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Las preocupaciones del profesor Laboa: integrismo e intolerancia en la Iglesia

El ensayo repasa el integrismo católico en la historia de España y realiza una serie de reflexiones sobre la Iglesia actual

Juan Maria Laboa.
photo_cameraJuan Maria Laboa.

Integrismo e intolerancia en la Iglesia
Juan María Laboa
PPC

En la historiografía sobre la Iglesia en la España contemporánea, el profesor Juan María Laboa (Pasajes de San Juan, Guipúzcoa, 1939) es una referencia que no se debe obviar hasta el punto de que su, vamos a denominarla, comprensión historiográfica, se ha convertido en narrativa dominante con no poca influencia pública y privada.

Son frecuentes además sus incursiones en diversos medios de comunicación, también eclesiales, con lo que sus ideas están muy presentes en la opinión pública. De sus recientes trabajos destacaría su aportación al libro sobre la Asamblea Conjunta de obispos y sacerdotes de 1971, editado por el recientemente fallecido Feliciano Montero y su grupo de investigación. Aportación que ahora no puedo comentar para no despistar al lector.

Ahora nos ofrece un ensayo de casi trescientas páginas de letra grande y papel con alto gramaje, en las que además de hacer un repaso histórico por el fenómeno del integrismo católico en la historia contemporánea de España, introduce una serie de reflexiones y preocupaciones sobre el presente.

Un trabajo que no responde estrictamente a una obra académica, aunque tiene abundantes citas y referencias, y que en no menor medida podría ser, en alguno aspectos, síntesis de algunas de sus obras anteriores. 

Superar el reino de la sospecha 

El primer aspecto que hay que destacar es la oportunidad de editar un libro sobre el integrismo en este momento de la Iglesia. Quizá el esfuerzo por explicar el integrismo y el fundamentalismo en la historia, de España particularmente, sea un intento de deslegitimar las tendencias que se oponen a la actual marcha de los vientos desde un marco dialéctico del que no siempre es fácil despegarse.

Como afirma al final del libro, “el reto más importante que afronta nuestra Iglesia es el del superar el reino de la sospecha. Es hora de criticar la viga propia, sin olvidar, claro, la viga ajena”. También apunta a que es necesario desterrar el miedo. “Si el miedo se instala en la Iglesia, se resquebraja su esencia. Además, allí donde se instala el miedo cree la prepotencia”, escribe el autor.

Los capítulos principales abordan el fundamentalismo en la historia del cristianismo; el integrismo y la religiosidad en la España contemporánea, desde muy diversas perspectivas, religiosa, política; el modernismo; un capítulo dedicado a la paz, el amor y la tolerancia; y uno final a modo de reflexión.

Tiene razón el autor cuando recoge una cita del P. Mariana en la que dice que “ningunas enemistades hay mayores que las que se forjan con voz y capa de religión, los hombres se hacen crueles y semejantes a las bestias feroces”.

En no pocas ocasiones el autor presenta la siguiente estructura redaccional: a partir de un acontecimiento del pasado, de un persona, de un texto, pasa a una referencia al presente con una digresión que no deja indiferente al lector. Establece, por tanto, una línea de continuidad del pasado con el presente que actualiza el pasado.

Pontificado de Francisco 

El lector se pregunta si esta estructura de pensamiento y escritura no oculta un paso previo: lo que se piensa sobre el presente, le lleva a referirse al pasado para que se refuerce la tesis sobre el presente. Esta forma de escribir, en algunas ocasiones, hace dudar al lector si el libro pretende algo más que la historia del integrismo y los efectos en el presente eclesial. O versa sobre otras cuestiones como por ejemplo el pontificado del Papa Francisco o la situación actual de la Iglesia en España, de sus medios, publicaciones, webs eclesiales…

Página 43: “En esta situación conviene examinar el uso y el abuso de los nombramientos episcopales en España a partir de 1980 en función de un designio tan simple como preciso: nombrar obispos de una sola mentalidad y sensibilidad, seguros, que respondan sin dudar a los deseos de Roma. Y al hablar en este contexto de Roma no nos referimos al centro de comunión eclesial, sino a una
mentalidad y una interpretación reduccionista del Concilio”.

Claro que la conclusión a esta premisa está en indagar el perfil de esos obispos nombrados a
partir de los ochenta para relacionarlo con la capacidad en incapacidad para algunas tareas de hoy. La historia pesa demasiado.

Cismas eclesiales 

Destaco algunos aspectos que me parecen llamativos de este libro. Por ejemplo, las ideas que propone para el debate. Ya en las primeras páginas leemos, por ejemplo: “Históricamente, la mayoría de los cismas eclesiales se deben a los integristas y, aunque parezca lo contrario, no tanto a los progresistas. Aunque no cabe duda de que la intolerancia puede darse con la misma intensidad en un lado y en el otro, como hoy es evidente en España”.

Me parecen interesantes las veces que el autor reconoce que no hay estudios suficientes sobre algunas cuestiones. Como por ejemplo, los obispos españoles del primer tercio del siglo XX, o el modernismo teológico –no solo literario, ni filosófico- en España, sus pensadores y divulgadores.

No voy a entrar en describir los hitos, los momentos de la conformación del integrismo eclesial y político en España tal y como lo presenta el autor. De sus tesis destaco una: “No se puede comprender la historia del catolicismo español del siglo XX y su ausencia de protagonismo en el mundial sin tener en cuenta el dominio preponderante de este talante integrista”.

Enfrentamientos inútiles

Interesantes las referencias a la división de los católicos españoles, a las propuestas pontificias y a la respuestas a los intentos de unión. También al papel de los Congresos católicos. Y en este sentido, una conclusión para el tiempo posterior al Vaticano II: “Me da la impresión de que se preocuparon más de mantener la estructura que de formar las conciencias individuales. Les entusiasman las concentraciones masivas, los congresos con multitud de secciones y rimbombantes discursos. Probablemente influye en esta actitud un cierto trauma provocado por persecuciones anteriores y por el miedo a convertirse en minoría”.

De acuerdo con que “si tuviera que subrayar un aspecto negativo fruto del predominio integrista, señalaría la mediocridad”.

Tengo que advertir que la lectura de este libro habría que hacerla en relación con la introducción a la historia de la Iglesia en la España contemporánea de Gonzalo Redondo, para destacar las coincidencias y las diferencias en lo que supone la relación de la Iglesia con la modernidad.

Afirma nuestro autor:“¡Cuántas batallas inútiles y cuántas energías tontamente malgastadas a causa de estos enfrentamientos!¡Cuántos enemigos fabricados y cuántos posibles colaboradores marginados!”. Totalmente de acuerdo, querido profesor Laboa.

Portada del libro.

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