dolientes. Suponiendo, como supongo, que carecían de formación religiosa, salieron de aquella iglesia un poco más reconfortados por el ‘homenaje’ que le habían dado a su amiga, aunque no supieran cuándo sentarse o arrodillarse o ponerse de pie o no dejaran de hablar.

Me dieron muy buen ejemplo. Pidieron un funeral para Sonia porque ella sí era creyente. “Le habría gustado”, decían. Y lo vivieron como habrían hecho en cualquier otra situación. Con muchísimo cariño. Esas cosas se notan.

Pienso que éste es el punto de partida de la recristianización, de la nueva evangelización. Buscar lo esencial del mensaje cristiano, la caridad (Deus charitas est), y sí, cuidar y respetar las formas, pero sin caer en la desesperación si esas formas no se siguen desde el primer hasta el último minuto al pie de la letra. Todo llega, pero lo primero suele ser el corazón.

Zenón de Elea.

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