Vaticano

Sínodo de los Jóvenes. El auditor del Camino Neocatecumenal alaba la Humanae Vitae: "Ayuda a muchas familias a estar abiertos a la vida"

Intervención de Hilaire K. Kouaho, desde hace doce años rector del Seminario Diocesano Internacional Redemptoris Mater de Madagascar, ante el Santo Padre

Kiko Arguello, iniciador del Camino Neocatecumenal, junto a Francisco. Reuters.
photo_cameraKiko Arguello, iniciador del Camino Neocatecumenal, junto a Francisco. Reuters.

En el Sínodo de los Obispos que estos días se celebra en Roma bajo el tema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, se encuentra participando como auditor de parte del Camino Neocatecumenal D. Hilaire K. Kouaho, desde hace doce años rector del Seminario Diocesano Internacional Redemptoris Mater de Madagascar y oriundo de Costa de Marfil. 

En su intervención, que leyó ante el Papa Francisco y el resto de la asamblea sinodal en la tarde del martes 16 de octubre, relató su experiencia en el Camino: "Cuando tenía 18 años el Señor me hizo iniciar la experiencia del Camino Neocatecumenal. Provengo de una familia alejada de la Iglesia y junto a ellos he conocido la fe y la Iglesia a través de una pequeña comunidad. Hoy toda mi familia está viviendo esta experiencia de fe en Costa de Marfil". 

En 1992 entró en el Seminario Redemptoris Mater de Roma, y después de un tiempo de formación fue ordenado sacerdote para la diócesis de la capital italiana.  

Educar a los jóvenes para que escuchen a Dios 

"El tema de la escucha es crucial para entender a nuestros jóvenes. En cada situación a lo largo de su crecimiento, sobre todo en los momentos de crisis, debemos escucharlos. También es necesario educarlos a escuchar la voz de quien verdaderamente los ama tal y como son: Cristo. En el centro de la Revelación está Dios mismo que llama a su pueblo a la escucha", expresó. 

Para el P. Hilaire, la experiencia que los jóvenes hacen en las comunidades neocatecumenales es la de la celebración semanal de la Palabra de Dios y de la posibilidad, en cada celebración, de ser escuchados dando su experiencia.

"Cada cristiano está llamado a poner su vida bajo la luz de la Palabra de Dios. Esta educación a escuchar y ser escuchados acontece en primer lugar en la familia a través de una “liturgia doméstica”, el domingo, donde los padres transmiten la fe a los hijos, según la costumbre del Camino Neocatecumenal", explicó. 

Pertenecer a una comunidad 

Asimismo, señaló que la comunidad a la cual los jóvenes pertenecen, los ayuda a sentirse tomados en serio. "Crecer en una comunidad compuesta de personas de todas las edades, sexo y condición social ayuda a destruir las barreras generacionales y a crecer juntos en la fe", dijo. 

El auditor del Camino en el Sínodo de los jóvenes manifestó ante el Santo Padre que a través de la escucha de la Palabra, los jóvenes descubren cómo Dios está presente en su historia concreta, también en sus implicaciones más problemáticas y dolorosas. "Descubren un Dios que es cercano y venda sus heridas, descubren el misterio de la cruz gloriosa que es la única que da un sentido a la existencia del hombre". 

Para el P. Hilaire, en el interior de las comunidades, jóvenes y adultos viven una educación gradual a la fe a través de una iniciación cristiana que no presupone la fe, sino que en varias etapas ayuda a redescubrir toda la riqueza contenida en el bautismo. 

"Este proceso se hace bajo la guía de un equipo de catequistas compuesto por laicos (hombres y mujeres) y sacerdotes que acompañan al joven a lo largo de su camino catecumenal. En esta fase del paso de la familia a la comunidad, el Camino ha descubierto la belleza de una pastoral de la post-confirmación que ayuda a los jóvenes a permanecer en el seno de la Iglesia y a experimentar sus riquezas en la edad crítica de la pubertad y de la adolescencia", aseveró.  

Jornadas Mundiales de la Juventud 


El auditor del Camino considera que en la pequeña comunidad pueden experimentar el calor fraterno que tanto desean los chicos. Las Jornadas Mundiales de la Juventud son ocasiones de gran respiro para los jóvenes que viven momentos de evangelización y fraternidad con coetáneos de otras partes del mundo. 

Posteriormente, se refirió a San Pablo VI que a través de la Humanae Vitae, ha ayudado a muchas familias en la Iglesia a estar abiertos a la vida. "Esta apertura a la vida en el Camino ha dado como fruto vocaciones a la vida consagrada, al presbiterado y al matrimonio. Muchas familias jóvenes, después de un tiempo de gestación de la fe en el interior de su comunidad, llamados por los obispos y enviados por el Santo Padre, salen en misión a las zonas más secularizadas del mundo". 

Más de cien seminarios 


También mencionó que el Espíritu Santo está llamando a muchos jóvenes de las comunidades a la vida sacerdotal. "Han sido erigidos por los obispos diocesanos 122 seminarios diocesanos misioneros internacionales. Esta internacionalidad, que he experimentado yo el primero durante mi formación, la estoy viviendo ahora de nuevo con los seminaristas y los sacerdotes formados en nuestro seminario que proceden de 15 naciones de Europa, África y América". 

Por último, dijo que un joven en el fondo busca sólo una cosa: sentirse amado y acogido. La Iglesia, que es maestra en humanidad y que posee la riqueza del Evangelio, es la única en poderles ofrecer esta belleza del amor.
 
"Allí donde se encuentre un joven en la tierra, también para él Jesucristo ha dado la vida y ha derramado su Sangre, aunque no lo sepa. Todos los jóvenes tienen el derecho de escuchar la Buena Noticia de que es posible ser feliz no viviendo egoístamente para sí mismo, sino para los demás. Los jóvenes esperan que nosotros, en cuanto Iglesia, salgamos para ir a encontrarlos en lo profundo de su alma, donde residen sus interrogantes más profundos y donde anida la impronta de Dios", concluyó. 

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