Vaticano

El Vaticano convoca 24 horas para el Señor con la conversión del guionista de ‘Instinto Básico’

Bajo el lema “Él perdona todas tus culpas”, el Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización invita a los fieles a confesarse

Joe Eszterhas.
photo_camera Joe Eszterhas.

El Papa Francisco, a través del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización ha convocado un años más la "jornada 24 horas con el Señor" los días 12 y el 13 de marzo. 

A través de un guía, la Santa Sede ofrece algunas sugerencias para ayudar a las parroquias y a las comunidades cristianas a prepararse para vivir la iniciativa de las 24 horas para el Señor.

Bajo el lema “Él perdona todas tus culpas”, invita a los fieles a confesarse y cómo prepararse para una buena confesión. 

El Vaticano sugiere que en la tarde del viernes 12 de marzo y durante todo el día del sábado 13 de marzo, se abra de manera extraordinaria las iglesias, "ofreciendo la posibilidad de acceder a las confesiones, preferiblemente en un contexto de Adoración Eucarística convenientemente preparada".

24 horas para el Señor.

Restricciones sanitarias 

La Santa Sede apunta que en aquellos templos que, por motivos sanitarios, no se permitan las celebraciones de los Sacramentos, o se puedan celebrar con un número limitado de personas, "la Adoración Eucarística podría transmitirse por Internet, preparando así a los fieles para la contrición perfecta" tal y como indica el Catecismo de la Iglesia Católica:

“Cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas, la contrición se llama «contrición perfecta» (contrición de caridad). Semejante contrición perdona las faltas veniales; obtiene también el perdón de los pecados mortales, si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental”. 

El documento, de 38 páginas,  se presentan algunos pensamientos que ayudan a reflexionar sobre el porqué del Sacramento de la Reconciliación y para ayudar a "superar cualquier resistencia que a menudo se suele oponer para evitar la confesión", dice el subsidio del Consejo Pontificio. 

Testimonio de conversión del guionista de "Instinto Básico" 

El documento presenta también el testimonio de Joe Eszterhas, el famoso guionista de Hollywood. "En abril de 2001 se le diagnosticó un cáncer de garganta. Al autor del guion de la popularísima (y escandalosa) película “Instinto básico”, protagonizada por Sharon Stone, se le vino el mundo encima". 

En los años 90, gracias a la ya mencionada “Instinto básico”, la revista Time presenta a Joe Eszterhas como “rey del sexo y la violencia en América”. A finales del siglo XX, Joe está en la cima de su carrera Hollywoodiense: con la escritura de dieciséis películas ha ganado cerca de mil millones de dólares. "Pero la intervención quirúrgica lo cambia todo", dice el documento. 

De familia católica de Hungría 

Joe nació en una familia católica de Hungría al final de la Segunda Guerra Mundial, en 1944. La familia huye de los horrores de la guerra en un campo de refugiados gestionado por los Aliados, desde donde emigra posteriormente a Estados Unidos. Toda la familia queda marcada por el sufrimiento de la madre, enferma mental y fallecida de cáncer. Estos acontecimientos cierran al joven Joe a la experiencia de la fe. 

La historía que relata el documento del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización es emocionante. Por su interés, la reproducimos

"Un mes después de la operación, sentado en un banco e inmerso en un repentino calor abrasador, Eszterhas deliraba: “Me estaba volviendo loco. Estaba muy nervioso. Temblaba. No tenía paciencia para nada. Gritaba a mi esposa Naomi y a los niños. Mi corazón palpitaba acelerado. No tenía apetito. No podía tragar nada”.

La razón de tal estado de ánimo era obvia: “Cada terminación nerviosa exigía un trago y un cigarrillo”. Entonces Joe decidió escapar. “Salí de casa y empecé a caminar. Caminaba tan rápido como podía. Era demasiado viejo para correr. Intentaba superar con esta marcha mis deseos y adicciones. Intentaba superar el pánico. Intentaba superar la autodestrucción. Intentaba superar la muerte”.

Llegó lo inesperado 

Pasan los minutos y Joe, vagando por el barrio, siente que se desploma. “Comencé a llorar. Sabía que estaba hiperventilado. Me senté en un bordillo. Las lágrimas descendían por mi rostro. Observé cómo acababan en el suelo, salpicando. Mi corazón latía con tanta fuerza que bloqueaba todo a mi alrededor, excepto mis sollozos. Me parecía que ya no era humano. Escuché mis propios gemidos. Parecía un animal herido”.

Y es justo en este momento, cuando llegó lo inesperado. “Podía oír a mí mismo balbucear algo. Sentí que lo estaba diciendo. No podía creer lo que había dicho. No sabía por qué lo había dicho. Nunca antes lo había dicho. Me escuché repitiéndolo. Y una y otra vez: «Por favor, Dios, ¡ayúdame!». Sabía por los hechos que no podía decirlo, como no podía decir nada más. Mi laringe había desaparecido casi por completo. Este tubo diabólico fue colocado allí. Ni siquiera hubiera podido susurrar, y mucho menos decir algo. Pero claramente me escuché decirlo y luego repetirlo una y otra vez”. «Por favor, Dios, ¡ayúdame!». Rezaba, pedía, suplicaba ayuda. Suplicaba a Dios que me ayudara.

"Yo ¿suplicando a Dios?" 

Y pensaba para mí: «¿Yo? ¿Pidiendo a Dios? ¿Suplicando a Dios? ¿Rezando?» No había pensado en Dios desde que era un niño, pero me sentía pidiéndole ayuda todo el tiempo, mientras gemía de dolor. Y de repente mi corazón se calmó. Las terminaciones nerviosas dejaron de torturarme. Dejé de temblar y de tener espasmos. Mis manos dejaron de bailar... Me levanté de la acera. Abrí los ojos. La gracia de Dios actúa en el corazón humano de diferentes maneras.

La conversión de Joe recuerda la escena bíblica de la mujer que quería tocar el manto de Jesús para ser curada. San Ambrosio la describió así: “Tocó suavemente la orla del manto, se acercó con fe, creyó y quedó curada (...). Del mismo modo, nosotros, si queremos salvarnos, debemos tocar con fe el manto de Cristo” (Ambrosio, Expositio Evangelium secundum Lucam, VI, 56.58.).

Después de esta experiencia de oración y de fe reencontrada, Joe escribe: “Comencé mi camino de regreso a casa. Pensé que podría lograrlo. Sería la lucha más grande de mi vida. Sería terriblemente difícil, pero con la ayuda de Dios pensé que podría lograrlo. Podría derrotarme a mí mismo y salir victorioso. Si combatía duramente y rezaba”.

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