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“El Papa nos pidió a los consagrados que no fuésemos desmemoriados y que renovásemos cada día el momento de la llamada”

Más de cinco mil personas parece un número grande pero son parte de los pocos afortunados que pudieron asistir al encuentro de consagrados, sacerdotes y obispos con el Papa en Río de Janeiro. Fueron los elegidos entre los 655 obispos, más de 7.800 sacerdotes, 700 diáconos, 9.000 religiosas y 7.000 seminaristas según dijo el arzobispo de Río, Monseñor Oraní.

Elena Martín fue una de esas elegidas. Ella pertenece a un Instituto Secular dedicado especialmente a la formación de los jóvenes, las Cruzadas de Santa María. Dentro de la minoría de religiosas y consagradas que se encontraban con el Papa en la Catedral de San Sebastián en Río de Janeiro estaba ella. Reconoce que fue una sorpresa y que no se lo esperaba. De su Instituto fueron solo cuatro representantes y Elena fue una de ellas. Elena tiene 29 años y estudia filosofía. En las cinco Jornadas Mundiales de la Juventud a las que ha asistido nunca había tenido una oportunidad como esta. Reconoce que ha ido "por pura gracia de Dios". Elena vivió una fuerte conversión en su primera JMJ en Toronto allá por el año 2002 y desde entonces, estos encuentros con el Papa han sido para ella muy especiales.

Elena Martín ha tenido la suerte de poder ver al Papa desde muy cerca. "Ha sido distinto a otras veces. En otras celebraciones también le ves pasar, le escuchas y sabes que está ahí pero el estarle viendo mientras te habla te llega más directo". Esta joven consagrada destaca la invitación del Papa a "no ser desmemoriados" y a recordar el primer amor de la llamada. "Nos ha pedido que reavivemos ese amor", recuerda Elena. Le ha llamado la atención que el Papa pidiera a los consagrados, a los sacerdotes y obispos que no tuvieran miedo de perder el tiempo escuchando a los jóvenes porque insistió en que necesitan ser escuchados. "El Papa nos pidió también que saliésemos a las periferias, una palabra que repite muy a menudo, porque no es suficiente con abrir las puertas para que entren los jóvenes sino que hay que salir a su encuentro". Francisco habló una vez más de fomentar encuentros personales con Dios. En una época en la que la comunicación está de moda, es necesario cuidar que el hecho de comunicarse no se convierta en algo superficial.

Para todos los presentes ha sido un impulso y una gracia de recuerdo de su vocación para poder ser instrumentos de Dios para que los jóvenes que están a su cargo puedan encontrarse personalmente con él. Ha sido también una experiencia de Iglesia, que muestra que es grande y que está formada por personas muy distintas pero que el objetivo para todos es el mismo.

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