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Quién dicen que no hay cristianos que hacen filosofía

Higinio Marín en "una arqueología filosófica de la existencia", analiza la familia, la ciudad y la globalización

Higinio Marín.
photo_cameraHiginio Marín.

Mundus. Una arqueología filosófica de la existencia.
Higinio Marín.
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Me había llegado este libro hace semanas y lo tenía en un entretiempo. No debía acercarme al pensamiento de uno de los filósofos, ya no tan joven, más interesantes de nuestros días sin la calma que exige la provocación permanente de su escritura.

Este período de encierro me ha permitido hincar el diente a esta cosmovisión antropológica, ciertamente singular, a esta cosmovisión o compresión del lugar del hombre en el mundo, en la historia. Arqueología dice porque a través de restos recompone el objeto.

Lo primero que hay que aclarar es que Higinio Marín, profesor titular de Antropología filosófica de la Universidad CEU Cardenal Herrera, es autor de una extensa bibliografía. Su método de trabajo, nulla dies sine linea, le ha permitido mantener encendida la llama de la razón y del sentido. Y también ha creado una comunidad de lectores nada desdeñable.

Trayectoria filosófica 

Su trayectoria filosófica, que no voy a detallar, pero que explica no poco de su sistema de ideas, avala el trabajo que ahora presenta. No en vano se puede decir que fue de los últimos discípulos de una generación de filósofos en aquella añorada edad de oro de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Navarra.

Después decimos que no existen pensadores cristianos a la altura de nuestro tiempo. Quizá es que no los sabemos buscar, no los sabemos aceptar, porque dicen cosas que no nos gustan o no entendemos, o no queremos entender, o los rechazamos porque son tan libres como molestos.

Este libro no es, se me permitirá decir, como los anteriores, porque tiene, al menos para el lector, pretensión de síntesis de parte de su pensamiento. Ideas algunas que, como se puede comprobar en las notas a pie de página, había apuntado, o desgranado, en sus obras pasadas. Pero es cierto que en el esfuerzo de estas casi quinientas páginas está la pretensión de decir, de diagnosticar el presente de la historia, el tiempo elevado a concepto, el saber como “reducción de la naturaleza a historia”.

Múltiples fuentes

La antropología, su arqueología filosófica, bebe de múltiples fuentes, de diversas épocas, de variadas escuelas. Desde, cómo no, los presocráticos, pasando por más Aristóteles que Platón, hasta los recientes como G. Agamben, sin olvidarme de los Polo, Alvira o Choza. Sorprenden sus recientes lecturas de G. B.

Vico y de Carl Scmitt, aunque no sé si esta última es reciente o no. A estos hay que añadir una pléyade de autores, diríamos, sectoriales, que se han dedicado desde la paleontología, la antropología cultural, a la sociología o el papel de la tecnología.

O los teológicos, entre los cuales ocupa un lugar destacado Joseph Ratzinger, algo de lo que nos tenemos que alegrar. Hay, por hacer etiología de su pensamiento, un autor que no cita y no sé si directamente le ha influido, Plotino. Pero este es otro tema.

Y del sistema de Higinio Marín, ¿qué? En los primeros capítulos ofrece el marco general y, podríamos definir de forma clásica, define los conceptos. Parte de una idea interesante: contemporaneidad, filosofía y trascendencia se proponen hoy como ideas que se expelen entre sí en un ambiente de intolerancia. 

Arqueología de la existencia

Una arqueología de la existencia, de la “humanitas”, es una arqueología de mundo como el caber del hombre, como el espacio abierto a la existencia. El mundo como existencia y presencia. El “mundus” como la forma misma de la presencia del hombre como realidad existente, con su condición del adentro, ingreso en la existencia, y del afuera, salida, búsqueda, la existencia que excede a
la esencia, que la sobreacoge y sobrecoge, un abrazo antropológico.

El cuidado de la entrada, la relación, la familia, la ciudad, la globalización. Los radicales antropológicos, el sexo, el poder, propiedad. El que cuida, queridos amigos, los amigos, comprende y se comprende.

Hay que agradecer al autor que nos haya incluido un capítulo final de sumario, que sintetiza las ideas principales de los temas abordados, entre otros, la libertad, la sexualidad, la riqueza en la clave del tener y tenerse, el trabajo, la muerte.

Y ya, si Higinio María dice, y lo explica, que la “playa es un lugar metafísico”, me rindo hacia la evidencia y hacia lo que siempre he pensado: que necesitamos pensadores para que nos ayuden a formular las experiencias básicas. Creo que hay que agradecer al arzobispo de Granada, monseñor Javier Martínez, que haya hecho posible que tengamos mano este “Mundus”, esta arqueología de la presencia de alguien que tiene mucho que decir.

Mundus.

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