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Sobre la prohibición de las misas privadas en San Pedro y los cardenales Sarah y Zen

Basílica de San Pedro
photo_camera Basílica de San Pedro

Nueva polémica en el Vaticano. Cinco cardenales han pedido o suplicado al Papa Francisco que levante una prohibición ratificada por la secretaria de Estado del Vaticano: la  prohibición de la celebración privada de Misas en los altares laterales de la Basílica de San Pedro. En total, 45 altares y 11 capillas. 

El Vaticano explica el por qué de esta medida: dice que los cambios están destinados a garantizar que “las Santas Misas en la Basílica de San Pedro se lleven a cabo en un clima de recogimiento y decencia litúrgica”.

Lleva a pensar que no se celebraban de esta manera, ya que estas capillas, aún siendo grandes, son cerradas. También hay que subrayar que no todas estas misas están llenas de gente; en algunos casos, de hecho, el sacerdote celebra la Misa solo, sin la participación de fieles.

También se puede pensar, como me cuenta algún vaticanista, que se trata de una medida anti-covid, pues en Italia la cifra actual de muertos diarios por coronavirus superan las 500 personas al día. El Vaticano querría así cumplir con las medidas del gobierno italiano. 

Pero, al parecer, esta medida será permanente. 

En torno a esta carta firmada por la Secretaria de Estado del Vaticano se han especulado algunas anomalías de dicha firma. Por ejemplo, que la publicación de la carta no fue acompañada de ningún tipo de comunicación oficial del Vaticano. La carta tampoco fue firmada íntegramente por el arzobispo Edgar Peña Parra, quien encabeza la Sección Primera de la Secretaría de Estado (una especie de ministerio del Interior) sino que en su lugar solo incluyó sus iniciales.

Ante esta decisión de la secretaria de Estado del Vaticano, cinco cardenales han mostrado su opinión contraria: Gerhard Ludwig Müller, Walter Brandmüller, Raymond L. Burke y posteriormente, los cardenales Robert Sarah y Giuseppe Zen. 

En determinados ambientes eclesiales se preguntan por qué Sarah entregó en exclusiva una carta contra esta medida al polémico vaticanista Sandro Magister, sabiendo que este decisión traería cola y que le volverían a acusar de enfrentarse al Papa Francisco. 

Sarah dice en su carta: “Suplico humildemente al Santo Padre que disponga el retiro de las recientes normas dictadas por la Secretaría de Estado, las cuales faltan tanto a la justicia como al amor, no corresponden a la verdad ni al derecho, y no facilitan, sino que más bien ponen en peligro el decoro de la celebración, la participación devota en la Misa y la libertad de los hijos de Dios”. 

Y ahora, el Cardenal Giuseppe Zen, Obispo Emérito de Hong Kong, ha sido duro en sus declaraciones con una carta incendiaria. Zen pide “redimensionar el excesivo poder de la Secretaría de Estado” y asevera: “¡Fuera las manos sacrílegas de la casa común de todos los fieles del mundo!. Qué se contenten con jugar a la diplomacia mundana con el padre de la mentira. ¡Qué hagan también de la Secretaría de Estado ‘una cueva de ladrones’, pero que dejen en paz al devoto pueblo de Dios!”.

Afirma también que “si no fuese por las restricciones impuestas por el Coronavirus, tomaría el primer vuelo para ir a Roma y ponerme de rodillas delante de la puerta de Santa Marta para que el Santo Padre haga retirar ese edicto”.

Y concluye que celebrar la Misa en las capillas de San Pedro “era lo que más fortalecía mi fe cada vez que venía a Roma. 

¿De verdad estamos para esta polémica cuando en Italia las muertes por coronavirus superan al día las 500 personas? ¿Son medidas que ha exigido el gobierno italiano? ¿Por qué no ha explicado mejor la secretaría de Estado del Vaticano esta medida? Y ¿no habría otra forma de expresar su desacuerdo estos cinco cardenales para evitar la polémica? 

Muchas preguntas sin respuesta que una vez más exige una política de comunicación más adecuada en el Vaticano. 

Zenón de Elea. 

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