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Maduro o cómo dar la vuelta a la tortilla en 140 caracteres

Nicolás Maduro, siguiendo el estilo chavista y demagógico tuiteó el día de la fiesta del Pilar que “en Venezuela el 12 de octubre no es el día de la raza ni de la Hispanidad, sino el día que se inició la Resistencia Indígena Digna y Heroica”. Es curioso el tirón que tiene la demagogia populista cuando encuentra un enemigo común al que achacar todos sus males. La afirmación del presidente de Venezuela no solo muestra un total desprecio y desconocimiento por la historia de su país y de España, sino también una falta de consideración con su pueblo al alimentar un sentimiento falso que mueve al odio irracional por algo que sucedió hace más de 500 años.

No es este el lugar para explicar que el trato que recibieron los indígenas de los territorios conquistados por los españoles fue muy superior al de las colonias inglesas y francesas. Tampoco es el momento de invitar a comprobar históricamente que si el señor presidente conserva los rasgos y cultura de sus antepasados, que tanto le enorgullecen y con razón, es porque no se les masacró como se hizo en norteamérica. Obviemos también que Isabel la Católica les declaró súbditos de la Corona de Castilla desde el primer momento y que insistió en que se les llevara lo más importante que tenían: la fe. Pero que el 12 de octubre se considere día de la Hispanidad y no de España es una muestra más que clara de que se les sentía como hermanos y parte de la sociedad. Probablemente se hicieran cosas mal, se matara y controlara como era normal en los territorios conquistados hace cinco siglos pero no deja de ser curioso que después de tanto tiempo se alimente un odio irracional a un país que a pesar de los errores que pudiera cometer también les llevó lo que tenía.

La alimentación mutua cultural, política, social e incluso gastronómica es patente. Las dos sociedades crecieron en este encuentro. Hay muchas formas de recordarlo, pero a estas alturas, quizás la de Maduro no sea la más adecuada. El día de la Hispanidad debería ser un día de hermandad, de recuerdo de unas raíces comunes que, con errores o sin ellos, nos alimentaron a ambos.

Zenón de Elea

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