Vaticano

 IPJPII en Roma: “No podemos convertir la refundación del Instituto en una batalla entre Juan Pablo II y Francisco”

Desde la sede central hablan con Religión Confidencial para arrojar luz a la cuestión y “rebajar la polémica”

Monseñor Vincenzo Paglia.
photo_cameraMonseñor Vincenzo Paglia.

Religión Confidencial ha hablado con la oficina de asuntos jurídicos e internacionales del Instituto Pontificio Juan Pablo II en Roma para arrojar luz sobre la refundación del centro y “rebajar la polémica”. Algunas actuaciones sobre dicha refundación han creado malestar en ámbitos eclesiásticos y católicos, aunque las autoridades del Instituto se han pronunciado muy poco.

Cabe recordar que el extinto Instituto fue fundado por san Juan Pablo II después de una reflexión sinodal y de la correspondiente exhortación; en este caso, después de los recientes sínodos de la familia y la exhortación Amoris Laetitia, Francisco ha procedido a la creación de un nuevo instituto que ocupa el lugar del anterior en este nuevo contexto.

Ni juicio negativo ni cuestión personal

Desde Roma dejan claro: la reforma del Instituto (que continuará llamándose Juan Pablo II) no es un juicio negativo sobre lo hecho anteriormente, ni una cuestión personal, “sino la puesta en práctica de una solicitud del Sínodo para dar respuesta a los retos actuales a los que se enfrenta la familia, enriqueciendo aún más la propuesta originaria de san Juan Pablo II”.

De hecho, incluso alguna autoridad eclesiástica (como es el caso de los obispos ucranianos) han llegado a pronunciarse públicamente “sin tan siquiera haber contactado primero con el Instituto, únicamente sobre informaciones periodísticas”, afirman desde la Sede Central del IPJPII.

Las mismas fuentes insisten que el centro es una realidad que “ha hecho mucho bien” y que esperan “siga haciéndolo” y la intención del gran Canciller Vincenzo Plagia como del presidente, el sacerdote Pierangelo Sequeri, es que todas las realidades académicas y pastorales en torno a la familia puedan colaborar entre ellas y ampliar la formación. 

No hay ninguna intención de cancelar nada, sino de contar con nuevos instrumentos, como todo lo relativo al acompañamiento que tanto ha subrayado el Papa Francisco. Pero esto no implica proscribir la Teología del Cuerpo de san Juan Pablo II. Se trata de ampliar, no de reducir”, explican desde la oficina de asuntos jurídicos e internacionales del IPJPII en Roma.

Sobre la figura de Francisco

En toda esta reestructuración, en algunos ambientes eclesiásticos han puesto la figura del Papa en entredicho, si bien, los profesores y obispos que se han pronunciado al respecto han manifestado su total adhesión a Francisco. “Utilizar una cuestión académica como excusa contra el Papa no es el mejor acto de comunión”, manifiestan las mismas fuentes.

A los responsables de la activación del nuevo Instituto, a la cabeza Paglia y Sequeri, se les ha acusado de “purgas”, de querer comisionar, de hacer las cosas por imposición y sin diálogo, incluso de justificar la homosexualidad en algunos aspectos.   

Sobre las hipotéticas purgas, la sede central explica a RC: “El instituto se extinguió en el año 2017, con el Motu proprio Summa Familiae Cura, erigiéndose uno nuevo, que ha estado regido por los estatutos del anterior hasta la aprobación de los suyos propios en julio del 2019. Han pasado dos cursos académicos entre un momento y el otro, por lo tanto, no puede ser un golpe de mano veraniego por parte del gran canciller como se ha dicho. De hecho, se ha tardado dos años en aprobarlos precisamente para atender una petición expresa del profesorado de la sede central y de las autoridades de las demás sedes, que solicitaron que el nuevo instituto pudiera ofrecer un título de Teología de la familia (lo que se solicitó directamente al Papa) dado que no estaba previsto en el documento fundacional”.

Al mismo tiempo, para responder al encargo pontificio, se han ampliado los campos de estudio, lo que ha comportado una necesaria reestructuración académica, incluyendo las Ciencias Sociales, que también ayudarán a responder a los nuevos retos a los que se enfrenta la familia, exponen las mismas fuentes.

