Vaticano

 “Las sometieron a vejaciones y abusos durante toda la noche”, el martirio de las tres beatas de Astorga 

El cardenal Semeraro ha presidido la ceremonia de beatificación en la catedral de Astorga, de las enfermeras laicas asesinadas en 1936 por odio a la fe

Las enfermeras mártires de Astorga.
photo_camera Las enfermeras mártires de Astorga.

La Iglesia católica tiene otras tres beatas, mujeres laicas, enfermeras de la Cruz Roja y asesinadas por odio a la fe en 1936 en Pola de Somiedo (Asturias). Ayer por la mañana fueron beatificadas en la Catedral de Astorga. 

Los nombres de estas tres enfermeras son: María Pilar Gullón Yturriaga (25 años) Olga Perez Monteserín Núñez (23 años) y Octavia Iglesias Blanco (41 años). 

La santa Misa fue presidida por el cardenal Marcello Semeraro, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos quien pronunció su homilía destacando la caridad de las tres mártires que donaron su vida por los enfermos. 

Relato de martirio  

El relato del martirio que publica la web de la diócesis de Astorga describe los abusos y vejaciones a los que fueron sometidas estas tres mujeres y que, a pesar de las humillaciones, nunca renunciaron a su fe.

Por su parte, José Luis Castro Pérez, Vicario General de la Diócesis de Astorga y Delegado Episcopal de Liturgia, Piedad Popular y Causas de los Santos, presenta en un vídeo el martirio de estas tres mujeres.

La diócesis de Astorga ha preparado en su web una amplia documentación para la reflexión y la evangelización entorno a la beatificación de las tres enfermeras laicas. 

Abusos y vejaciones 

Mª Pilar, Olga y Octavia tenían en común ante todo su fe religiosa vivida en el ámbito familiar y parroquial. Pertenecían de forma activa a distintas asociaciones católicas y tenían un especial sentido solidario para con los demás.

 A principios del mes de octubre de 1936 Pilar, Octavia y Olga llegaron como voluntarias sanitarias de la Cruz Roja al hospital del Puerto de Somiedo en Asturias cerca del frente de la guerra. Terminados los días de servicio quisieron continuarlo teniendo en cuenta la emergencia de la situación.

Al amanecer del día 27 de octubre, el hospital sufre un ataque. Aun teniendo la posibilidad de huir, renunciaron a marcharse y decidieron no abandonar a los heridos para continuar asistiéndolos, sabiendo que ponían en riesgo su propia vida; sin embargo, los heridos fueron fusilados y el personal sanitario fue apresado.

 Las tres enfermeras fueron conducidas después de una larga marcha, a Pola de Somiedo junto con otros prisioneros. No obstante, a pesar de su relación con la Cruz Roja, fueron entregadas al comité local de guerra, y luego a los milicianos que, durante toda la noche las sometieron a vejaciones y abusos, pretendiendo que renegaran de su fe a cambio de obtener la libertad, pero su claro rechazo recrudecía la violencia que sufrían.

Cuerpos sin vida, arrastrados entre las burlas 

 A pesar de la tortura y las humillaciones, las tres jóvenes no escondieron su condición cristiana y se prepararon a la muerte con espíritu de fe y rezando: desnudadas, fueron llevadas a un prado, y al mediodía del día 28 de octubre de 1936 fueron fusiladas por tres mujeres milicianas, que se distribuyeron sus vestidos.

Sus cuerpos sin vida fueron arrastrados entre las burlas de muchos y abandonados hasta la noche en que fueron sepultados en una fosa común, excavada por algunos hombres del pueblo, obligados a ello por los milicianos.

La fama del martirio de estas tres jóvenes se difundió enseguida en la comunidad eclesial; sus restos fueron recuperados apenas dos años después, y llevados a la Catedral de Astorga.

Homilía del cardenal Semeraro

Han pasado más de ochenta años desde la trágica muerte de estas mártires y su memoria, sin embargo, no solo no se ha apagado, sino que ha permanecido siempre viva en el corazón del pueblo de Dios, que les recuerdan con admiración y reconocimiento.

En marzo de 2006 se introdujo en la diócesis la Causa de Beatificación que concluyó el 11 de junio de 2019 cuando el Papa Francisco autorizó la promulgación del Decreto super martyrio y su Beatificación.

En su homilía, el cardenal Semeraro afirmó que “nuestra sociedad está marcada por el temor. “El verdadero problema para nosotros es cuando el miedo determina nuestras elecciones o cuando nos hace desistir de nuestras convicciones; cuando nos bloquea en nuestras relaciones con los demás y también con Dios.”

En este vídeo se puede ver la ceremonia de Beatificación. 

Comentarios
Somos ECD
¿Buscas un medio de información libre, que no se casa con nadie?