Teresita Castillo, la niña misionera que murió con fama de santidad y que está cambiando miles de corazones

El sacerdote Álvaro Cárdenas, muy cercano a los padres de Teresita, cuenta la crónica de su funeral por el segundo aniversario de su marcha al cielo

Teresita Castillo, la niña misionera que murió con fama de santidad y que está cambiando miles de corazones.
Teresita Castillo, la niña misionera que murió con fama de santidad y que está cambiando miles de corazones.
  1. Misionera mártir 
  2. Teresita sigue muy viva y conquistando corazones
  3. El encuentro del Vicario con Teresita 
  4. “¡Yo quiero ser misionera!”
  5. "Estoy a punto de irme con Jesús" 
  6. La santidad no se improvisa
  7. La verdadera misión de Teresita
  8. El testimonio llegó al Vaticano 
  9. Misión más fecunda en el cielo que en la tierra
  10. Corta pero intensísima vida

 

Teresita, poco antes de morir, con la estampa de Carlo Acutis.
Teresita, poco antes de morir, con la estampa de Carlo Acutis.

Teresita Castillo, la niña que falleció con fama de santidad y que por su deseo de ser misionera, la Iglesia le concedido este título poco antes de morir a los diez años de edad, está cambiando silenciosamente miles de corazones dos años después de su marcha al cielo.Fue nombrada oficialmente por uno de los vicarios episcopales de diócesis de Madrid: D. Ángel Camino.

El sacerdote Álvaro Cárdenas, muy cercano a los padres de Teresita, cuenta para Religión Confidencial la crónica de su funeral por el segundo aniversario de su marcha al cielo que se celebró el pasado 7 de marzo que concelebró él mismo. 

Misionera mártir 

El martes 7 de marzo, fiesta de las santas mártires cartaginesas Felicidad y Perpetua, hemos celebrado el segundo aniversario de la marcha al cielo de Teresita Castillo de Diego, la pequeña “misionera mártir” que ofreció su vida y sus sufrimientos “por los sacerdotes, y para que los niños y niñas, y mayores, conozcan a Jesús”, entregándose a Él hasta su muerte, con apenas diez años a consecuencia de un tumor cerebral contra el que luchó desde los cinco años.

Gracias a la inmediatez de las actuales redes y medios de comunicación en apenas unas horas la noticia se había extendido como la pólvora, no sólo en España sino en el mundo entero. Fue despedida, el día de su funeral, por un templo abarrotado de niños y mayores.

Con ocasión de este segundo aniversario de su partida al encuentro de Jesús, el 7 de marzo de 2021,  se ha celebrado una misa de funeral por ella en el Colegio Veracruz, en Galapagar, perteneciente a las Hijas de Santa María del Sagrado Corazón, centro escolar y familia espiritual en el que Teresita estudiaba.

Teresita sigue muy viva y conquistando corazones

Los numerosos fieles reunidos para la celebración, que llenaban la capilla del colegio, especialmente los muchos niños que han asistido, son la prueba de que Teresita está muy viva en la memoria de todos, y que sigue atrayendo y conquistando arrolladoramente, como era ella, a todos los que la conocen.

El funeral ha sido presidido por el Vicario Episcopal de la vicaría VIII de la diócesis de Madrid, Ángel Camino Lamelas, Vicario episcopal que la conoció en el Hospital de la Paz veintidós días antes de su muerte, que le dio los sacramentos de la unción de los enfermos y de la comunión, y que aquel mismo día la nombró oficialmente misionera de la diócesis de Madrid.

El Vicario recordó el momento en que conoció a Teresita, la conversación que tuvo con ella y la profunda atención y fe con que Teresita recibió los sacramentos de la Unción de los enfermos y de la comunión. También la audaz petición que con determinación le dirigió: “¡Yo quiero ser misionera!”.

 
P. Angel Camino.
P. Angel Camino.

El encuentro del Vicario con Teresita 

Aquel día era un 11 de febrero, festividad de la Virgen de Lourdes, día dedicado a los enfermos. Como cada año, aquel día, como el mismo testimonió, visitaba uno de los catorce hospitales de su Vicaria. Ese año escogió providencialmente La Paz. Tras celebrar la misa –explicó- fue invitado por los capellanes del hospital a impartir los sacramentos de la Unción de enfermos y de la santa Eucaristía a una niña que estaba ingresada con un pronóstico muy grave.

