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La Santa Sede no ignora las dificultades del acuerdo con China

Seminaristas de China.
photo_cameraSeminaristas de China.

Este es el título de un artículo de opinión de La Croix. Me ha llamado la atención y por eso me hago eco de él. Dice el corresponsal en Roma de este periódico, Nicolas Senèze, que el Vaticano es consciente de que el acuerdo con Pekin, (por cierto provisional) no transformará de un día para otro la situación de la Iglesia china. 

Pero lo que no nos imaginábamos (y eso lo digo yo) es que tras el acuerdo, se iban a seguir produciendo detenciones y encarcelamientos a obispos fieles al Papa como las que acaba de ocurrir en Yueqing (Zhejiang), donde Mons. Pierre Shao Zhumin, obispo de Wenzhóu reconocido por Roma pero no por Pekín, fue detenido el pasado 9 de noviembre por los responsables de la Oficina de Asuntos Étnicos y Religiosos.

"¿Desconoce el Papa la situación en China?", pues según este analista, no. Francisco sabe lo que ocurre en el país comunista. Pero ciertamente, estas detenciones impiden la pastoral de la Iglesia e interrumpen el diálogo entre Pekín y Roma. 

Sin embargo, hay que reconocer, como dice el corresponsal de La Croix en Roma, que el "Papa ha puesto fin a un cisma existente desde 1957, haciendo Pekín una enorme concesión al reconocer la última palabra del Papa en el nombramiento de obispos, lo que fue considerado como una inaceptable intromisión en los asuntos interiores chinos".

Hace poco hablaba con un diácono chino, recién ordenado en Roma. Cuando le pregunté qué pensaba del acuerdo entre China y la Santa Sede, ni lo valoró ni lo analizó, se limitó a decir: "Hay que confiar en el Santo Padre. Esto también es fidelidad al Papa". 

Zenón de Elea


 

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