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J. H. Newman, un santo para tiempos irreligiosos

El sacerdote inglés Roderick Strange analiza la vida de este santo que sufrió siendo católico, como respuesta a este mundo volcado en la irreligión

Roderick Strange.
photo_camera Roderick Strange.

¿Por qué san J. H. Newman ahora? En un sermón que predicó en 1873 titulado “La infidelidad del futuro” preveía un tiempo en el que la Iglesia se iba a enfrentar a “una oscuridad de un tipo diferente de ningún otro que haya existido antes”. Un tiempo de “un mundo simplemente irreligioso” en el que la Iglesia se verá perjudicada por “escándalos por la mala conducta de sus miembros”. Y añadía: “(…) estamos a merced de cualquier miembro indigno”.

En otro de sus sermones Newman diría que la Iglesia del futuro no solo tendría que defender la fe, hacer apología, en el sentido de explicación, sino que tendría que defender la razón, es decir, lo humano en sí mismo.

El santo de nuestro tiempo 

Parece que ha llegado ese tiempo y por eso, entre otras razones, J. H. Newman es el santo de nuestro tiempo.

Por eso este libro del sacerdote inglés Roderick Strange, profesor de teología de la Universidad de Santa María, Twickenham, la única universidad confesional católica del área de Londres, es particularmente atractivo.

Y por el hecho de que hace una presentación atractiva de la vida, del pensamiento, de los problemas a los que se tuvo que enfrentar Newman, dentro y fuera de la Iglesia, desde el punto de vista de la santidad, como criterio de respuesta a ese mundo volcado en la irreligión.

Santidad en la clave de lo que decía Benedicto XVI en una de sus audiencias de los miércoles de 2007: “Lo santos “no han caído del cielo”. Son hombres como nosotros, incluso con problemas complicados. La santidad no consiste en no equivocarse o no pecar nunca”.

“Los santos no son gente de letras, no les gustan los clásicos, no escriben novelas”, escribiría con cierta ironía Newman. Y añadía: “Me contentaré, en el cielo, con limpiarles los zapatos a los santos; a san Felipe (Neri, fundador de la Congregación del Oratorio, y su patrono), si usa betún”.

Concilio Vaticano II 

En la práctica, el efecto que produce este libro es el siguiente. Podemos saber que Newman es una persona importante en la historia de la Iglesia. Pero la lectura de este libro nos hace entender la razón de la importancia de san J. H. Newman.

Además de la insistencia en la comprensión de la santidad de Newman, hay una perspectiva interesante en este libro. Entender que Newman podría ser el padre no citado del Concilio Vaticano II. Muchas de las preocupaciones del Concilio, y posteriores en el magisterio pontificio, estaban abordadas en los escritos de Newman: su oposición al clericalismo, a la teología no histórica y a los excesos de radicalidad también teológica, el retorno a la Escritura y a los Padres, su defensa de la Iglesia como comunión, el papel de los fieles laicos, el de la conciencia, su preocupación por la unidad y por el lugar de la Iglesia en el mundo, entre otros.

Como diría Erich Przywara, el erudito jesuita alemán: “Lo que san Agustín fue para el mundo antiguo, lo que santo Tomás de Aquino fue para la Edad Media, así debe ser considerado Newman en relación con el mundo de hoy”.

Su oración y teología 

Por este libro discurren, entre otros, los episodios referidos a cómo era su oración, cómo su predicación, cómo su teología, a su instinto de moderación, a su liderazgo en el Movimiento de Oxford, al establecimiento de los oratorios de Birmingham y Londres, a la fundación de la Universidad de Dublín, a la supervisión de la nueva traducción de la Biblia, a sus relaciones no fáciles con alguna jerarquía de su tiempo, a su capacidad como pedagogo, a su época de director de The Rambler y, sobre todo, a su caridad y su servicio a los demás. 

Habla, sin hagiografías, de la vida de un santo que sufrió siendo católico y experimentó que “la plantación de la Cruz de Cristo en el corazón es aguda y difícil; pero el majestuoso árbol se eleva en lo alto, y tiene hermosas ramas y ricos frutos, y es bueno para contemplar”.

Newman. El corazón de la santidad.

Roderick Strange

Desclée de Brouwer

Portada del libro.
Portada del libro.

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