De Libros

Contra el discurso sexual dominante

El periodista francés Eric Zemmour, que no es católico, argumenta contra el discurso dominante sobre cuestiones como la homosexualidad o la ideología de género

Eric Zemmour.
photo_cameraEric Zemmour.

El primer sexo de Eric Zemmour. Editorial: Homo Legens

No hace muchos días, el obispo secretario general de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello, dijo que los cristianos teníamos que hablar más de sexo, de la forma adecuada de entender el sexo.

En una sociedad hipersexualizada, en la que recientes estadísticas confirman lo que no queremos ver, o no nos creemos, –como dato significativo hace unas semanas se publicó que uno de cada cuatro niños ha consumido pornografía antes de los 13 años-, hay que tomarse muy en serio esta cuestión que afecta decisivamente al presente y al futuro de las personas.

Y a la Iglesia, en la medida en que la propuesta cristiana tiene una palabra sobre el sexo que ayuda a la felicidad plena, pero que no suele ser comprendida de forma correcta. Un mensaje que es, ciertamente, contracultural y que necesita de un ejercicio de razón privada y pública que conlleva un esfuerzo añadido.

Por eso hay que tener en cuenta aquellos trabajos que pretenden desenmascarar todo lo que tiene que ver con las ideologías sexuales subyacentes en esta sociedad líquida y epidérmica.

Lo primero que hay que advertir a la hora de referirnos a este libro del periodista francés, conocido por sus columna en Le Fígaro y por su participación siempre provocadora en la televisión francesa, es que es hijo de unos judíos oriundos de Argelia. Y que su fama es la de un polemista ligado a las ideas anti-, para algunos cercanas a la propuesta política de Le Pen, en Francia. Por lo tanto, ni es católico en su cabeza, ni lo pretende.

De hecho, en alguna novela que imaginaba una victoria de Marie Le Pen, le colocaba de ministro de cultura y comunicación. Eso hace que sea muy fácil deslegitimar el libro por el argumento “ad hominem” de ir contra su autor. Quizá haya que trascender este nivel y hacer el esfuerzo de entrar en el contenido de su argumentación crítica sobre algunos fenómenos sociales, climas sociales, formas de vida sociales hoy sobre la sexualidad.

Por tanto, su universo mental, y su confesión de fe, o de no fe, no es cristiana, ni católica. Y eso se nota a la hora de argumentar. Un texto a modo de panfleto provocador, en la línea con algunas publicaciones de la crítica feminista que no sabe de los políticamente correcto.

No diría solo que este libro debe ser leído por “mayores de 18 años”. Lo que diría es que, además de su desenfadado estilo literario, su valor radica en la provocación de quien no se traga el discurso dominante sobre cuestiones como la homosexualidad, la ideología de género, las consecuencias sociales de determinadas prácticas sexuales y estilos de vida impuestos por los medios de comunicación.

Este libro, que parafrasea en su título al segundo sexo de Beauvoir, y que tiene como prologuista en la edición española a la también contracultural Emilia Landaluce, estaría en la línea de lo escrito recientemente por Camille Paglia.

Es decir, la tesis del hartazgo de una ideología de género que, en el contexto de un capitalismo de consumo, y de cultura de masas, está produciendo un efecto nefasto para la sociedades y las nuevas generaciones con una idea del sexo, y de la práctica de la sexualidad, sin ningún referente moral. Una invectiva contra la tiranía del “feminismo supremacista” y contra la ideología que lo sustenta. Pone contra las cueras, o ante el espejo, las contradicciones culturales en esta materia.

Y, al mismo, tiempo, por cierto con un formato novedoso en esta editorial, -tamaño casi de bolsillo y de no muchas páginas-, reivindica la figura del padre, de las relaciones paterno filiales y de una comprensión del matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer.

Como confiesa Zemmour, que en ocasiones utiliza imágenes que al lector pueden resultarle chocantes, demasiado crudas, “he escrito este pequeño libro, en primer lugar, para comprender lo que ha pasado, o que nos ha pasado, a nosotros los hombres para resucitar ese pensamiento, esa psiqué viril, para revelar el palimpsesto bajo el pergamino femenino. Como un tratado de vida viril para uso de las jóvenes generaciones feminizadas. Trabajo de arqueólogo más que de polemista. Sé que uno nunca debería seguir sus malos instintos. Pero solo soy un hombre”.

También incluye una dura carga de profundidad contra la política, y los políticos, destinada a “desnaturalizar” la diferencia de sexos y a hacernos entender el solo carácter cultural, por lo tanto, artificial, de esta distinción.

No olvidemos lo que escribió Alain Finkielkraut, autor ampliamente citado en este libro: “Antes la subversión era lo contrario de la tradición; hoy la subversión es la tradición”.    


 

        

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