Familia

En España descienden las rupturas matrimoniales

Fernando Vidal: “Si las parejas no se separan por evitar problemas económicos, deberían aprovechar para repensar su historia en común”

El director del Instituto de la Familia de Comillas afirma que las dificultades monetarias añaden estrés y conflicto en la vida conyugal

Fernando Vidal, director del Instituto Universitario de la Familia de la Universidad de Comillas.
photo_cameraFernando Vidal, director del Instituto Universitario de la Familia de la Universidad de Comillas.

En España se están produciendo menos rupturas matrimoniales. Según los últimos datos del Consejo General del Poder Judicial, el número de divorcios y separaciones ha descendido más de un 10% en el segundo trimestre del año, lo que suponen casi 30.000 demandas de disolución matrimonial. ¿A qué se debe esta reducción? Responde a Religión Confidencial Fernando Vidal, director del Instituto de la Familia de la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE.

“La reducción de rupturas matrimoniales es atribuida a la crisis económica y a la precariedad laboral actual. En Madrid, por ejemplo, dos tercios de los jóvenes no pueden emanciparse y cuatro de cada 10 parejas no pueden fundar su hogar.  La misma razón retiene a cónyuges para no dividir su hogar pese a que exista una conflictividad que les haga pensar en ello”, explica Vidal a RC.

En esta línea apunta que “las dificultades económicas añaden estrés y conflicto en la vida común. Sin soportes personales para la resiliencia conyugal, la situación probablemente empeorará”.

Este experto y asesor de familias y parejas, es optimista y señala que hay una nueva tendencia, que es la Sociedad de los Cuidados, que nos hace conscientes de que uno de los mayores bienes de nuestra sociedad son las parejas y, muy especialmente, los matrimonios, que añaden una mayor vinculación con la comunidad en general. Conforme profundicemos en el paradigma de la Sociedad de los Cuidados, tenemos que poner mayores medios para cuidar los vínculos de las personas”.

Separados pero conviviendo  

Lo cierto es que el descenso de rupturas se debe a la crisis económica y muchos matrimonios viven separados, porque ya no comparten la vida, a pesar de convivir bajo el mismo techo por motivos económicos.    

Vidal aporta algunos consejos para vivir de esta manera.

“El primero es repensar su propia relación. Hoy en día damos por descartadas muy fácilmente las cosas y parece más fácil distanciarse de los problemas que afrontarlos. Quizás la situación haya llegado a un punto en el que han decidido separarse en cuanto tengan oportunidad económica”.

Para el experto, esa situación, sin embargo, puede ser un buen punto de partida para redescubrir el valor de su historia común y tratar de adquirir mayor resiliencia. Las parejas actuales tienen menos resiliencia para superar las dificultades. Una convivencia en la que hayan decidido distanciarse conyugalmente, puede ser una buena ocasión para reiniciar”.

En el caso en que no se vea oportunidad de reconciliación y no hay ánimos para reiniciar procesos, “entonces quizás deban poner su foco en una cosa: puede que no sean pareja pero, si hay hijos, siguen siendo familia.

“Quizás sea momento para repensar su proyecto de familia. Cuando la conyugalidad se deteriora siempre falla la comunicación. Ahora, quizás es un periodo para hablar mucho más, para recordar lo bueno, poner el acento en la gratitud y guardarse en el bolsillo de atrás los reproches. Es una buena ocasión para pensar como amigos porque quizás es la auténtica amistad la que más falla cuando una pareja naufraga”, explica.  

Evitar las ocasiones de roce

El director del Instituto de la Familia de Comillas va más allá y concreta: “Si los ánimos no están suficientemente serenos para pensar juntos, entonces deben minimizar daños, evitar las ocasiones de roce. Sobre todo deberían tratar de vivir ese periodo de convivencia como un paréntesis y no como un punto final. Es un periodo de transición hasta que estén en unas condiciones que permitan pensar mejor”.

Ahora bien, si hay una situación de riesgo en la que exista excesiva presión psicológica o incluso física, deben acudir a los Servicios Sociales locales y buscar asesoramiento para lograr evitar todo riesgo”.

Mediadores

Algunos matrimonios consideran que su relación se ha roto  y no posibilidad de reconciliación, a pesar de que no se ha producido situaciones graves como infidelidad,  alcohol o drogas. Se plantean entonces una separación física con la esperanza de que ésta podría facilitar una futura reconciliación.  

Según la experiencia de Fernando Vidal “lamentablemente, cuando la conyugalidad está herida, las personas no cuentan con suficientes apoyos para repensarse como individuos y como pareja.  La comunicación se deteriora y, por tanto, no se puede contar con una herramienta que era imprescindible la conversación, el diálogo. Es necesario restaurar el diálogo a fondo, el reencuentro entre las personas con el corazón en la mano”.

Para tal fin, Vidal recuerda el papel de los mediadores que “ofrecen un buen cauce, pero también lugares de escucha. O quizás deben intensificar la conversación juntos, con buenos amigos y con parejas de confianza. Ante todo, superar tanto la mudez como aquella forma de hablar que daña. Cuando estamos en conflicto, debemos bajar a los lenguajes más hondos del corazón”.

En relación a los mediadores, normalmente es la mujer quien quiere acudir a un profesional de este tipo pero es el hombre quien no quiere.

El experto de Comillas subraya que en nuestra sociedad “faltan espacios donde redescubrir una masculinidad más comunicativa, cuidadora y cooperativa. La epidemia de ausencia paterna debe afrontarse no prescindiendo del padre sino buscando procesos para reincorporarle a la vida familiar.  Es necesario promover preventivamente métodos que como El Reloj de la Familia ayudan a que los dos miembros de la pareja actualicen su proyecto conyugal y familiar”.

Separación para lograr una reconciliación

Hay quien aconseja separaciones entre los cónyuges para tomar suficiente distancia. “Quizás más bien lo que se necesita es que la pareja tome distancia de estar viéndose continuamente a ellos mismos y darle vueltas y más vueltas a sus divergencias. Quizás sería bueno que se separaran de las rutinas que les han clavado los pies al suelo y emprendieran juntos experiencias de servicios a otros a través del voluntariado, o una experiencia de redescubrimiento personal y profundización”, señala el experto.

Vidal añade:  “Cuando la pareja entra en conflicto, la vida les lleva a chocar uno contra el otro: la resiliencia conyugal viene de no enfrentarse sino de afrontar juntos retos nuevos donde redescubrirse personal y como pareja”, concreta.

Finalmente, concluye: “En la medida que la pastoral familiar asuma la perspectiva de Amoris Laetitia, se hará mucho más para que las parejas frágiles encuentren inspiración y ayuda para superar sus dificultades”.




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