Diócesis

Mons. Reig Pla: crónica de una pronta renuncia aceptada

El que fuera obispo de Alcalá de Henares era para muchos un referente en cuanto al profetismo a la hora de denunciar determinadas corrientes de pensamiento

El Papa Francisco con Juan Antonio Reig Pla, obispo emérito de Alcalá de Henares.
photo_camera El Papa Francisco con Juan Antonio Reig Pla, obispo emérito de Alcalá de Henares.

Cuando el pasado martes por la tarde, monseñor Juan Antonio Reig Pla, entonces aún obispo de Alcalá de Henares, reunió a su Consejo Episcopal para comunicarles que al día siguiente se haría pública la aceptación de su renuncia, los miembros del Consejo manifestaron una natural cara de sorpresa.

Habían pasado solo poco más de dos meses desde el 7 de julio, día en el que cumplió setenta y cinco años, Reig Pla enviara la preceptiva carta al Papa. Un tiempo inusualmente corto.

Obediencia filial al Papa 

Monseñor Reig Pla tenía asumido, desde ese día, que no estaría mucho tiempo más en la diócesis Complutense.

Después de agradecer uno por uno el trabajo a los presentes en la sala de reuniones, tuvo una preciosa y sentida intervención sobre el significado del servicio a la Iglesia y  sobre la obediencia filial al papa Francisco. Sus referencias a su larga vida ministerial edificaron el desconcierto de algunos de sus más estrechos colaboradores, según relata a Religión Confidencial uno de los testigos presenciales.

También el entonces obispo de Alcalá de Henares agradeció el trabajo del señor Nuncio en España, monseñor Bernardito Cleopas Auza, quien en todo momento se había comportado como un hermano en la fe, destacando la lealtad  y la delicadeza con la que había tratado su caso.

Un proceso que podría resumirse parafraseando el famoso título de un libro de la literatura hispanoamericana: “Crónica de una pronta renuncia aceptada”.

Sorpresa generalizada 

Lo distintivo de lo que ha ocurrido no es solo el hecho de que se le haya aceptado tan pronto la renuncia. También lo es la decisión de nombrar un administrador apostólico en la persona de un obispo auxiliar de Madrid, monseñor Jesús Vidal, con quien monseñor Reig Pla, por cierto, mantiene una excelente relación personal.

Una de las causas de esa sorpresa generalizada fue el hecho de que, en este caso, se estaba aplicando una forma no ordinaria de relevar a un obispo en condiciones de normalidad. Entre otras razones porque no se había iniciado el proceso de provisión de la diócesis. Un proceso que siempre lleva su tiempo, máxime en este momento en el que se acumulan los nombramientos de obispos para España.

Desencuentros y ataques 

La diócesis de Alcalá de Henares es sufragánea de la archidiócesis de Madrid. Monseñor Reig Pla había participado, desde su llegada en abril de 2009, en las reuniones preceptivas de la Provincia Eclesiástica. Unas reuniones que cambiaron de clima a partir de que en octubre de 2014 tomara posesión monseñor Carlos Osoro como arzobispo de Madrid.

Allí se escenificaron los desencuentros entre el arzobispo metropolitano y un obispo que siempre se ha caracterizado por la claridad de ideas, por la fidelidad al magisterio de la Iglesia y por una serie de tomas de posición pública que dejaban en evidencia otras actitudes y argumentaciones.

Monseñor Reig Pla se había convertido desde hace tiempo en el blanco de los ataques contra su persona en determinados medios y sectores eclesiales. Sobre su persona pesaban adjetivos como “ultraconservador”, “ enemigo de gays y lesbianas”, “perseguidor de las mujeres”, “ apocalíptico”, “valedor de las terapias de reversión”, etc. Esas campañas sistemáticas habían conseguido calar en determinados ambientes eclesiales. 

Referente para muchos fieles 

Sin embargo, el que fuera obispo de Alcalá de Henares, un especialista en teología del matrimonio y la familia, que durante muchos años había dirigido el principal centro del Pontificio Instituto Juan Pablo II en España, era para los fieles de su diócesis, y para muchos de toda España, un referente en cuanto al profetismo a la hora de denunciar determinadas corrientes de pensamiento y culturales que operan en nuestros días.

Antes del verano, monseñor Reig Pla había enviado una extraña señal con el cese del que fuera su Vicario General, el sacerdote Florentino Rueda Recuero. Una decisión que había creado perplejidad en la diócesis y que no parecía tener una explicación clara.

Era, por tanto, un lugar común que, sin estar en marcha el proceso de cambio en la sede, en cualquier momento el papa aceptaría la renuncia de monseñor Reig Pla. Nadie podía asegurar que se pasara de las primeras semanas del mes de septiembre, que marcan los preparativos de un nuevo curso. La famosa Comisión de ayuda al Nuncio en los nombramientos de obispos, presidida por el arzobispo de Barcelona, cardenal Juan José Omella, no hacía ascos al cambio en Alcalá de Henares.

Un solo obispo auxiliar operativo en Madrid 

El hecho de que la diócesis complutense reciba a un administrador apostólico en la persona del auxiliar de Madrid, Jesús Vidal, también es significativo. No tanto de la capacidad de influencia en la diócesis de Alcalá del arzobispo de Madrid sino, por una parte, por lo que implica de la necesidad que tuvieron de tomar la decisión de forma precipitada y, por otro, de la situación en la que se va a encontrar ahora Madrid.

Con esta designación, la diócesis de Madrid se queda con un solo obispo auxiliar operativo, monseñor José Cobo, dado que monseñor Vidal se convertirá de hecho en el obispo de Alcalá desde el primer día.

Monseñor Juan Antonio Martínez Camino, del que se decía que podía ser un adecuado sustituto de monseñor Reig Pla, tiene limitada su capacidad de actuación en la capital de España. El cardenal Osoro se queda prácticamente sin auxiliares, con lo que consolida y facilita un cambio, que se está trabajando ya en Roma, y que no tiene por qué ser inminente.  

Texto de despedida 

Como ha señalado monseñor Reig Pla en su texto de despedida de la diócesis, “en las tres diócesis he contado con el afecto de los sacerdotes, de los miembros de la vida consagrada y de los fieles cristianos laicos. Para todos ellos mi inmensa gratitud y mi petición de perdón por los errores cometidos a lo largo de estos años”.

Otra cuestión es el efecto que esta decisión pudiera tener en la próxima Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española. Medidas como ésta que se salen de lo normal, añadidas a otras como el nombramiento del tribunal que juzgue de nuevo el “Caso Gaztelueta”, están enrareciendo el clima interno en determinados ámbitos de la Iglesia en España.

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