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Sacerdote ruandés, párroco de Valencia, habla de los 25 años de genocidio en su país

"La Iglesia realizó una gran labor. Muchos misioneros arriesgaron su vida y los templos sirvieron de refugio”

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Este mes de abril se cumplen 25 años del genocidio en Ruanda, una matanza que costó la vida a más de 800.000 personas, entre el 7 de abril y el 15 de julio de 1994. Los extremistas hutus tomaron el poder, tras el derribo del avión del presidente de Ruanda, Juvénal Habyarimana – hutu, murió él y cuantos le acompañaban – y se desató el genocidio contra la minoría tutsi.

Dominique Savio Tuyisenge, sacerdote ruandés, párroco en Valencia desde hace tres años, fue testigo directo de este episodio histórico - tenía 17 años -, cuando cursaba educación secundaria.

Vivía en Kigali, la capital, y vio cómo el país sufría una guerra cruenta, que le obligó a huir a El Congo, con su familia, donde permanecieron cerca de tres años. En esos días en Kigali cuenta a Religión Confidencial  que “la guerra llenaba todo, veías cómo la gente moría, y yo perdí a muchos familiares y amigos”.

“La experiencia fue horrible, porque te das cuenta de que el ser humano es capaz de cometer atrocidades”, afirma Dominique Savio, que tiene 43 años, es sacerdote de los Misioneros de los Sagrados Corazones, y párroco de San Pedro Pascual en Valencia desde enero de 2016.

Guarda el recuerdo de “la gran labor que realizó la Iglesia durante aquellos días en Ruanda, cuando muchos misioneros arriesgaron su vida y los templos se convirtieron en refugio”.

Labor de la Iglesia durante y después del genocidio

“Además esa labor continuó después, pues la Iglesia ha sido pionera en reconciliación y se está haciendo mucho trabajo en las cárceles y con iniciativas para conseguir el perdón”, ha afirmado, a la vez que destaca que “perdonar es amar y hay que mirar para adelante y resucitar”.

“En aquella situación tan dura,la esperanza era Dios, que a pesar de tanto mal iba a sacar bien, porque cuando el hombre falla sólo puede Dios solucionarlo, es el único que puede cambiar el corazón del ser humano cuando se pervierte, por eso fueron días para apoyarse en Dios, era el único camino”, afirma a RC.

Este sacerdote ruandés sobre todo quiere recordar “la resurrección y que nos hemos levantado  tras una caída”.

Su vocación sacerdotal gracias al ambiente cristiano con que creció y por su participación en diferentes grupos de la Iglesia, pues “yo quería entrar en el Seminario desde pequeño, pero mi padre no quiso”. Años después, el testimonio de los Misioneros de los Sagrados Corazones le ayudó a descubrir su vocación sacerdotal.

Después del genocidio, Dominique Savio no duda de que “Dios ha estado siempre con Ruanda, nos ha bendecido con un país hermoso, conocido como el de las mil colinas y que, poco a poco, se va levantando con la ayuda de Dios”.

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