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El obispo Iceta y la familia

El obispo de Bilbao con autoridades en Torreciudad.
photo_cameraEl obispo de Bilbao con autoridades en Torreciudad.

Se habla mucho de familias que están necesitadas, para ayudarles, y me parece bien. Sin embargo, puede perderse de vista que toda familia necesita ayuda, ahora o en el futuro, de tipo económico, educativo, afectivo o emocional. Un gran enemigo para una familia es sentirse inmune, vacunada, como un islote que nada de lo que  ocurre en la sociedad le afecta o  puede afectarle. Peligrosa actitud en unos momentos en que aumentan las rupturas matrimoniales y el deterioro de la familia es creciente.

Hace unos días, el obispo de Bilbao, monseñor Mario Iceta, se dirigió a miles de familias, en un tono alentador. Destacó que las familias deben ser acogedoras ante las necesidades de los demás, para acoger y servir a niños que no tienen familia, a familias que sufren, a enfermos y ancianos, a los heridos de la vida, a los excluidos y descartados, a los empobrecidos e inmigrantes. En definitiva,  acoger a las familias que atraviesan dificultades.

Es muy necesario lo que el obispo de Bilbao recordó. No creo que nadie piense lo contrario, porque es consecuencia de la caridad cristiana, que algunos parecen evitar con ese nombre y utilizan el de solidaridad.

Sin embargo, en mensajes como el de monseñor Mario Iceta puede aletear un aparente planteamiento de dividir el mundo entre familias necesitadas y no necesitadas. Es evidente que hoy, ahora, algunas familias están más necesitadas que otras, pero si cada familia no siente de verdad la necesidad de formarse, cuidar la propia familia, el matrimonio y la educación de los hijos, puede que en un futuro no lejano sea una familia no ya necesitada, sino incluso rota, con las graves secuelas que vemos especialmente en los hijos.                        

Si un matrimonio se siente necesitado, cuida y fortalece la vida conyugal; si una familia se siente necesitada, acude a personas o entidades que pueden ayudar, en la educación de los hijos, en los estudios, en la estabilidad emocional.  La familia requiere esfuerzo, cuidado.

Vemos  cómo se destruyen muchos matrimonios y muchas familias, con frecuencia alegando que no hay otra solución.  Aumentan las separaciones y divorcios, disminuyen los matrimonios: ante ese panorama, se extiende la convivencia sin matrimonio, se teme el compromiso matrimonial.

Las soluciones hay que ponerlas cuando todavía hay apoyos, cimientos, no cuando algo se desmorona. Rupturas matrimoniales o familiares que se revisten de sentimientos pasajeros o falta de solidez para salvar la familia. Oímos una y otra vez que lo importante es la familia, pero muchos que lo dicen no la cuidan, y luego vienen los lamentos. Crece el deterioro familiar, por causas que cuesta admitir, sobre todo si se trata del deterioro de la propia familia.

“¡Cuánta neurastenia e histeria se quitaría, si – con la doctrina católica – se enseñase de verdad a vivir como cristianos!”, leí hace tiempo.  La paz en las familias es un tesoro. La Iglesia puede ayudar mucho, si los católicos nos lo creemos de verdad.

Zenón de Elea

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