Religión Confidencial

Desde África, tierra de esperanza

"En África he visto la frescura del "sí" a la vida, una frescura del sentido religioso y de la esperanza, una percepción de la realidad en su totalidad con Dios y no reducida a un positivismo que, al final apaga la esperanza".

Y a esa "frescura", a ese "sentido de la esperanza", Benedicto XVI ha querido darle un nuevo aire en su reciente viaje a Benin, rincón del continente en el que la Iglesia Católica crece, está ya bien asentada, con casi 3.000.000 de católicos, el 35% de la población. Y con una particularidad: 800 seminaristas, que aseguran una esperanza fundada de renovación generacional de los sacerdotes.

Lo que ha recibido de tantos misioneras y misioneras incansables, que no han ahorrado fatigas, sacrificios, para dar su vida, ya está comenzado, no a devolverlo, sino a darlo a manos llenas, y multiplicado.

"La Iglesia en Benín ha recibido mucho de los misioneros: ella debe llevar a su vez este mensaje de esperanza a quienes no conocen o han olvidado al Señor Jesús. Os invito a que tengáis esta preocupación por la evangelización en vuestro país, en los pueblos de vuestro continente y en el mundo entero".

Benedicto XVI, es bien consciente del milagro de la gracia que ha supuesto la implantación de la Iglesia en los países africanos. Aparte de los pequeños oasis de fe, en algunas plazas españolas y portuguesas, del primer grupo de religiosos franceses que llegó a Uganda, allá mediados el siglo XIX, en pocas semanas habían muerto todos, excepto dos.

La malaria, las fiebres de la estepa africana, no paralizaron el corazón de esos hombres, ni oscurecieron su fe. Hoy, en todo el Continente hay fieles católicos; todos los Obispos, Cardenales, en África, provienen de sacerdotes africanos. Y no pocos sacerdotes de Nigeria, de Kenia, de Benín, de Guinea, de Tanzania, etc, que hacen estudios en Europa apoyan la labor de los sacerdotes españoles en Madrid, en Valladolid, en Sevilla, en Valencia, etc.

Hoy, el Papa, toda la Iglesia, cuenta con los católicos de África para llevar la palabra de Jesucristo a todos los lugares del mundo.

¿Tierra de esperanza? Nos paramos a considerar muchas veces los males que asolan el suelo africano, y en especial, el hambre y el sida. El Papa sabe que la Iglesia, en los diversos países, se empeña con todas sus fuerzas en combatir esos males, y en no pocas ocasiones, es la única organización que se esfuerza verdaderamente a fondo.

La mirada del Papa se alza sobre el terreno africano, visita a los niños abandonados que las monjas de Teresa de Calcuta recogen de las calles también en las ciudades y pueblos de Benín, y anima a todos los católicos para que abran el corazón a las necesidades de la Iglesia, de la fe en rincones lejanos del mundo. Esa perspectiva les dará más fuerzas para que continúen las obras de caridad, para que sigan surgiendo vocaciones que llenen los seminarios.

"En cuanto a vosotros, querido fieles laicos que, en el corazón de las realidades cotidianas de la vida, estáis llamados a ser sal de la tierra y luz del mundo, os exhorto a renovar también vuestro compromiso por la justicia, la paz y la reconciliación. Esta misión requiere en primer lugar fe en la familia, construida según el designio de Dios, y una fidelidad a la esencia misma del matrimonio cristiano. Exige también que vuestras familias sean verdaderas "iglesias domésticas" (...) Haciendo reinar en vuestras familias el amor y el perdón, contribuis a la edificación de una Iglesia fuerte y hermosa, y a que haya más justicia y paz en toda la sociedad".

Y con esa esperanza, Benedicto XVI, después de recordar que "toda persona sensata comprende la necesidad de promover la cooperación serena y respetuoso entre las diferentes etnias y religiones", deja en manos de los católicos de Benín, de los católicos de toda África, esta invitación: "Vivir juntos fraternalmente, no obstante las legítimas diferencias, no es una utopía. ¿Por qué un país africano no podría indicar al resto del mundo el camino a tomar para vivir una fraternidad auténtica en la justicia, fundada en la grandeza de la familia y del trabajo?"

África, tierra de esperanza. Matthew Fforde ha expuesto recientemente en Madrid, en el Congreso de Católicos y Vida Pública, -lo comentaré en breve- la desesperanza de la desorientada sociedad inglesa. ¿Ayudarán también sacerdotes y familias africanas a la Iglesia Católica en Inglaterra, para llenar de nuevo de espíritu de Cristo las familias británicas?

Ernesto Juliá Díaz

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