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Las razones del celibato ministerial: favorece la felicidad humana y testifica importantes verdades teológicas

Juan Luis Caballero afirma en este libro que una Iglesia indiferente al estado matrimonial de sus clérigos manifestaría una fe debilitada en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía

Juan Luis Caballero.
photo_cameraJuan Luis Caballero.

El celibato cristiano. Una vida plena y fecunda.

Juan Luis Caballero (Ed.)

Palabra

El Sínodo de la Amazonía ha puesto sobre la mesa del debate la cuestión del celibato ministerial. Quizá sea un tema que no ha desaparecido de la agenda privada y pública de determinados sectores de la Iglesia que consideran esta cuestión como meramente disciplinar, por lo tanto, contingente, susceptible de ser modificada sin más.

Por eso hay que tener ideas muy claras sobre qué es el celibato, el por qué del celibato, las razones teológicas del celibato, la historia y la relación entre doctrina y disciplina. En este sentido, si hay un libro oportuno para este momento de la Iglesia es éste. Un libro que está relacionado con lo que se ha venido publicando recientemente sobre la materia en la revista “Scripta Theologica”.

Prólogo de Cañizares 

Vayamos por tanto al contenido que, además, está destinado no solo a sacerdotes y seminaristas, sino que se ofrece con notable acierto a todo los cristianos que quiera estar bien formados e informados.

El volumen arranca, además de con un prólogo del cardenal Antonio Cañizares, con el texto de la Encíclica “Sacerdotalis caelibatus” de Pablo VI. En cierta media se podría decir que los capítulos posteriores son un comentario actualizado a la citada Encíclica. Por cierto que sorprende la actualidad y vigencia del magisterio de Pablo VI.

El primer comentario a la “Sacerdotalis caelibatus” lo firma Antonio Aranda. La tesis no puede ser más retadora: la relación entre el celibato ministerial y la naturaleza del sacerdocio ministerial en la Iglesia católica representa un “hecho teológico”, que tiene un trasfondo sobre el que hay que profundizar constantemente en la historia.

Por lo tanto, el celibato no es una cuestión marcada por la transitoriedad sino un dato doctrinal y disciplinar de fondo que afecta a la comprensión del ministerio y que está relacionada con el significado de la Iglesia como sacramento universal de salvación.

De ahí que nuestro autor desarrolle los fundamentos cristológicos, eclesiológicos y escatológicos del celibato. La ley del celibato ministerial no es manifestación de una realidad simplemente histórica sino de un hecho teológico que supera toda comprensión funcional.

Consecuencias teológicas 

Si clarificador es el primer capítulo, el segundo de Luarent Touze lo es más. Aborda dos aspectos: las consecuencias teológicas de la investigación actual sobre la historia del celibato y los estudios que relacionan el magisterio y la doctrina teológica desde la perspectiva nupcial.

Es particularmente interesante la primera parte de esta aportación porque recuerda que vivimos una época de ausencia de novedades en lo que se refiere a la investigación sobre la historia del celibato. En los años 80 y 90 se produjeron relevantes aportaciones sobre el celibato en la historia del cristianismo primitivo. De entre sus contribuciones nos encontramos que “los clérigos mayores, obispos, sacerdotes y diáconos de los primeros siglos o bien eran solteros o bien, si estaban casados, practicaban la continencia después de la ordenación.

Las primeras leyes canónicas, del siglo IV, fueron un simple consignación por escrito de costumbres teniendo fuerza de ley”. Otro aspecto es que el abandono de esta práctica, en parte de la Iglesia, se produjo a partir del Concilio oriental Trullano (691).

Fe debilitada 

Por cierto que aporta un dato interesante. Respecto a la población sacerdotal en la Grecia ortodoxa, formada por 11.000 mil hombres de los cuales 3.000 están casados, los jerarcas de esa Iglesia certifican que el número de los casados está experimentando un descenso constante.

Hay afirmaciones de este especialista en la cuestión que deben dar que pensar. Por ejemplo la que señala, en la conclusión de su trabajo, que “una Iglesia indiferente al estado matrimonial de sus clérigos pondría quizá de manifiesto una fe debilitada en la virtud de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía”.

Completan el libro dos aportaciones más. La primera de Carter Griffin sobre “El testimonio antropológico del celibato” y la segunda de Wenceslao Vial sobre “Psicología y celibato”.

Ahí se desmantelan los argumentos, vamos a decir más actuales y en boga, en contra del celibato ministerial desde la psicología y la sociología, demostrando la tesis de que el celibato, bien vivido, favorece la felicidad humana y testifica importantes verdades necesarias hoy.

También se adentra, en la segunda aportación, desde la psicología clásica a reflexionar sobre la contribución del celibato a una madurez integral de la persona. Hay que destacar por cierto las páginas, en el último capítulo, dedicadas al fenómeno del bornout o “síndrome de estar quemado” en los sacerdotes.

El celibato cristiano.

 
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