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La JMJ de Brasil, espaldarazo al catolicismo frente al avance de las sectas. La creciente secta Pare de Sufrir se esforzó por empañar la visita del Papa

Brasil y toda Iberoamérica han visto cómo el Papa traía la verdadera experiencia del encuentro con Cristo. El original montaje de los actos centrales y los numerosos testimonios suponen un lenguaje que la población ha comprendido con facilidad. La secta que más está creciendo en Brasil, Pare de Sufrir, llevaba meses intentando desacreditar al Papa y a la Iglesia y lo hizo incluso el día en que Francisco pisaba tierra brasileña.

Francisco llegó a un Brasil en el que, sin duda, las sectas ganaban terreno al catolicismo. Algunas, como la floreciente Pare de Sufrir, con delegaciones en numerosos países y un fuerte respaldo económico y mediático detrás, han estado haciendo campaña durante meses para desprestigiar a la Iglesia católica. En concreto, en la página web del máximo líder de esta institución, se criticaban las indulgencias en el mismo día en el que el Papa Francisco volaba hacia Brasil.

Pero los días de la JMJ más joven, la innovadora puesta en escena de los actos centrales, como la artística del Viacrucis contemporáneo, la abundancia de testimonios de conversiones y fuertes experiencias de fe, como la del joven en silla de ruedas que consiguió arrodillar a toda Copacabana y unos mensajes mucho más centrados en la experiencia del encuentro con Cristo que en la vida de los sacramentos, han cambiado la perspectiva del continente.

El sacerdote español Luis Santamaria, experto en sectas y miembro de la red Iberoamericana para el Estudio de las Sectas, explica a Religión Confidencial la situación de Pare de Sufrir. Esta secta, que basa la captación de sus seguidores en las promesas de sanción corporal, mental y hasta económica, cuenta en Brasil con un instrumento de enorme potencia: la segunda cadena de televisión del país, y con dinero suficiente para expandirse por distintos países. Acaban de abrir, por ejemplo, sucursal en la principal calle de Montevideo. Y en Sao Paolo están levantando una réplica del palacio de Salomón.

Para esta compleja red que también tiene ramificaciones en España, la presencia del Papa, su mensaje y el llamado "efecto Francisco" suponen un elevado riesgo de perder adeptos. De ahí su interés por boicotear y desprestigiar al Papa.

Pero el Papa conoce bien las armas de este tipo de sectas. Además de las numerosas ocasiones en las que, en sus discursos, ha hablado del riesgo de caer en idolatrías, conoce bien esta realidad de sus años como arzobispo de Buenos Aires. En Argentina el problema está más extendido entre las corrientes New Age, explica Luis Santamaría. Y como cardenal Bergoglio el Papa se refirió en diversas ocasiones a esta realidad.

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