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Musulmanes en Francia hablan de abandonar el país: "Hay miedo"

El Islam es la segunda religión en Francia, que tiene la mayor población musulmana de Europa Occidental:  cinco millones de seguidores

Musulmanas francesas.
photo_camera Musulmanas francesas.

Tras los últimos atentados terroristas yihadistas de Francia, en particular, los ocurridos en Niza la semana pasada, la presión contra los musulmanes aumenta en el país. En medio de este clima, muchos musulmanes que viven en el país galo, se sienten presionados y estigmatizados por los ataques sufren discriminaciones porque se les hace responsables de esta barbarie extremista. 

"Es preocupante para los musulmanes. Algunos hablan de irse de Francia. La situación es tensa. Hay miedo", ha manifestado a The New Arab Hicham Benaissa, un sociólogo especializado en el Islam.  

Segunda religión en Francia 

El Islam es la segunda religión en Francia, que tiene la mayor población musulmana de Europa Occidental. Los 5 millones de musulmanes estimados en el país, la gran mayoría y no extremistas, han trabajado para lograr la aceptación total en el Estado e integrarse en la cultura francesa. Para muchos, es su nación de nacimiento. 

El preciado valor del laicismo de Francia, que está destinado a garantizar la libertad religiosa, ha hecho mella en las costumbres de muchos musulmanes. 

El presidente Emmanuel Macron ha provocado fuertes y llamadas a boicotear los productos franceses desde el sur de Asia hasta el Medio Oriente. Se le acusa de difundir un sentimiento anti-musulmán, fundamentalmente al elogiar al maestro que fue decapitado cerca de París, y defender el derecho francés a caricaturizar al profeta Mahoma. 

Solidaridad de líderes musulmanes 

Las palabras de solidaridad de los líderes musulmanes de Francia han sido infalibles. El ataque “tocó a hermanos y hermanas que rezaban a su señor. Hoy soy profundamente cristiano, ” dijo el imán de la mezquita Ar-Rahma de Niza, Otman Aissaoui.

"Pero una vez más somos estigmatizados", señaló Aissaoui reflejando el malestar cada vez más profundo de los musulmanes de Francia, la mayoría provenientes de las antiguas colonias francesas en el norte de África. 

"Los musulmanes no somos ni culpables ni responsables. No deberíamos tener que justificarnos", apuntó Abdallah Zekri, un funcionario del Consejo Francés para la Fe Musulmana.

Revisión de la forma en que se organiza el Islam

Los ataques y el plan de "separatismo" de Macron, que incluye una revisión restrictiva de la forma en que se organiza el Islam en Francia, desde la formación de imanes hasta la gestión de asociaciones musulmanas, ha perforado aún más la brecha.  El presidente francés prevé medidas como la formación de imanes en Francia en lugar de traerlos de Turquía, Marruecos o Argelia.

Las tensiones entre la comunidad musulmana se dispararon en 2004, tras los cambios en la ley de laicismo  que prohibió el velo en las aulas y otra en 2010 que prohibió cubrirse la cara.

Por su parte, Rim-Sarah Alouane, de la Universidad Toulouse Capitole, experta en la libertad religiosa y las libertades civiles ha asegurado que en Francia, desde la década de 1990, "la laicidad se ha convertido en un arma y se ha utilizado indebidamente como herramienta política para limitar la visibilidad de los signos religiosos, especialmente la de los musulmanes”. 

Amenaza para la identidad francesa 

El ascenso del Islam en Francia fue gradual y pasó desapercibido, hasta que la extrema derecha lo aprovechó como una amenaza para la identidad francesa. A lo largo de los años, las mezquitas se han multiplicado junto con las escuelas musulmanas.

Los musulmanes vinieron inicialmente a Francia para aceptar trabajos precarios después de la Segunda Guerra Mundial. En la década de 1970, los musulmanes inmigrantes que trabajaban en fábricas de automóviles, construcción y otros sectores eran absolutamente esenciales para la industria francesa. Por ejemplo, Renault instaló salas de oración en sus fábricas. 

Muchos musulmanes, a diferencia de sus padres o abuelos, están recibiendo educación, mejores trabajos y están borrando la idea de retornar a sus países de origen. 

Sin embargo, la estigmatización forma parte en la vida de muchos musulmanes, desde ser parados por la policía para controles de identidad hasta discriminación en la búsqueda de empleo.

“El Islam no es islamismo, un musulmán no es un islamista. Un islamista no es necesariamente un yihadista. Lo que temo es que las identidades se radicalicen: por un lado los que reclaman la identidad musulmana y por el otro,  los que reclaman la identidad de Francia”, ha expresado icham Benaissa, sociólogo experto en el Islam. 

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