Iglesia-Estado

Capellán de hospital reivindica el derecho a la asistencia religiosa: "Somos un alivio para el enfermo"

El sacerdote del Hospital Virgen de la Salud de Toledo reflexiona sobre la función de los capellanes en la Jornada Mundial del Enfermo

Capellán de un hospital.
photo_cameraCapellán de un hospital.

Con motivo de la memoria litúrgica de Nuestra Señora la Virgen de Lourdes, el 11 de febrero se celebra cada año la Jornada Mundial del Enfermo. Esta Jornada fue instituida por San Juan Pablo II en mayo de 1992; se venía realizando en algunos países y regiones con grandes frutos pastorales y él quiso extenderla a todo el mundo. 

A propósito de esta celebración, Juan Luis Gómez de la Torre, capellán del Hospital Virgen de la Salud de Toledo, realiza una "reflexión necesaria" sobre la Jornada Mundial del Enfermo y la necesidad de los capellanes en los hospitales públicos. 

Libertad religiosa 

En su opinión, la asistencia religiosa en los hospitales, cada uno según su confesión, "es un derecho del enfermo y forma parte de su libertad religiosa. Porque las personas no somos aconfesionales como lo es el Estado", argumenta el P. Gómez de la Torre. 

Considera un "error" la propuesta que algún partido político ha hecho al Gobierno de España de retirar a los capellanes de los hospitales públicos. "No estamos hablando de identificación entre Iglesia y Estado. Se trata de una persona que sufre y desea encontrar ayuda espiritual eficaz, de un auténtico derecho del enfermo a solicitar el servicio religioso –tal y como está reflejado en los acuerdos entre la Santa Sede y el Estado en 1979 y que se ratificó en 1985–, un servicio necesario para su vida", recalca el capellán del Hospital Virgen de la Salud de Toledo. 

Alivio en el proceso de la enfermedad 

Desde la mirada del Evangelio, para el sacerdote de Toledo, cobra pleno sentido la presencia de los capellanes en los hospitales. "Porque el capellán, que representa a Cristo, ofrece al enfermo la ayuda necesaria para afrontar la enfermedad y llevarla en unión con los sufrimientos del propio Cristo. El capellán de hospital no solo administra sacramentos, sino que acompaña al enfermo en el proceso de su enfermedad, que en muchos casos es larga y dura". 

Así mismo, explica que los capellanes, con su presencia, son para el enfermo "alivio en el proceso de su enfermedad, una enfermedad que le hace necesitar que le tendamos una mano, que le brindemos una palabra de consuelo". Afirma que como capellán, esto es lo que experimenta con mucha frecuencia en el Hospital Virgen de la Salud de Toledo.

"La presencia del sacerdote es, en verdad, un alivio y un consuelo para los enfermos, sobre todo para aquellos que solicitan el servicio religioso e, incluso, para sus familiares", subraya.

Instituida por san Juan Pablo II

El sacerdote recuerda en su escrito por qué fue instituida esta Jornada el 11 de febrero: "Esa fecha era muy importante para San Juan Pablo II. El 11 de febrero de 1984 publicó la carta apostólica “Salvifici Doloris” y el 11 de febrero del año siguiente instituyó la Pontificia Comisión para la pastoral de los Agentes Sanitarios con el Motu Propio “Dolentium hominum”. En 1988 esta Comisión pasó a llamarse Pontificio Consejo para la pastoral de los Agentes Sanitarios".

Así mismo, subraya el mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del Enfermo de este año con unas palabras del Evangelio especialmente pensadas para ellos: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré” (Mt 11, 28).

Sin ceder a la eutanasia 

El P. Juan Luis Gómez señala que el enfermo no es solo cuerpo, sino que también es espíritu: "Hay que atender a la persona en toda su integridad. Los médicos, el servicio de enfermería, los auxiliares de enfermería y los celadores atienden las necesidades que el enfermo tiene con respecto al cuerpo. Los capellanes, junto con los voluntarios, atendemos el alma del enfermo, para que afronte la enfermedad con la fortaleza y la mansedumbre que el Señor comunica por medio de los sacramentos". 

Por último, concluye con la clave que ofrece el Papa Francisco en su mensaje: "Queridos agentes sanitarios: Cada intervención de diagnóstico, preventiva, terapéutica, de investigación, cada tratamiento o rehabilitación se dirige a la persona enferma, donde el sustantivo “persona” siempre está antes del adjetivo “enferma”. Por lo tanto, que vuestra acción tenga constantemente presente la dignidad y la vida de la persona, sin ceder a actos que lleven a la eutanasia, al suicidio asistido o a poner fin a la vida, ni siquiera cuando el estado de la enfermedad sea irreversible".

 

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