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Un libro clave para entender la historia reciente de los jesuitas

El P. Urbano, fallecido recientemente, analiza las relaciones entre Pablo VI y la Compañía de Jesús

Padre Urbano Valero.
photo_cameraPadre Urbano Valero.

Pablo VI y los jesuitas. Una relación intensa y complicada (1963-1978)

Urbano Valero, SJ.

Mensajero

Cuando me disponía a escribir la reseña de este imprescindible libro para entender la historia contemporánea de la Compañía de Jesús tuve noticia del fallecimiento de su autor, el P. Urbano Valero Agúndez, una de las personalidades clave de la Compañía de Jesús en la época reciente.

No en vano, el P. Valero fue Provincial de Castilla, el primer provincial de España, cargo que asumió oficialmente por la lectura de la patente el 20 de enero de 1970, y Rector de la Pontificia Universidad Comillas posteriormente. Por cierto, nacido en el entrañable pueblo de Santervás de Campos (1928).

Por lo tanto, se trata de un libro en el que se conjugan dos elementos, el uso de testimonios escritos, fuentes documentales, evidencias textuales, y la memoria de su autor, el testimonio autobiográfico. Dos horizontes que se mezclan en estimable equilibrio y que confieren a este relato un valor añadido que se palpa no solo en el texto principal también en las abundantes notas a pie de página.   

"Jesuitas en fidelidad"

El volumen analiza las relaciones de Pablo VI y la Compañía de Jesús. Pero para el lector hispano tiene dos núcleos añadidos de interés. Además del amplio capítulo inicial sobre las relaciones de los Papas y la Compañía de Jesús a lo largo de la historia, nos encontramos con, probablemente, una de las descripciones más detalladas y completas de lo que ocurrió con los jesuitas españoles de la denominada “Vera Compañía”, es decir, de los firmantes del documento de Chamartín de la Rosa, de 8 de febrero de 1969 , -en número, según unas fuentes 22, otras, 18- y de la evolución posterior hacia el grupo de “Jesuitas en fidelidad”.

Grupo de jesuitas descontentos con los derroteros de la Compañía en el orden doctrinal disciplinar y espiritual, por cierto en los momentos iniciales apoyados por dos tercios de la Conferencia Episcopal Española de ese momento, según se lee en este volumen. Historia conocida principalmente por el gran público en los textos de V. Cárcel Ortí, con quien en algún momento se muestra disconforme nuestro autor, y G. La Bella.

Pero vayamos por partes. Porque el núcleo principal del libro no es España y su idiosincrasia sino las tres fases por las que atraviesa la relación de san Pablo VI con la Compañía. Partiendo de la hipótesis de que Pablo VI tuvo un gran aprecio, confianza, estima  y exigencia hacia la Compañía, y hacia el Prepósito de este período, el P. Arrupe, que se expresa de forma más original en una primera etapa, pasamos a una segunda etapa en la que, a partir de un conjunto de informes negativos que llegaron a la mesa del Papa, esa confianza se debilitó y se inició un proceso de vigilancia, seguimiento e intervenciones por parte de la Santa Sede, del Papa o de su secretario de Estado, cardenal Villot, principalmente.

Este segundo período alcanza el punto más crítico en el desarrollo de la Congregación General 32 –ampliamente historiada en este volumen- y en el problema de los grados dentro de la Compañía como signo de un proceso más amplio de interpretación del espíritu del fundador, y del fundacional. Superado ese momento crítico, en la tercera y última etapa, Pablo VI volvió a recuperar el inicial espíritu respecto de los jesuitas.

