En voz baja

La celebración del 70º Día de la Victoria refuerza aún más la alianza entre el Kremlin y la Iglesia ortodoxa rusa

Cinta de San Jorge
photo_cameraCinta de San Jorge

El pasado 9 de mayo se ha celebrado el 70º aniversario de la victoria de la Unión Soviética sobre los nazis con el desfile militar más grande de la Historia de la Rusia moderna. Este es de uno de los temas más sensibles dentro del actual debate público ruso, quizás situado al mismo nivel que la situación de la Iglesia y de la religión ortodoxa. Así al menos lo piensa Lev Gudkov, director del Centro Levada, el instituto demoscópico independiente de mayor autoridad dentro del país, que ha señalado como el fuerte componente de "sacralidad" del evento distingue al actual Día de la Victoria ruso del que se celebraba durante la antigua U.R.S.S.

“Los rusos se refieren al Día de la Victoria ('Den Pobedi' en ruso) como a algo sagrado y esto en los tiempos de Brezhnev (que en 1965 rehabilitó la festividad, abolida en el año 1945 por Stalin) no existía", explica el sociólogo a Asia News. La Iglesia ha ayudado al poder político a tener autoridad moral y espiritual con este mito de la Victoria, sobre el cual Putin está construyendo su legitimidad política del líder que está llevado a Rusia a posicionarse de nuevo entre las grandes potencias mundiales.  

Las celebraciones del Den Pobedi tienen tradicionalmente su culminación en el desfile militar de Moscú, al que este año han asistido, junto a Putin, algunos líderes internacionales, entre los que estaba el presidente chino Xi Jinping, pero no los jefes de Estado y de gobiernos occidentales. Estas ausencias fueron debidas a la crisis ucraniana.

Para la reciente celebración del Día de la Victora, desde el monte Athos (Grecia) fue llevada a Rusia el arca con la mano derecha de San Jorge el Victorioso y el ícono del Gran Mártir, protector de Moscú, que los fieles también podrán venerar durante 2 meses en San Petersburgo y en otras 12 ciudades de la Federación Rusa.

El Patriarca ortodoxo Kirill -que recientemente definió a la Gran Victoria de la Armada rusa contra Hitler como "un milagro de Dios"- varias veces ha subrayado el particular rol de San Jorge en el reforzamiento del espíritu nacional durante el conflicto, al que los rusos llaman la Gran Guerra Patriótica, que costó un número de víctimas (según diversos historiadores, los cálculos oscilan entre 16 y 36 millones de rusos fallecidos) 20 veces superior a las perdidas humanas sufridas por EE.UU. y los países europeos. Paradógicamente, hoy en Rusia se trata de un tema tabú, del cual ni siquiera se puede debatir sin el riesgo de asumir persecuciones legales. El silencio también cae sobre las culpas y los errores cometidos por Stalin y sobre las represiones que sufrió el clero cristiano.

San Jorge ha regresado a Rusia con el ahora famosa “cinta” de San Jorge, de color negro y naranja; cinta que los rusos exhiben como símbolo de la resistencia al nazi-fascismo; no casualmente estos colores también son usados por los separatistas pro rusos en Ucrania del Este, que en la propaganda oficial combaten contra los "fascistas de Kiev".

"No obstante el ateísmo de Estado de la U.R.S.S., la fe ortodoxa y los principios morales ligadas a ella, junto con el espíritu nacional cimentado sobre éstos valores, fue lo que constituyó el factor decisivo para la Victoria", ha escrito en un reciente artículo el jefe del departamento sinodal para las relaciones entre Iglesia y sociedad, Vsevolod Chaplin.

"La gente ve al poder como corrupto, mientras la Iglesia aún está considerada como una autoridad moral", continúa explica Gudkov. "Si hace 20 años, desde el momento en el que hemos iniciado nuestras investigaciones, los creyentes eran el 16 % de la población, hoy el 70 % la gente se dicen ortodoxos; nos hemos convertido en un país ortodoxo, pero la gente no sabe nada de las cosas de la Iglesia (el 40% de los rusos dice que no cree en Dios). Hoy ortodoxo significa ruso”.

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