Familia

Escuelas Católicas presenta una guía para explicar a los niños la muerte de un ser querido

Algunos errores que se comenten son ocultar el dolor para que el niño no sufra o evitar que vaya al tanatorio o al entierro

Presentación de la Guía de Duelo de EC.
photo_cameraPresentación de la Guía de Duelo de EC.

Escuelas Católicas, con el patrocino de la Fundación SM, ha elaborado la "Guía del duelo en el ámbito escolar" que ha sido presentada en el salón de plenos del Consejo Escolar del Estado. El objetivo es ofrecer a los colegios pautas para acompañar en el duelo, y ayudar a los niños y familiares a enfrentarse a la muerte de un ser querido.

Esta publicación forma parte de una colección, que se inició en 2017 con la “Guía para actuar en caso de acoso escolar”, y que pretende aportar a los centros educativos orientaciones sobre cómo afrontar situaciones de crisis de cualquier tipo.

La guía ofrece herramientas pedagógicas, pastorales, de comunicación y jurídicas, ante el fallecimiento de algún miembro de comunidad escolar. Además de los criterios y recursos que se deben poner en marcha, la publicación aporta formación para que toda la comunidad educativa esté preparada de forma adecuada ante la realidad de la muerte.

Recursos en una web

Coincidiendo con la presentación de la Guía, Escuelas Catolicas ha estrenado además su nuevo espacio web sobre el duelo en el ámbito escolar como complemento a la publicación, que recoge anexos (pautas para la comunicación, casos prácticos, derechos de los niños en el duelo, mitos acerca del suicidio y herramientas para la alfabetización emocional) así como recursos como oraciones y poemas, libros para trabajar en el aula.

La guía expone cuatro errores que muchas familias, padres o profesores, cometen a la hora de acompañar al niño en el duelo: El niño no entiende nada y, por tanto, no hay que hablar del tema; Es mejor ocultar el dolor para que el niño no sufra; Que el niño no vaya al tanatorio, ni al entierro y el duelo no dura más de un año. 

Los expertos de esta guía recuerdan que los menores son conscientes de lo que viven y, por lo tanto, se debe hablar de ello, no ocultar, no disimular, no evitar que nos pregunten, ni temer no dar certezas absolutas. Importa devolver respuestas adecuadas a las inquietudes de los niños y mantener una conversación entre padres e hijos o en el entorno escolar. 

Deben ir al tanatorio o al entierro 

Se piensa en ocasiones que el niño no debe acudir al tanatorio, al entierro, ni al funeral, porque de esa manera de nuevo le evitamos un dolor innecesario. "Y nada más lejos de la realidad", se indica en la guía. 

Estos lugares y ritos funerarios ayudan a elaborar, cada cual a su manera, el duelo por la pérdida del ser querido. Son momentos de despedida que no podemos ahorrar al niño. En el caso de los adolescentes hemos de tener especial cuidado y comprensión pues en ellos la muerte suele provocar más manifestaciones de ira y enfado y en ocasiones eso se expresa en no querer participar en determinados ritos, y así hay que respetarlo ofreciéndonos siempre para estar cerca, charlar, acompañar.

"Al proteger en exceso, desprotegemos a los menores en el sentido de que impedimos que desarrollen las habilidades y recursos internos necesarios para afrontar el duelo por el ser querido que ha muerto", señalan los expertos. 

No hay un tiempo exacto para cada duelo 

Cada duelo es único porque cada persona es única. Algunas personas pueden pensar que pasado un determinado tiempo de la muerte de un ser querido para un niño (un año, un año y medio) ya “todo ha pasado”, “ya está”. Ciertamente, no hay un tiempo exacto para cada duelo; dura lo que cada persona tarda en atravesarlo. Pero, en general, los niños necesitan menos tiempo que los adultos para elaborar su duelo, porque la adaptación a su vida sin la persona querida suele ser inmediata, apunta la guía de Escuelas Católicas. 

Etapas del duelo 

La guía explica las etapas del duelo y las tareas que hay que llevar a cabo para afrontar esta pérdida. Los tres procesos por las que uno niño o adolescente atraviesa cuando pierde a un ser querido son la evitación, asimilación y acomodación. 

Junto a las etapas del duelo hay también cuatro tareas en las que se otorga al doliente un papel activo, puesto que se concibe el duelo como un trabajo dinámico que la persona debe realizar. Las tareas nos ofrecen ejemplos de cómo intervenir: aceptar la realidad de la pérdida, soportar el dolor de la pérdida, adaptarse a la vida sin la persona que ha fallecido y seguir viviendo. 

Acompañamiento y respetar el silencio

Durante la presentación de la guía, el presidente del Consejo Escolar del Estado, Enrique Roca, destacó de esta orientación la necesidad de contar la verdad del hecho, de normalizar el duelo en la vida y en el colegio; y de combinar la pedagogía del acompañamiento y el apoyo con el respeto del silencio.

Por su parte, José María Alvira, secretario general de Escuelas Católicas, incidió que esta Guía nace con el objetivo de ayudar a todos los centros que deban afrontar el duelo por fallecimiento de algún miembro de la comunidad educativa, pues “el duelo afecta al ámbito personal y familiar pero los niños y jóvenes pasan gran parte del día en el colegio y la vivencia del mismo se convierte también en colegial”.

Insistió además en que “es necesario hablar de la muerte, sin obsesionarse, de forma natural”. Reconoció que “no es fácil acompañar y ayudar a los jóvenes en este proceso personal, por eso, la Guía pretende ofrecer pautas y casos prácticos que les puedan ser de utilidad y por eso está a disposición de todos los centros”.

Luis Aranguren, como relator y coordinador de la Guía, explicó así mismo, que la misma responde a dos urgencias: proponer a los centros cómo actuar con rapidez y certeza ante una muerte; y cómo lograr la serenidad para incorporar la realidad de la muerte al proceso educativo. No obstante, indicó que la Guía no se queda en ofrecer pautas para reaccionar ante una muerte de un miembro de la comunidad educativa, sino que pretende también acompañar y reflexionar sobre nuestra condición humana con objeto de humanizar la escuela y la vida.

 

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