De Libros

La cuaresma de la Gloria de Dios

El filósofo francés Fabrice Hadjadj desarrolla y amplía las conferencias cuaresmales del obispo Jean-Marie Lovey sobre la Gloria

Fabrice Hadjadji.
photo_cameraFabrice Hadjadji.

A mí toda la gloria
Fabrice Hadjadj
Palabra

No por repetida la afirmación de san Ireneo de Lyon deja de ser menos cierta: “La gloria de Dios es el hombre que vive y la vida del hombre es la visión de Dios”.

Escribir esta frase en medio de la pandemia que nos asola puede resultar una llamada de atención. Cuando las conversaciones, las informaciones, la vida, de lo que nos habla es de la muerte o de la posibilidad de la muerte o de la necesidad de que frenemos, entre todos, a la muerte, nosotros afirmamos que la gloria de Dios es que el hombre viva. Y lo afirmamos con la seguridad, y con la serenidad, de quienes saben lo que dicen. No nos hemos vuelto locos, ni somos unos insensatos.

Que se lo digan al autor de este libro. No es necesario presentar a Fabrice Hadjadj. Filósofo, literato, el autor católico francés más de moda, es, sin duda, uno de los más prolíficos escritores actuales. Me atrevería a decir que es uno de los “estetas” católicos, porque su literatura es una forma de estética atrevida, interpelante, que utiliza un lenguaje poco común para este tipo de reflexiones, que
no se censura a la hora de llamar a las cosas por su nombre.

Una literatura entre espiritual y teológica 

Una literatura, entre espiritual y teológica, que juega con la paradoja, que es rápida en proponer
sentidos, en dilucidar y analizar experiencias, en recurrir a una argumentación que, en no pocas ocasiones, no evita la experiencia personal.

Si por algo se caracteriza la obra de Hadjadj es por tener al lector siempre alerta y no permitir que la imaginación vuele por otros horizontes. Son, además, famosas sus frases, sentencias lapidarias que dejan a uno pensativo. “Lo que da un sentido a algo se encuentra siempre más allá de sí mismo”, dice. 

En esta ocasión, el libro juega con la historia del cartel que se utilizó para anunciar las conferencias cuaresmales que pronunció, en 2019, en la diócesis Suiza de Sion, invitado por su obispo Jean-Marie Lovey. El título inicial que propuso para este ciclo cuaresmal fue “Pequeña teoría de la Gloria”, una cuestión que siempre ha estado presente en su bibliografía y que, confiesa, hubiera sido el tema de una tesis doctoral que, hasta el momento, no ha escrito.

Las tres partes del libro 

Las tres parte del libro, ampliadas, corresponden a sus intervenciones. La primera está dedicada a definir el concepto de Gloria, tanto en el pensamiento clásico como en la literatura, la poesía, la historia y la teología.

Parte de la definición de santo Tomás, “clara cum laude notitia de bono alicuius”, “conocimiento claro con alabanza del bien realizado por una persona”, para después llevaros a la relación entre la acción y la palabra, el héroe y el poeta.

En un segundo momento nos introduce en la Gloria de la creación, con una teología natural dedicada a dar respuesta al sentido de la creación, al sentido de la vida orgánica en sus muy diversas expresiones, y a meternos de lleno en la relación entre Creador y creatura. “Decir que la tierra está llena de la gloria de Dios es decir también que está llena de su cruz”, escribe. Aborda también la cuestión peliaguda del mal, que es más que la ausencia de bien, la imperfección en referencia a la
perfección.

En tercer lugar, nos lleva a un reflexión sobre la resurrección y la manifestación de la Gloria de Dios a través del triunfo de la vida y del amor, de Dios sobre la muerte. En este último capítulo destaca su profundo conocimiento de la teología y de la literatura judía que permiten una perspectiva amplia del misterio de la resurrección y de su comprensión articulada en la historia.

Presente histórico 

Pero no hay que olvidar que Fabrice Hadjadj suele aprovechar en sus escritos para hacer “excursus” que nos ayuden a entender nuestro presente histórico. Afirmaciones que están cargadas, muchas de ellas, de una sana crítica a nuestra cultura, incluso a desviaciones de la práctica cristiana.

Hablando del héroe verdadero, del que se cantan las glorias, dice lo siguiente: “Tolkien lo explica en una carta a W. H. Auden: “Nolo heroizari es evidentemente un comienzo tan bueno para un héroe como nolo episcopari lo es para un obispo”.

Esta idea de que no querer ser obispo es un buen punto de partida para serlo coincide con una célebre paradoja de Platón: los mejores gobernantes se encuentran siempre entre los sabios que no tienen deseo de serlo”.

A mí toda la Gloria.

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