Purgas sin derecho a defenderse

Al respecto de las “purgas” desde el departamento jurídico de la sede central constatan que la mayoría de los profesores que enseñaban en el extinto instituto han sido invitados a enseñar en el nuevo, como por ejemplo el P. José Granados, vicepresidente del Instituto, , que en declaraciones a RC afirmó que la identidad del centro está “gravemente amenazada”.  

“Muchos de estos profesores habían ya hecho públicas dudas sobre algunos puntos de Amoris Laetitia, y más recientemente su desacuerdo con el planteamiento del nuevo instituto (tanto públicamente, después de conocerse los estatutos, como anteriormente durante el proceso de elaboración de los mismos, cuando se les solicitó su opinión). Sin embargo, van a enseñar sin problemas. Porque no se pretende reducir ni perseguir, sino potenciar y dotar a todos los operadores de pastoral familiar de los instrumentos necesarios para cumplir su misión”, explican desde la sede central.

No es el caso del sacerdote Livio Melina, el que fuera presidente del IPJPII en Roma hasta 2016, experto en Teología Moral, ni del P. José Noriega, que ya no formarán parte del claustro de profesores. 

“No se ha cesado a nadie”

Desde la oficina central explican: “No se ha cesado a nadie. Al haberse extinguido definitivamente el anterior instituto, era necesario recomenzar, volviendo a nombrar a los profesores en función de las cátedras nuevas y el plan de estudios. En el caso de los profesores Melina y Noriega no se han buscado pretextos que los alejasen del instituto, sino simplemente se han aplicado principios jurídicos y académicos: la cátedra que ocupaba Melina pertenece a un nivel de la teología moral (en concreto la teología moral fundamental) que el estudiante debe haber cursado ya al matricularse en el instituto. Debe recordarse que el IJPII ofrece una formación especializada de segundo y tercer ciclo (licenciatura y doctorado) que requiere un título anterior (bachiller). Esta materia tuvo su razón de ser en el contexto en el que surgió el instituto, pero ya se ha superado. No significa que se haya superado la importancia de la Teología moral (que se continúa enseñando), sino que se hace a un nivel especializado en familia.  No olvidemos que el Instituto no es un centro especializado en Moral (la Iglesia tiene sus centros como, por ejemplo, el Alfonsianum) sino en Familia”.

Respecto al profesor Noriega las mismas fuentes exponen que ya los estatutos del antiguo instituto preveían un nivel de incompatibilidad muy claro para los profesores del Juan Pablo II, imposibilitando el ejercicio de profesor estable con el de superior general de una orden. “No hay nada más, y se está tratando con ambos su situación” (Noriega es Superior General de la Congregación de los Discípulos de Jesús y María).

Dicho de otro modo, según explican las mismas fuentes, sería como impartir una asignatura de anatomía general en un máster de cardiología, que requiere haber estudiado medicina previamente. “Cuando la formación que traían los estudiantes no siempre era suficiente, podía entenderse, pero ahora se deben ampliar las disciplinas, y no podemos obviar que existe un número limitado de cátedra y materias obligatorias”.

“No hay revolución en los planes de estudio”

Respecto a los que sospechan que se van a introducir materias contrarias a la doctrina de la Iglesia o a la Teología del Cuerpo de san Juan Pablo II, la sede central aclara: “No hay revolución en los planes de estudio. Si uno mira los nombres de las materias, casi todas coinciden con las cátedras que existían en el anterior Instituto, junto al lógico reajuste (quitar alguna general y añadir las de Ciencias Sociales, debiendo respetar un número máximo). Y no se va a enseñar nada extraño: el JPII es una institución académica pontificia que imparte enseñanzas eclesiásticas, y que además pertenece a la Santa Sede, por lo que ya existen los instrumentos que garanticen la capacidad académica, moral y doctrinal del candidato a profesor, así como la fidelidad al magisterio y la doctrina (se requieren 4 permisos de distintos dicasterios para obtener el permiso para enseñar)”.

