Diócesis

Mario Iceta en el funeral de su madre: “No me da vergüenza llorar ante mis fieles”

“Murió en mis manos en sábado, ella que era fan de la Virgen; en el mes del Sagrado Corazón, del que era tan aficionada”, afirmó el arzobispo

Mons. Mario Iceta en el funeral de su madre.
photo_camera Mons. Mario Iceta en el funeral de su madre.

La madre del arzobispo de Burgos, Mons. Mario Iceta, María del Carmen Gavicagogeascoa falleció el pasado 26 de junio a los 96 años de edad en manos del arzobispo, quien "la besó, agradeció sus dones y administró la unción de los enfermos antes de encomendarla al Padre". 

Durante el funeral Iceta manifestó no sentir "vergüenza al llorar ante mis fieles", pero se mostró tranquilo y sereno en el emotivo funeral que él mismo presidió ayer por la tarde en la Catedral de Burgos por el eterno descanso de su madre, María del Carmen, informa la archidiócesis. 

"El Señor lo hace todo bien" 

Él mismo la encomendó a las manos del Padre después de haberla besado, administrado la unción, conferido la indulgencia plenaria, haber rezado con ella y agradecido sus dones, como ha explicado: "Murió en mis manos en sábado, ella que era fan de la Virgen; en el mes del Sagrado Corazón, del que era tan aficionada; el día de san Pelayo, el patrono del Seminario donde estudié; el día de san Josemaría, que tuvo que ver con mi formación al haber estudiado en la Universidad de Navarra, y el día en que ordenaba seis sacerdotes. El Señor todo lo hace bien".

Según ha confesado el mismo arzobispo, la de ayer ha sido una de sus homilías más difíciles, sabiendo que "el Señor se compadece de nuestras lágrimas". Aunque es consciente de que su madre "no aparecerá nunca en ningún libro", ha revelado que su historia, al igual que la de todas las madres, forma parte de la "corriente de vida mística que permanece invisible, pero que vivifica el mundo", ha dicho parafraseando a santa Edith Stein.

Las madres, el don más grande 

Y es que, según ha afirmado, "las madres son el don más grande y precioso que Dios nos ha dado, el regalo más inmenso, tanto que él mismo quiso tener una". "Hemos de agradecer los momentos decisivos de nuestra vida personal, donde nuestras madres nos han modelado. Por eso mi madre también tiene que ver con esta archidiócesis, porque según cómo me modeló mi madre, yo os puedo servir de un modo o de otro".

D. Mario también ha tomado unos versos del sacerdote y poeta chileno Esteban Gumucio para explicar que "la muerte no puede robarnos la vida, pues nosotros podemos entregarla antes de su visita". "Voy con Cristo, me basta ahora su camino de pobres, voy transfigurado, nuevo y yo mismo, gratuitamente vencedor y vencido. Cristo me arrebató, me tomó para sí: ya no soy tuyo, muerte. Así, humildemente vencida, te has hecho hermana: “hermana Muerte”, pequeña, gris, servidora de nuestra Pascua".

El arzobispo ha estado arropado por un nutrido grupo de sacerdotes de la archidiócesis, de miembros de la vida consagrada y de numerosos fieles, a los que ha agradecido su cercanía y oración. Hasta la Catedral también se han desplazado el cardenal arzobispo de Valladolid, don Ricardo Blázquez; el obispo auxiliar de la archidiócesis vallisoletana y secretario general de la Conferencia Episcopal, don Luis Argüello; el obispo de Vitoria, don Juan Carlos Elizalde; el arzobispo emérito de Jaén, don Ramón del Hoyo, y el arzobispo emérito de Burgos, don Fidel Herráez.

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