El Vicario visitó a Teresita. Así describió, dirigiéndose directamente a los niños, su encuentro con ella: "Yo llevaba aquí dentro una cajita con la sagrada hostia, y también llevaba un bote con aceite, el crisma, un óleo que se da a las personas. Teresita estaba con una alegría tremenda. Tenía una venda blanca en la cabeza, pero la cara al descubierto. Ésta relucía como el sol. Yo no conocía a esta niña pero estaba realmente guapísima. Yo sabía que estaba muy grave". 

“Vienes a traerme a Jesús y al Espíritu Santo. Sí, sí, me vas a dar la Unción”, le dijo Teresita. El saludo de la pequeña despertó su asombro. Sabía perfectamente para qué estaba el Vicario allí y lo que iba a recibir

“¡Yo quiero ser misionera!”

D. Ángel prosiguió su relato compartiendo con los asistentes el momento que más maravillado le dejó, el momento en que Teresita le expresó el deseo ardiente que tenía:

"Pero como la mamá veía que yo tenía prisa, le dijo a su hija: “Teresita, deja de hablar y dile al Vicario lo que tú quieres ser“. Este fue el momento más importante. ¿Qué creéis que dijo?: ¡Quiero ser bailarina! ¡Quiero ser escritora!…” Entonces se me acerca y me dice: “¡Yo quiero ser misionera!”.

Lleno de asombro y maravillado por la inimaginable respuesta de una niña de diez años, y en esas circunstancias, el Vicario la nombró allí mismo misionera. Así lo describió:

"Yo me quedé impactado. Y en ese momento le dije: “Teresita, yo en este momento te hago misionera”. Dentro de un momento me voy a mi despacho, hago un documento por el que quedas constituida misionera, lo sello, pongo la cruz misionera y te lo entrego”».

D. Ángel quedó maravillado por la atención con la que Teresita escuchaba y por su forma de rezar y de responder a las oraciones.

"Teresita se quedó callada. Yo le di la unción. Ella estaba atentísima a todas las palabras que yo decía. Rezó el Padre Nuestro con una claridad impresionante y con mucha fuerza. Y me despedí".

"Estoy a punto de irme con Jesús" 

D. Ángel cogió el pergamino más bonito para escribir el reconocimiento oficial de misionera y se lo entregó a Teresita en el Hospital La Paz. "Llegué a donde Teresita y le dije: “Teresita, aquí tienes tu documento en que te constituyo misionera. Y se lo pasó a la mamá, porque papá no estaba porque estaba trabajando. Ella escuchó todo el discurso. Cojo la cruz y se la pongo en el cuello. Ella se la quita y se la da a su madre diciendo: “Mamá, ponla en la barra para que la vea, y mañana que me la lleven al quirófano”.

Teresita sabía que se iba con Jesús y quería morir siendo misionera. Llevaba tiempo con ese deseo grande en su corazón. Y con ese deseo le había ofrecido a Jesús todos sus sufrimientos, que se intensificaron en la última etapa de su vida. Estaba feliz con su nombramiento y su cruz de misionera.  En el momento en que el Vicario iba a dejar para siempre su habitación, Teresita se dirigió a él para que le confirmara si realmente era misionera. Así lo relató el Vicario:

"Yo ya había terminado. Me marcho, y cuando estoy en la puerta la médica me dice: “Me parece que la niña le está llamando”. Vuelvo hasta ella y me dice: “¿Puedo hacerle una pregunta?” Le dije sí. Ella me respondió: “Es que estoy a punto de irme con Jesús. Entonces yo le dije: “¿Cuál es tu pregunta?” Ella me respondió: ¿Yo soy de verdad una misionera?”. Y le digo: “Tú eres una misionera”. Y tras estas palabras me marché y ya no volví a ver a Teresita».

La santidad no se improvisa

En su homilía, D. Ángel recordó a todos que “la santidad no se improvisa”. Refiriéndose a la muerte heroica y sobrenatural de Teresita, señaló que se fue fraguando en la familia, con sus padres, con sus tíos, con sus abuelos, con sus primos, y también en su colegio, con las Hermanas religiosas, con los profesores y profesoras, y con los amigos. Sus escasos diez años de vida fueron “su entrenamiento” para el cielo.