San Juan Pablo II y el P. Arrupe

Para analizar las consecuencias de esta historia, que al fin y al cabo es, en gran medida, la de las relaciones entre la Compañía de Jesús y la aplicación del Concilio Vaticano II, con todo lo que supuso, en la página 246, en nota a pie de página se recuerda que cuando el P. Arrupe le comunicó a Juan Pablo II  su intención de renunciar al cargo de Prepósito general, el papa polaco le contestó: “Usted se va y yo me quedo. ¿Qué hago yo con la Compañía? A usted, según me dicen, la Compañía le obedece, pero yo no estoy seguro de que me vaya a obedecer a mí, como no obedeció a Pablo VI en la Congregación General 32”” Cuestión que el P. Arrupe aclaró a san Juan Pablo II de palabra y por escrito. 

Pero vayamos a la historia en lo que afecta a España. Y aquí el libro da mucho juego, incluso por las sorpresas que uno se lleva y que conforman el entramado de la vida.

Es lugar común que un grupo de jesuitas españoles, llamados de la “Vera Compañía”, propusieron una especie de forma de vida, con comunidades autónomas, formación de postulantes, obras apostólicas, para mantener el espíritu originario que, según ellos, se había perdido en las turbulencias de la aplicación conciliar y de los nuevos tiempos.

En este libro se aclara el proceso, tanto de cómo se gestó la iniciativa en España, quiénes fueron su principales propulsores, como de la respuesta que se dio, tanto del Papa, como del Vaticano, del Prepósito y de los provinciales españoles. Se podría decir que fue uno de los grandes retos en la dirección de la Compañía al que se enfrentó el P. Urbano Varelo. Hasta tal punto que en la narración, sobre todo en la segunda fase del grupo de “Jesuitas en fidelidad”, nuestro autor relata algunos interesantes casos y reproduce algunas llamativas cartas.

Por ejemplo, y a título más de anécdota, los recursos financieros que nutrían las actividades de los “Jesuitas en fidelidad”, una cuenta del Banco Santander, por el hecho de que “el presidente del Banco Santander, D. Emilio Botín (senior), había tenido como alumnos en el Colegio de la Inmaculada de Gijón a dos hijos y tenía buena amistad con el padre mencionado en el texto –P. Manuel Parente-, ferviente militante de la “fidelidad”. Por medio del P. Antonio Arroyo, administrador de la provincia de España, que se movía muy bien en los ambientes financieros de Madrid, llegamos a conocer los detalles relativos a la cuenta”.

Jorge Mario Bergoglio 

Y, otro asunto, a modo de ejemplo, es el perfil que nuestro autor traza del P. Nicolás Puyada, uno de los jesuitas más activos de ese grupo, al que atribuye “el siniestro panfleto de 127 páginas” titulado “La Verdad sobre la Compañía de Jesús””. Un jesuita del que se dice que era un “personaje muy peculiar, que, por sucesivos y turbios quebrantos financieros cuyas consecuencias hubo cargar la Compañía, tuvo que ser destinado de emergencia de Bilbao a Venezuela y luego de allí a Argentina”.

Pues hete aquí, y por eso traigo a colación esta historia, que “el P. Nicolás Puyada, corifeo y vocero de los “Jesuitas en fidelidad”, estando ya en marcha la Congregación General, donde su provincial argentino, el P. Jorge Mario Bergoglio, de acuerdo con el P. Arrupe, lo destinó a Australia a trabajar con inmigrantes de lengua española. Tenía él entonces 58 años. Allí estuvo durante algunos años, al cabo de los cuales volvió a la Casa de Loyola, donde falleció el 11 de noviembre de 1987”.

Otro apunte interesante, las relaciones no pacíficas del entonces arzobispo de Madrid, monseñor Casimiro Morcillo, tanto con los jesuitas, a propósito del caso de los de la “vera Compañía”, entre otros, como con el P. Varelo. Unas relaciones que quizá expliquen algunas otras “relaciones” de arzobispos de Madrid ocurridas años después.

Estamos por tanto ante un libro clave para entender a la Compañía de Jesús en nuestros días. Descanse en la paz del Dios amor el P. Urbano Varelo. Y unas gracias póstumas por este imprescindible servicio al conocimiento y a la comprensión de las razones de la historia, que son las de la vida.

Pablo VI y los jesuitas

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