Vaticano

La Academia Pontificia de la Vida habla de "la acción de Dios en esta situación histórica"

Presenta al Papa un documento de siete página en el que afirma: "Toda la humanidad está siendo puesta a prueba"

El Papa recibe a Monseñor Vincenzo Paglia, presidente de la Pontificia Academia para la Vida  (Vatican Media)
photo_cameraEl Papa recibe a Monseñor Vincenzo Paglia, presidente de la Pontificia Academia para la Vida (Vatican Media)

Monseñor Vincenzo Paglia, presidente de la Academia Pontificia de la Vida presentó ayer al Papa Francisco la carta titulada "Pandemia y Fraternidad Universal”, sobre la emergencia COVID-19. El interés del Santo Padre en estos momentos, según le confío a Paglia, es cómo ayudar especialmente a los más débiles en el presente y para el futuro y cómo salir fortalecidos en la solidaridad, para que de esta crisis surja un “plus” de fraternidad a nivel mundial.

"Toda la humanidad está siendo puesta a prueba" 

El documento, de siete páginas, comienza con una advertencia muy clara: "Toda la humanidad está siendo puesta a prueba. La pandemia de Covid-19 nos pone en una situación de dificultad sin precedentes, dramática y de alcance mundial: su repercusión en la desestabilización de nuestro proyecto de vida crece cada día más".

La Academia subraya que la humanidad está "experimentando dolorosamente una paradoja que nunca hubiéramos imaginado: para sobrevivir a la enfermedad debemos aislarnos unos de otros, pero si aprendiéramos a vivir aislados unos de otros nos daríamos cuenta de lo esencial que es para nuestras vidas vivir con los demás". 

Acción de Dios en esta situación histórica 

El documento da una respuesta a "la acción de Dios en esta situación histórica":  "No podemos interpretar los sufrimientos por los que pasa la humanidad en el crudo esquema que establece una correspondencia entre la “majestad herida” de lo divino y la “represalia sagrada” emprendida por Dios. Si consideramos entonces, que de esta manera serían los más débiles los más castigados, precisamente aquellos por los que Él se preocupa y con los que Se identifica (Mt 25,40-45), vemos cuan equivocada es esta perspectiva", afirma la Academia. 

Por esta razón, el organismo vaticano recuerda que "escuchar las Escrituras y el cumplimiento de la promesa de Jesús nos muestra que estar del lado de la vida, como Dios nos enseña, se concretiza en gestos de humanidad hacia el otro. Gestos que, como hemos visto, no faltan en el momento actual. Cada forma de solicitud, cada expresión de benevolencia es una victoria del Resucitado. Es responsabilidad de los cristianos dar testimonio de Él. Siempre y para todos".

Fragilidad del sistema 

Con esta carta, la Pontificia Academia para la Vida, "que por su mandato institucional promueve y apoya la alianza entre la ciencia y la ética en la búsqueda del mejor humanismo posible, desea contribuir con su propio aporte reflexivo". 

 La Academia pone en evidencia que a pesar de los "extraordinarios recursos de protección y cuidado que nuestro progreso acumula, también hay efectos secundarios de la fragilidad del sistema que no hemos vigilado lo suficiente". 

Para esta entidad de la Santa Sede "esta traumática situación nos parece dejar claro que no somos dueños de nuestro propio destino. Y hasta la ciencia muestra sus propios límites". 

Y advierte a la comunidad científica: "En la incertidumbre que estamos experimentado frente al covid-19 hemos captado, con una nueva claridad, la gradualidad y la complejidad que requiere el conocimiento científico, con sus exigencias de metodología y verificación".

Comportamiento fraternal de la sociedad  

Respecto al contagio mundial, la Academia recalca que "las consecuencias de nuestras acciones siempre recaen sobre los demás" y advierte que ahora estamos comprobando que la expresión "mi vida depende única y exclusivamente de mí” no es cierta. El organismo vaticano recuerda: "Somos parte de la humanidad y la humanidad es parte de nosotros". 

En esta línea resalta el "comportamiento fraternal" que está experimentando el mundo con las acciones de muchas personas. Por ejemplo, la Academia elogia la "dedicación de los trabajadores de la sanidad, que ponen generosamente todas sus energías en acción, a veces incluso a riesgo de su propia salud o vida, para aliviar el sufrimiento de los enfermos".

También pone en valor los investigadores y científicos, las madres y padres de familia, ancianos y jóvenes, miles de voluntarios o "los responsables de las comunidades religiosas que siguen sirviendo a las personas que les han sido confiadas, incluso a costa de sus vidas, como han puesto de relieve las historias de muchos sacerdotes italianos que han fallecido por Covid-19". 

Intereses nacionales 

En el marco de la política y los gobiernos la Academia denuncia que primar los “intereses nacionales”, sobre los colectivos no es el camino adecuado y afirma que "sin una colaboración efectiva y una coordinación eficaz, que asuma decisiones aun a sabiendas de inevitables resistencias políticas, comerciales, ideológicas y relacionales, los virus no se detendrán". 

"Lo que necesitamos en cambio es una alianza entre la ciencia y el humanismo, que deben ser integrados y no separados o, peor aún, contrapuestos. Una emergencia como la de Covid-19 es derrotada en primer lugar con los anticuerpos de la solidaridad. Los medios técnicos y clínicos de contención deben integrarse en una vasta y profunda investigación para el bien común, que deberá contrarrestar la tendencia a la selección de ventajas para los privilegiados y la separación de los vulnerables en función de la ciudadanía, los ingresos, la política y la edad", subraya el documento. 

La obligación de proteger a los débiles 

Respecto a cómo está afectando esta pandemía a los ancianos y discapacitados, la Academia Pontificia de la Vida insiste en que "la edad no puede ser considerada como el único y automático criterio de elección, ya que si fuera así se podría caer en un comportamiento discriminatorio hacia los ancianos y los más frágiles"

Ante este panorama, la Academia considera: "Se vislumbra la fecundidad de una perspectiva global de la bioética, que, teniendo en cuenta la multiplicidad de las dimensiones en juego y el alcance mundial de los problemas, supere una visión individualista y reductora de las cuestiones relativas a la vida humana, la salud y los cuidados". 

La oración de intercesión 

El documento finaliza con un apartado titulado "La oración de intercesión": "En la Cruz de Cristo es posible pensar en la forma de la existencia humana como un gran pasaje: la cáscara de nuestra existencia es como una crisálida que espera la liberación de la mariposa. Toda la creación, dice San Pablo, vive “los dolores del parto”. Es bajo esta luz que debemos entender el significado de la oración". 

Por último, recuerda las palabras del obispo de Bérgamo, una de las ciudades más afectadas de Italia, Mons. Francesco Beschi: “Nuestras oraciones no son fórmulas mágicas. La fe en Dios no resuelve mágicamente nuestros problemas, sino que nos da una fuerza interior para ejercer ese compromiso que todos y cada uno, de diferentes maneras, estamos llamados a vivir, especialmente aquellos que están llamados a frenar y superar este mal”.

Lea la carta completa en este enlace

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