Vaticano

El Papa llama a la Comunidad Internacional a no olvidarse de Líbano un año después de la explosión

Ha pedido gestos, no palabras, y mandado un llamamiento a la fraternidad hacia el pueblo libanés

Puerto del Líabno tras la explosión
photo_camera Puerto del Líabno tras la explosión

El Papa Francisco ha recordado al mundo en la Audiencia General del pasado 4 de agosto la situación del pueblo libanés, sumido en una profunda crisis. "Un año después de la terrible explosión acaecida en el puerto de Beirut, capital del Líbano, que causó muerte y destrucción, mi pensamiento se dirige a ese querido país, especialmente a las víctimas, a sus familias, los numerosos heridos y los que han perdido la casa  y el trabajo. Y muchos han perdido la ilusión de vivir".

La detonación accidental de un almacén de explosivos en el puerto de la capital causo la muerte de más de 200 personas y otras 6.000 resultaron heridas. Más de 300.000 personas se vieron desplazadas de sus casas, ya que barrios enteros fueron reducidos a escombros por la onda expansiva. Fue una de las explosiones no nucleares más potentes de la historia.

Un año después el país sigue sumido en una crisis económica, política y social que todavía no ha tocado fondo y que ha llevado a la mitad de la población a vivir en la extrema pobreza. Esto ha motivado las palabras del Papa que ha llamado a la Comunidad Internacional  "pidiendo que se ayude al Líbano a emprender un camino de la resurrección con gestos concretos, no sólo con palabras". También ha deseado "que en este sentido sea fructífera la Conferencia en curso promovida por Francia y las Naciones Unidas".

El Pontífice también ha expresado su deseo de trasladarse al lugar de la explosión: “mi deseo de venir a visitarlos es grande y no me canso de rezar por ustedes para que el Líbano vuelva a ser un mensaje de fraternidad, un mensaje de paz para todo Oriente Medio".

En Beirut, la reconstrucción ha sido posible gracias a las labores que están realizando asociaciones como Cáritas o Médicos sin Fronteras. Aun así, queda mucho camino por delante hasta que la población pueda alcanzar la normalidad de antes, por lo que Francisco ha invocado la esperanza de Dios “para superar la dura crisis”.

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