De Libros

En Vallecas también hay milagros

José Manuel Horcajo, cura de una parroquia del popular barrio madrileño, describe historias de yonquis, pobres y adolescentes embarazadas

José Manuel Horcajo.
photo_cameraJosé Manuel Horcajo.

Al cruzar el puente. Testimonios de una Iglesia abierta a todos.

José Manuel Horcajo

Palabra

Desde hace tiempo, por gajes del oficio, leo al menos un libro a la semana. Hay libros que me interesan, que me hacen pensar. Otros están bien, pero poco más. Los hay que pudieran perfectamente no haberse editado.

Perdonen el desahogo. Hacía tiempo que no leía un libro como éste. De verdad. Desde que lo he leído no me lo quito de la cabeza. Quizá porque lo que cuenta ocurre a pocas paradas de autobús de mi casa; quizá porque un día pasé por allí para entrevistar al autor y no me pude ni imaginar lo que era su vida; quizá porque, como dice el Papa Francisco, la realidad es mucho más grande y más importante que las ideas, y con este libro, uno  se topa de bruces con la realidad de lo que es una parte de la Iglesia en Vallecas.

La pequeña Rusia 

Si usted, si tú, querido lector y lectora, querido amigo y amiga, quieres saber qué es Vallecas y lo que pasa en Puente Vallecas, “la pequeña Rusia”, como la llaman; si quieres conocer cuál es la respuesta de una parte de la Iglesia a esas 35.000 familias del barrio que están recibiendo la renta mínima de inserción, que suele oscilar entre trescientos y quinientos euros mensuales; si quieres conocer cómo son los curas jóvenes de Madrid; si quieres entender el pontificado del Papa Francisco, sin dialécticas, sin contraposiciones, sin estereotipos, sin eslóganes, sin reduccionismos; si quieres acompañar la vida de un cura de una de las zonas más emblemáticas de Madrid, no dejes de leer este libro. Por favor. Y de comentarlo en casa, con los amigos, en tu parroquia, a tus vecinos.

Hice la prueba al día siguiente de terminarlo, a altas horas de la madrugada. En la comida familiar, les dije algo así como os tengo que contar una historia que ocurre cerca de la última parada del 148, el bus de la EMT que pasa por la puerta de mi casa y llega bien cerca de la puerta de la parroquia vallecana de San Ramón Nonato.

Embarazada a los 13 años 

Y comencé a narrarles la historia de Angélica, una adolescente de 13 años, de confesión evangélica, de origen boliviano, que se fue al campamento que la parroquia organizaba en un pueblo de Ávila. Y en la primera noche comenzó a decir que le dolía mucho la barriga, y que estaba sangrando. Sor Vicky la escuchaba sorprendida hasta que levantó su camisa y se encontró con un notable bulto. A partir de ahí, hasta que se produjo el feliz nacimiento en el hospital de Talavera de la Reina de un niño sano, se describe una historia que haría las delicias de cualquier director de cine español de nuestro tiempo.  En casa, nadie se llevó la cuchara a la boca durante el relato.

Vamos a ver, que quede claro, José Manuel Horcajo no es, a simple vista, un superhombre, ni un supercura. Más bien, diríamos, en el primer saludo, que es serio, responsable, con cara de buena persona y de listo, y poco más. Y sin embargo, en este libro, se palpa cómo el Señor le va llevando de su mano, le va haciendo que la realidad de los pobres, de los retos, de las amenazas, de todo lo que el pasa, de la pasión por Cristo, le convierta en un cura que se sale.

Pero ojo, no nos equivoquemos, todo con un sentido común aplastante. Desde cómo cuenta, en las primeras páginas su vocación, sus botellones, su relación con su novieta, los años de Seminario, sus primeros pasos allí, sus primeros días, hasta cómo habla del cura de Ars, de la Virgen María, de san José, bendito san José…

La clave de este libro no es todo lo que se ha conseguido, es decir, el comedor, la residencia María Villota, la guardería, los campamentos, la Obra Social Familiar Álvaro del Portillo –por cierto que se llevó en el 34 un buen guantazo con una llave inglesa por ir a dar catequesis a unos niños-, la Comunidad Naím, el proyecto Raquel, el grupo Simeón, la Hermandad de san José, los voluntarios…

La clave de este libro son los yonquis

No, la clave de este libro son los yonquis que llegaron un día al comedor y no sabían si decirles que pasaran o no, y luego se hicieron con la gente; José Manuel que fue rescatado del alcohol;  el señor del bar que le dijo que vaya co… por llevar sotana y que así debía de ser; A.C.N., el mendigo de la calle que siempre tenía un piropo; Manuel, que pedía a la puerta de la Iglesia y la Yoli su novia, y su final trágico; Marcelino, que se llevó a su casa a Iván, el búlgaro mendigo; la del pobre Mateo, que se confesó en el hospital y lo celebró con fantas, las de los Punkis… Tantas, tantas historias de puro Evangelio. 

Qué triste sería una parroquia sin pobres. Estaría enferma o sería un museo” se lee en un momento. Y añade, páginas más adelante, nuestro autor,  experiencias de su vida como la siguiente: “Esta semana conversaba con un compañero sacerdote que decidió, hace muchos meses, suprimir el carrito de productos para las familias, y así fomentar la responsabilidad. “Ya no vienen pobres a la parroquia –me contaba este sacerdote un poco confundido-. Esta semana ha venido al despacho uno solo. Me lo contaba sabiendo que tenemos cien entrevistas mensuales”.

“La lucha, si es de Dios, no cansa…” dice en la página 91.

Gracias, querido Horcajo. Has escrito una nueva versión de Evangelio, le Evangelio según José Manuel Horcajo, según se vive en san Ramón Nonato.  

Portada del libro.

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