Religión Confidencial

Falta de fe y nulidad matrimonial

Se trata de uno de los aspectos más delicados dentro de las actividades que realiza la Rota Romana. España tiene el privilegio de tener un tribunal propio, pero las nulidades de todos los demás países deben pasar por los tribunales del Vaticano.

El pasado 21 de enero Benedicto XVI se reunió con la Rota Romana, es decir, con el grupo de abogados y jueces expertos en Derecho Canónico que componen uno de los tribunales de apelación más altos del Vaticano, y que ente sus tareas se encuentra la gestión de la gran mayoría de los casos de nulidad matrimonial que se dan en el mundo.

Ante el gran número de anulaciones matrimoniales que este Tribunal gestiona, el Papa les pidió que reflexionaran si la falta de fe de los esposos puede ser considerada una causa de matrimonio nulo. "No pretendo sugerir ningún automatismo fácil entre la carencia de fe y la invalidez de la unión matrimonial, -dijo Benedicto XVI- sino más bien indicar que tal carencia puede, aunque no necesariamente, herir incluso los bienes del matrimonio».

Y es que el papel de la Rota en las nulidades es especialmente delicado y Benedicto XVI, después de sus años como prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe lo sabe.

Como bien apunta Andrea Tornielli, Benedicto XVI afrontó este tema en julio de 2005. Respondiendo la pregunta de un sacerdote, le dijo: "Ninguno de nosotros –dijo– tiene una receta ya lista, sobre todo porque las situaciones siempre son diferentes. Me parece particularmente dolorosa la situación de todos los que se casaron en la Iglesia, pero que no eran verdaderamente creyentes y lo hicieron por tradición, y después, al encontrarse en un nuevo matrimonio no válido, se convierten, encuentran la fe y se sienten excluidos del sacramento. Este es verdaderamente un sufrimiento grande y cuando fui Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe invité a diferentes Conferencias Episcopales y a especialistas a que estudiaran este problema: un sacramento celebrado sin fe. Si fuera posible encontrar, realmente, un momento de invalidez porque al sacramento le faltaba una dimensión fundamental, no osaría decirlo. Yo, personalmente, lo creía, pero de las discusiones que hemos tenido al respecto entendí que el problema es muy difícil y que todavía debe ser analizado profundamente. Pero, dada la situación de sufrimiento de estas personas, hay que analizarlo».

De ahí también el aumento de atención que de un tiempo a esta parte se ha puesto en las parroquias no solo en la realización de cursos prematrimoniales sino también en la insistencia de los párrocos y sacerdotes en que se cumplan todos los requisitos necesarios –interiores y también exteriores- para la verdadera celebración –con todas las consecuencias- del sacramento del matrimonio.

@blancaruizanton

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