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Así explica Stefan Oster, el obispo más joven de Alemania, por qué las mujeres no pueden ser sacerdotes

Comprende que haya quienes no lo entiendan pero afirma: “Estoy convencido de que en la Eucaristía, Cristo debe ser representado sacramentalmente por un hombre”

Obispo Stefan Oster.
photo_camera Obispo Stefan Oster.

Stefan Oster (Amberg, 3 de junio de 1965) obispo de la diócesis alemana de Passau, es el prelado más joven de Alemania. En 1995, a los 30 años, se unió a los Salesianos de Don Bosco y recibió la ordenación sacerdotal en junio de 2001, con 36 años. El 4 de abril de 2014, el Papa Francisco le nombró el 85º obispo de Passau, con 49 años.

Mons.  Oster es moderado en sus formas, utiliza un lenguaje actual que puede llegar a todos los públicos, sobre todo a los jóvenes y es uno de los obispos que está explicando con claridad algunas cuestiones que se están debatiendo en el sínodo alemán que no van en línea con el Magisterio de la Iglesia.

La cuestión del sacerdocio de la mujer 

En su blog, va publicando homilías, cartas, vídeos y un largo etc. para explicar las cuestiones más actuales. Una de sus últimas publicaciones explica hondamente un aspecto que se está debatiendo en el camino sinodal: “La cuestión del sacerdocio de la mujer”

"Un tema muy controvertido: ¿Pueden las mujeres ser ordenadas sacerdotes en la Iglesia Católica? En el camino sinodal, hay textos que reclaman con vehemencia la ordenación de mujeres y que también brindan una intensa justificación teológica para ello. En primer lugar, me gustaría decir: considero abierta la cuestión de la ordenación de mujeres como diáconos, y espero una decisión del Magisterio. En mi opinión, sin embargo, la ordenación al sacerdocio no es posible”, dice en su blog. 

El obispo explica que el Foro III del Camino Sinodal persigue “la justicia de género en nuestra iglesia. Los autores entienden por esto en particular el acceso de las mujeres a todos los oficios de la Iglesia Católica, en particular al ministerio del sacerdote”.

Razón para dejar la Iglesia 

Para Oster la gran mayoría de la gente dentro y fuera de nuestra iglesia tampoco entiende que no haya sacerdotisas en la Iglesia Católica y para muchas personas, especialmente para muchas mujeres, “a menudo es una razón para dejar la iglesia, a veces incluso su fe”.

Y añade: “Bastantes personas, incluidos los obispos, dicen que el futuro de la iglesia se decidirá sobre esta cuestión de las mujeres. Con la suposición: si algo no cambia aquí pronto, la iglesia en nuestro país o en todo el oeste se convertirá en una entidad marginada que se desvanece”.

San Juan Pablo II

Recuerda que el Papa san Juan Pablo II, en el ejercicio de su magisterio con autoridad suprema, afirmó entonces en 1994 que “la Iglesia no tiene autoridad alguna para conferir la ordenación sacerdotal a mujeres y que todos los fieles de la Iglesia deben acatar definitivamente esta decisión”.

San Juan Pablo II enfatizó que esta reserva del sacerdocio para los hombres fue intencionada por Dios mismo y por lo tanto también pertenece a la llamada fe de la iglesia. 

“En mi opinión -añade Oster- el Papa tomó una decisión doctrinal infalible en ese momento, ya que él mismo formuló el asunto”.

Teólogos críticos 

Oster admite que hay teólogos críticos que dudan que el Papa habló aquí infaliblemente.  “Uno puede discutir si los argumentos presentados son fuertes o débiles, buenos o no tan buenos, pero en mi opinión nada puede cambiarse sobre esta decisión. Y si quisieran cambiarlo, no lo imagino de otra manera que al precio de un nuevo cisma en la Iglesia. Porque entonces, junto a los que se van, habrá necesariamente muchos que quieran aferrarse a lo que declaró Juan Pablo II”.

En su blog, después de explicar la creación desde el principio como acto de amor y de ensalzar la figura de la Virgen, ofrece su tesis: “Sólo cuando el amor creador y redentor de Dios ya no se ve con suficiente profundidad desde su radical falta de intención, cuando se oscurece por la lucha por el poder o por el mantenimiento del poder, la lucha mundana de los sexos también se manifiesta y se convierte en una lucha por los roles de género en la iglesia. Y de ambos lados: el clero masculino se aferra a su poder sin querer entregarse en el amor y por ello querer volverse receptivo. El pueblo receptor de Dios ya no quiere recibir nada, sino robar de su poder a los que se aferran desesperadamente a él. Esta es una caricatura de la Iglesia, pero que todos experimentamos con demasiada frecuencia en la vida real”.

La Eucarístia representada por un hombre 

Concluye el obispo con estas palabras a modo de resumen argumentativo: “Estoy convencido de que ser bautizado significa también tener en la Iglesia una verdadera madre espiritual y un verdadero padre que nos ha mostrado su rostro salvador en Jesús. Estoy convencido de que en la Eucaristía se recuerda constantemente la cena de las bodas del Cordero, la alianza final, la reconciliación final del Esposo divino y su Esposa, la Iglesia y sus hijos, entre Dios y la creación en el Espíritu Santo…. Estoy convencido de que en la Eucaristía de nuestra Iglesia, Cristo debe ser representado sacramentalmente por un hombre llamado. El sacerdote actúa -como dice nuestra gran tradición- en la Eucaristía "in persona Christi". Eso significa: no sólo repite un texto antiguo, ni tampoco interpreta un papel en una obra de teatro. Más bien, en él y a través de él, Cristo actúa como Esposo en el don de su cuerpo. Después de todo lo dicho, me gustaría preguntar seriamente: ¿Sería posible que en esta comprensión de la presencia sacramental de Jesús una mujer en la Misa diga sus palabras nupciales de consagración, que se llaman: "¡Este es mi cuerpo para ti!" No lo creo. Y si ahora preguntas por qué esto es obviamente posible para nuestros hermanos y hermanas protestantes, entonces la respuesta católica es: porque nuestros hermanos y hermanas protestantes no conocen un sacerdocio sacramental a nuestro entender y porque, en consecuencia, la iglesia misma no se entiende como un sacramento. O viceversa: no es casualidad que una comprensión sacramental del oficio sacerdotal y episcopal esté profundamente conectada con una comprensión sacramental y, por lo tanto, también mariana de la Iglesia”.

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