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Siria, otra espiral de violencia con los cristianos como víctimas

No hay en ninguna guerra bando que merezca morir, porque el derecho a la vida está por encima de cualquier interés político. Pero aún en peor situación que los bandos enfrentados están esas minorías que en los conflictos fraticidas se quedan en terreno de nadie y son víctimas de la brutalidad.

Eso está ocurriendo en Siria. El papa ya había alertado de la difícil situación y los propios fieles daban muestras de su angustia porque ahora se han convertido en una minoría desprotegida entre las aguas de un Gobierno que los ningunea y unas milicias que se niegan a tenerlos cerca.

La última triste noticia es el brutal asesinato de un sacerdote francés, franciscano, en manos de los rebeldes. François Murad, de 49 años, fue asesinado por tratar de proteger a unas religiosas en el convento de Gassabieh, cerca de Homs. Parece ser que grupos de radicales del Frente Al Nusra, vinculado a Al Qaeda,

Y es que ahí radica el mayor problema de los cristianos. Representaban hace solo unos meses el 10% de la población pero ahora el presidente Bachar al Asad ha radicalizado las persecuciones. La otra opción es caer en manos del sinfín de grupúsculos terroristas que está haciendo la batalla contra el presidente por su cuenta.

Los cristianos, como tantas veces en la historia, están en el foco de un huracán que ellos no han provocado. Ayer hablábamos de Egipto. Hoy de Siria. No nos hemos repetido. Lo hacemos a propósito. Cada vida cuenta y los hermanos cisrtianos de estos lugares nos necesitan.

Zenón de Elea

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