En voz baja

Monseñor Antonio Algora

Antonio Algora Hernando, obispo de Ciudad Real.
photo_cameraAntonio Algora Hernando, obispo de Ciudad Real.

Son muchas las cualidades que definen los primeros pasos del Nuncio en España, monseñor Bernardito Cleopas. Junto a su capacidad de observación y de trabajo, está el haber puesto en funcionamiento, encomendándoles trabajos especiales, a algunos obispos eméritos.

El caso más reciente es el del obispo emérito de Ciudad Real, monseñor Antonio Algora, que ha hecho una magnífica labor para dar una solución adecuada a un problema que se ha producido en una “porción del Pueblo de Dios” de la Iglesia en España.

Monseñor Algora, a quien se le suele ver en las celebraciones de la Catedral de la Almudena, -“cuando me invita mi amigo Carlos vengo gustoso”, suele decir-, es un obispo con un perfil social que durante mucho tiempo ha pertenecido, en la Conferencia Episcopal Española, al Consejo de Economía y ha sido el responsable del Secretariado para el Sostenimiento de la Iglesia.

Sacerdote de Madrid, aunque nació en La Vilueña, Zaragoza, fue el sustituto del fundador de las Hermandades del Trabajo, don Abundio García Román. 

Vicario episcopal de Madrid, el 20 de julio de 1985 fue nombrado obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Desde el 18 de mayo de 2003 era obispo de Ciudad Real. El papa Francisco aceptó su renuncia el 8 de abril de 2016.

Otro obispo al que hay que agradecer su trabajo es el emérito de Ávila, monseñor Jesús García Burillo, por el momento Administrador Apostólico de Ciudad Rodrigo. También nacido en Alfamén, provincia de Zaragoza, y también Vicario de Madrid en su tiempo.

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