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Por qué el arzobispo de San Francisco ha prohibido la comunión a Nancy Pelosi

Nancy Pelosi y Salvatore J. Cordileone.
photo_camera Nancy Pelosi y Salvatore J. Cordileone.

Una de las noticias de información religiosa más comentada estos días en los medios: el arzobispo de San Francisco (USA) Salvatore J. Cordileone, ha prohibido la comunión a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. El motivo: apoyar pública y repetidamente el aborto. 

Esta decisión puede escandalizar a unos, (máxime cuando el cardenal Luis Francisco Ladaria, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, no ha recomendado esta postura de negar la Eucaristía a los políticos pro-choice) y ser bien recibida por otros, que consideran que la doctrina y la coherencia de la Iglesia Católica debe ser salvaguardada, aunque con estas medidas, la Iglesia pierda clientela. 

Por lo que he seguido, tengo que decir que Cordileone, de apellido italiano aunque nació en California, calificado como obispo conservador, no ha tomado esta decisión si haber advertido antes y en varias ocasiones a Pelosi, tanto pública como privadamente y sin amenazas, sino con una caridad ejemplar. 

Al parecer, se ha puesto en contacto varias veces con ella, le ha escrito varias cartas y Nancy ni se ha dignado a responder. Por educación y como fiel católica que dice ser y que pertenece a la archidiócesis de San Francisco, debería haber respondido a la misiva. 

Y es que Pelosi, que se dice tan católica devota, se ha pasado de frenada, al menos en mi opinión. No es que haya manifestado su comprensión hacia las mujeres que abortan, no es que haya dicho que debe lealtad a su partido (demócratas) que es partidario de que las mujeres elijan; no...es que ha aseverado que su intención es poner toda la carne en el asador para que se apruebe una ley federal que garantice el derecho de las mujeres a abortar.

Este derecho ahora peligra en algunos estados de USA después de la filtración de un borrador que preveía la decisión de la Corte Suprema de anular la sentencia Roe v Wade de 1973. 

“Después de numerosos intentos de hablar con ella para ayudarla a comprender el grave mal que está perpetrando, el escándalo que está causando y el peligro que está arriesgando para su propia alma, he determinado que ha llegado el momento en que debo tomar una decisión y una declaración pública de que no debe ser admitida a la Sagrada Comunión a menos y hasta que repudie públicamente su apoyo al 'derecho' al aborto y confiese y reciba la absolución por su cooperación en este mal en el sacramento de la Penitencia”, escribió Cordileone en la carta.

El arzobispo de San Francisco explica a sus fieles en otra carta por qué ha tomado esta decisión, mencionando en varias ocasiones la firme postura del Papa Francisco sobre el aborto, para despejar cualquier duda de obispo ultra, nada acorde con los tiempos de este pontificado. 

Extraigo otros párrafos de esta carta, que a mi me parecen de un obispo prudente y no un obispo autoritario. Es que ahora no  no tiene más remedio. Dice así: 

"Como Arzobispo de San Francisco, estoy obligado a “preocuparme por todos los fieles cristianos confiados a [mi] cuidado” (Código de Derecho Canónico, can. 383, §1). Este gravísimo deber a veces puede volverse desagradable, especialmente cuando los católicos en la vida pública promueven explícitamente prácticas que involucran la eliminación directa de vidas humanas inocentes, que es lo que hace el aborto. He luchado con este problema en mi propia conciencia durante muchos años, especialmente con respecto a la presidenta de la Cámara de Representantes de los EE. UU. y miembro de nuestra Arquidiócesis, Nancy Pelosi.

He recibido cartas de muchos de ustedes a lo largo de los años expresando su angustia por el escándalo causado por tales católicos en la vida pública que promueven prácticas tan terriblemente perversas como el aborto. He respondido que la conversión es siempre mejor que la exclusión, y antes de que pueda emprenderse tal acción, debe ir precedida de esfuerzos sinceros y diligentes de diálogo y persuasión. Con respecto a la presidenta de la Cámara Pelosi, me he esforzado por seguir este camino sabio, como lo delineó el entonces cardenal Ratzinger (luego Papa Benedicto XVI) en una carta a los obispos de EE. UU. con respecto a la Sagrada Comunión y a los políticos católicos que cooperan en los graves males del aborto y la eutanasia". 

"Desafortunadamente, la posición de la presidenta Pelosi sobre el aborto se ha vuelto más extrema a lo largo de los años, especialmente en los últimos meses". 

"Tenga en cuenta que no encuentro placer alguno en cumplir con mi deber pastoral aquí. La presidenta Pelosi sigue siendo nuestra hermana en Cristo. Su defensa del cuidado de los pobres y vulnerables provoca mi admiración. Les aseguro que mi acción aquí es puramente pastoral, no política". 

"He sido muy claro en mis palabras y acciones al respecto. La oradora Pelosi ha sido la principal en mis intenciones de oración desde que me convertí en arzobispo de San Francisco. Fue mi vida de oración lo que me motivó a pedirle a la gente de todo el país que se uniera a mí para orar y ayunar por ella en la “Campaña Rosa y Rosario por Nancy”

No tengo más que decir. 

Zenón de Elea. 

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