Otra cosa es que algunos profesores, en el ámbito de la investigación, se permitan la legítima discrepancia científica, “pero delimitada siempre por las disposiciones previstas por el derecho canónico (cuyo código fue aprobado precisamente por Juan Pablo II”, apuntan desde la sede central.

Extensión del Instituto en Madrid

Respecto a la continuidad del Instituto en Madrid, la oficina de asuntos jurídicos e internacionales del Instituto Pontificio Juan Pablo II en Roma explica que el ordenamiento jurídico del anterior instituto no contemplaba la posibilidad de que existiera más de una sede en cada país.

En España se encontraba en Valencia, y los demás lugares en los que se impartía formación lo hacían como apoyo a la sede oficial, para facilitar el acceso de los estudiantes. Este hecho, si bien acercaba la formación, limitaba la posibilidad de obtener grados académicos canónicos, que solo podían obtenerse participando físicamente en la Licenciatura en Teología en Valencia.

Por lo tanto, el nuevo instituto en Madrid, que también llevará el nombre de Juan Pablo II, supera esta limitación de exclusividad, “lo que nos ha permitido plantear que el centro que funcionaba de Madrid pueda convertirse en una sede autónoma y con plena capacidad para impartir tanto formación en general, como hasta ahora había hecho, como grados académicos eclesiásticos plenamente reconocidos”.

Licenciaturas y diplomas

Como se sabe, del mismo modo que en España existen tres niveles de formación oficial (grado, máster y doctorado) en la Iglesia existen también tres (la Santa Sede forma parte del Espacio Europeo de Educación) que reciben el nombre de bachiller, licencia y doctorado.

Los Máster que se impartían en el IPJPII en Madrid no forman parte de estos tres grados de estudio, “aunque ofrecen una formación pastoral muy buena, completa e integral que han hecho mucho bien y sirven para dar formación a los agentes que se dedican a la pastoral familiar”, aclaran las mismas fuentes.

El máster, en cuanto tal, no corresponde a un grado académico eclesiástico. Como el único grado oficial que impartía el Instituto en España era la licenciatura en teología del matrimonio y la familia, y este exigía el bachillerato en teología para poder cursarlo, los masters surgieron como forma de facilitar el acceso a la formación a aquellos estudiantes (fundamentalmente laicos), que o bien carecían del perceptivo bachiller en teología o bien por sus obligaciones laborales y familiares no podían cursar los estudios como lo preveía la constitución apostólica que regulaba la educación eclesiástica vigente entonces (Sapientia christiana).

“Los resultados son indiscutibles, ayudando a un número muy considerable de personas y extendiendo una fantástica formación a todos los niveles”, explican desde la sede central.

El nuevo Instituto ofrecerá títulos propios válidos amparados en el derecho canónico. De hecho, en los estatutos del nuevo instituto se ha tomado “nota de esta fantástica intuición” intentando además que no solo fuera un curso de formación, sino que tuviera también la posibilidad de ser un grado académico canónico reconocido.

Por ello, ahora el instituto ofrecerá dos títulos canónicos plenamente reconocidos y expedidos por la Santa Sede: por una parte, la mencionada Licenciatura en Teología del matrimonio y familia, para aquellos que estén en posesión del Bachillerato en Teología, y una Licenciatura en Ciencias del Matrimonio y la Familia, para aquellos que tengan estudios civiles oficiales previos. Además, también se ofrecerá el Diploma en Ciencias del Matrimonio y la Familia, equivalente a los antiguos máster, esto es, cursos que no constituyen un grado canónico pero que acreditan una formación en la materia.

Aquellos que han recibido la formación hasta ahora podrán seguir ejerciendo las tareas que les hayan sido encomendadas, ya que corresponde a la autoridad competente (el obispo) determinarlo.

Reunión de profesores y alumnos

Durante esta semana, el hasta ahora director del Instituto en Madrid, Juan de Dios Larrú, y el delegado del Instituto para asuntos internacionales y jurídicos, Javier Belda, se reunirán con profesores y alumnos. Las autoridades de Madrid y de Roma han estado en constante comunicación desde el principio.

Se pretende mostrar que las novedades son una ocasión y una riqueza, en modo alguno una limitación. Todo el que haya comenzado sus estudios los podrá acabar sin ningún tipo de problema.

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