Y lo que constituye el motor de la santidad es el deseo de ser santos, un deseo profundo que tenía Teresita, y que no es otra cosa que amar a Jesús con todo el corazón y con todas las fuerzas y desear que sea amado por todos, y con su ayuda amar al prójimo. Por eso Teresita, con sólo diez años, quería ser misionera.

La verdadera misión de Teresita

La muerte de una niña de diez años, a los ojos humanos muy prematura, impone una pregunta: ¿Puede tener una niña una misión en la Iglesia?  ¿Y qué misión puede tener una niña de tan pocos años? D. Ángel, refiriéndose a Teresita, afirmó:

“Para que muchos niños y niñas conozcan a Jesús”, esta era su misión". 

A partir del testimonio de D. Ángel, las redes sociales empezaron a arder, extendiéndose en pocas horas por todos los continentes la noticia de su nombramiento como misionera. Todos querían saber más de esta niña, los teléfonos de su Vicaría no dejaban de sonar, las radios, las televisiones, los periódicos, revistas y portales de Internet intentaban entrevistarle para ampliar la noticia. Los padres de Teresita, Eduardo y Teresa, también eran “asediados” por los medios de comunicación para saber más de Teresita.

El testimonio de Teresita llego rápidamente a los misioneros españoles en todo el mundo y en poco tiempo también a otros muchos. El responsable de los misioneros de España llamó a D. Ángel Camino para saber que estaba pasando. Además de los mensajes que recibía de los misioneros españoles por el mundo entero, en pocas horas había recibido cantidad de peticiones de niños de toda España que como Teresita querían ser también misioneros.

El testimonio llegó al Vaticano 

El testimonio admirable de Teresita llegó también hasta el Vaticano. Al día siguiente del encuentro del Vicario con Teresita -como contó D. Ángel Camino en su homilía-, recibió una llamada del Vaticano preguntando por Teresita. Al día siguiente, escribió una carta al Papa Francisco relatándole lo sucedido. El Papa, por su parte agradeció haber sido informado y envió un mensaje de afecto y de cercanía a la familia, asegurándoles su oración e impartiéndoles su bendición.

Sin saberlo y escondido a sus propios ojos, la pequeña Teresita misionera estaba cumpliendo su misión, haciendo llegar a los cinco continentes su sencilla pero extraordinaria fe, su asombroso amor a Jesús, su generoso e inaudito sacrificio por los sacerdotes, y particularmente por los niños y mayores que no conocen a Jesús, su heroica aceptación del sufrimiento, su admirable paciencia en los tormentos de su enfermedad, y su alegría -como pequeña redentora con Jesús- en el sufrir.

Misión más fecunda en el cielo que en la tierra

Como dos mil años antes sus santas preferidas Felicidad y Perpetua, como más de ciento veinticinco años la santa patrona de las misiones, Teresita del Niño Jesús, como veinticinco años antes su otra gran santa amiga suya Teresa de Calcuta, como quince años antes su otro gran santo amigo suyo Carlo Acutis, Teresita Castillo de Diego dejó este mundo dando testimonio de Jesús entre sufrimientos para entrar en la eternidad. El día 7 de marzo de 2021 fue liberada de sus sufrimientos para comenzar su misión en el cielo junto a Jesús.

Las revistas y periódicos, las radios y televisiones, los portales, canales y redes de Internet, dan testimonio de las miles y miles de personas que están encontrando en la pequeña Teresita misionera ayuda para su fe, ejemplo para su vida cristiana, sostén, esperanza y sentido para sus sufrimientos, y admirable inspiración para amar más al Señor y a los demás, especialmente, como lo hacía Teresita, a los que se encuentran solos, a los pobres y a los que sufren.

Corta pero intensísima vida

La misión de Teresita apenas acaba de comenzar. Su corta pero intensísima vida, y particularmente la ofrenda a Dios de su vida hasta el final, por amor a Él y por la salvación de quienes no conocen aún su amor, se ilumina con las palabras de Jesús: “No se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín o de la cama” (Mc 4, 21-22), “sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa” (Mt 5, 15).

Puesta ahora la vida de Teresita en el candelero de la Iglesia y del mundo, brilla ahora ante todos en su asombrosa sencillez como una radiante y potente luz, mostrando el camino del amor en la entrega a Dios y a los demás.

Niños en el funeral de Teresita Castillo.
Niños en el funeral de Teresita Castillo.

 

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