Diócesis

Prefecto de la Congregación para el Clero, en San Dámaso: “No se puede ser sacerdote si no se es un hombre maduro y equilibrado”

Mons. Lazzaro, en las V Jornadas de Pastoral para Sacerdotes, refuerza la importancia de la dirección espiritual para no afrontar las crisis solos

Mons. Lazzaro You Heung-Sik, prefecto de la Congregación para el Clero.
photo_camera Mons. Lazzaro You Heung-Sik, prefecto de la Congregación para el Clero.

Del 14 al 16 de febrero se están celebrando en la  Facultad de Teología de la Universidad San Dámaso (UESD) la jornada "Ministros de Cristo en el cambio de época. La misión de los presbíteros en la Iglesia y en el mundo" dentro de  las V Jornadas de Actualización Pastoral para Sacerdotes.

El primer día, abrió la jornada el arzobispo emérito de Madrid, cardenal Antonio Mª Rouco Varela, con el título: "La teología en la Europa del siglo XXI". (se puede ver en YouTube) . 

Prefecto de la Congregación para el Clero

El acto contó con Mons. Lazzaro You Heung-Sik, prefecto de la Congregación para el Clero con la conferencia "La formación al ministerio presbiteral en el cambio de época".

El Obispo emérito de Daejeon, haciendo referencia al Papa Francisco, recordó qué el don de la vocación al presbiterado "es depositado, ante todo, por Dios en el corazón de algunos hombres y compromete a la Iglesia a proponer un camino para ayudarles a ser sacerdotes según el Corazón de Cristo". 

Subrayó así mismo que en la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, documento publicado en 2016, está la síntesis para la formación de los futuros sacerdotes. Un documento que reúne los magisterios de san Juan Pablo II y su Exhortación apostólica post-sinodal Pastores dabo vobis (25 de marzo de 1992), y Benedicto XVI, autor de la Carta Apostólica en forma motu proprio Ministrorum institutio (16 de enero de 2013), y Francisco, a partir de cuyo impulso e indicaciones ha nacido la última Ratio. 

Definirse de nuevo 

El prefecto hizo hincapié en que en esta época, "siendo verdad que la identidad del presbítero no cambia, en su sustancia, pues está enraizada en la llamada de Cristo, también es verdad que la figura del sacerdote y su ministerio están llamadas siempre a “definirse de nuevo”, a transformarse y, de alguna manera, a “convertirse". Por tanto, si la vocación y la fe que sostienen la opción sacerdotal permanecen fijas en el tiempo, los modos de ser sacerdote y el ministerio pastoral cambian y se renuevan continuamente". 

En este sentido, afirmó que la "potencia profética" del Concilio Vaticano II "no se ha agotado en absoluto". 

Entre los puntos que mencionó Mons. Lazzaro, indicó en primer lugar que "la formación sacerdotal es, por naturaleza, misionera". "La misión primera y fundamental que recibimos de los santos Misterios que celebramos es la de dar testimonio con nuestra vida. El asombro por el don que Dios nos ha hecho en Cristo infunde en nuestra vida un dinamismo nuevo, comprometiéndonos a ser testigos de su amor. Nos convertimos en testigos cuando, por nuestras acciones, palabras y modo de ser, aparece Otro y se comunica". (Benedicto XVI, Sacramentum Caritatis). 

Cuatro aspectos relevantes 

El prefecto enumero cuatro aspectos relevantes para la formación al ministerio presbiteral en el cambio de época: 1. Los fundamentos de la formación 2. Formación inicial y formación permanente 3. Dimensiones de la formación 4. Los agentes de la formación. 

En el primer punto subrayó que la idea de fondo es  "la de formar en los Seminarios discípulos misioneros “enamorados” del Maestro, pastores “con olor a oveja”, que vivan en medio de los hombres para servirles y llevarles la misericordia de Dios". 

 En el proceso formativo, es importante que el seminarista se conozca y se deje conocer, relacionándose de modo sincero y transparente con los formadores. "Por esta razón, los vínculos que se establecen en el Seminario entre formadores y seminaristas, y entre los mismos seminaristas, deben recibir su impronta de las relaciones de paternidad y fraternidad", y habló de la "amistad sacerdotal", como un tesoro que se debe cultivar entre vosotros". 

Maduros y equilibrados 

En el segundo punto, la formación inicial y formación permanente, comprende distintas etapas (propedéutica, discipular, configuradora y de síntesis vocacional) un camino para llegar a una "madurez humana-espiritual y una libertad interior que exige, precisamente como primer paso del camino, un serio discernimiento espiritual". 

El prefecto subrayó así mismo, que "hoy ha crecido la conciencia de que no se puede ser sacerdote si no se es, ante todo, un hombre maduro y estructuralmente equilibrado", que está llamado a  asumir los rasgos de la humanidad de Cristo: la mansedumbre, la humildad, una capacidad serena de relacionarse con los demás, un trato acogedor y cordial, la atención a las necesidades de los otros, la proximidad y la compasión". 

Por tanto, "el desafío de los Seminarios es formar no “el sacerdote de laboratorio” o el “contable del espíritu”, sino, en cambio, el buen pastor, atento a la vida de los hermanos, capaz de amor sin límites y de don gratuito, apasionado por el anuncio del Evangelio y, en general, compasivo con las personas heridas que buscan en Dios la luz", señaló. 

Por último, indicó la importancia de la dirección espiritual: "A veces se han perdido muchas vocaciones porque, cuando han aparecido las crisis –que no faltan en un camino– han sido afrontadas solos". 

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