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Un franciscano obispo: sobre el Francisco de Asís de ayer y de hoy

Jesús Sanz Montes, franciscano y arzobispo de Oviedo, reflexiona sobre la cuestión y espiritualidad franciscana

Monss Jesus Sanz Montes, Arzobispo de Oviedo en Covadonga
photo_camera Monss Jesus Sanz Montes, Arzobispo de Oviedo en Covadonga

Es posible que ustedes, queridos lectores y lectoras, tengan una idea hecha de quién es el hoy arzobispo de Oviedo, monseñor Jesús Sanz Montes, franciscano, para más señas. Su constante presencia en los diversos ámbitos de la opinión pública está marcada por la claridad de ideas, el certero juicio sobre el presente histórico y un cierto estilo formal tirando a un aceptable retruécano.

Pues bien, he aquí otro Jesús Sanz Montes que, al menos quien esto escribe ni conocía, ni se imaginaba. Me estoy refiriendo al especialista en teología espiritual franciscana, al profesor de teología y espiritualidad de la vida consagrada.

Prólogo del cardenal Amigo 

Es cierto que el libro, prologado por otro franciscano, de otra generación y de otro perfil, el cardenal Amigo, da la impresión no pocas veces de construirse sobre materiales trabajados en diversas etapas eclesiales anteriores. Es curioso porque en el transfondo también se palpan épocas y momentos de la reciente historia de la Iglesia, de los pontificados, de la prioridad de determinados temas o sensibilidades.    

Pero la clave de todo lo que aquí nos encontramos está en dos ejes. El primero, la santidad es la sustancia de la vida cristiana. Cada generación en la historia necesita ser salvada por una gracia que Dios concede y que hace que, en cada momento, se tenga una imagen de Cristo, una percepción de Cristo y de las formas o modelos de santidad. Esto está relacionado con el carisma.

La historia de la Iglesia es la historia de los cristianos que han acogido ese don de Pentecostés en medio de sus vidas, desafíos, avatares. Cada santo y fundador es una aportación del Espíritu, dador de carismas para la edificación de la Iglesia en se momento y en los momentos subsiguientes. Cada santo nos ha dibujado en una encrucijada concreta de la historia una imagen de Jesucristo para sus contemporáneos.

Oigamos lo que decía el P. Chenu en su libro “Hacia una teología del trabajo”: “Los cristianos más clarividentes se dan cuenta de los nuevos valores que se revelan, y aun a riesgo de ciertas rupturas, pasan a integrar las estructuras que los expresan”.

La cuestión franciscana 

El segundo gran tema es “la cuestión franciscana”, que es la cuestión de Francisco de Asís y de sus hijos e hijas en la historia y desde la historia, el movimiento franciscano. Aquí es dónde quizá se despliega un mayor novedad. Si se podría decir que san Franciscos hay muchos, y muy diversos, y muy diferenciados, incluso contradictorios, también que un adecuado estudio del Francisco de Asís histórico, en el contexto de su tiempo, de la Iglesia de su tiempo, produce una gran fecundidad y aclara muchas dudas.

Aspectos como las simplicitas, la reforma de la Iglesia, el movimiento laical, la pobreza, la fraternidad,  no son menores como temas de esta nueva propuesta, alejada de cualquier diletantismo y anclada en los mejores estudios sobre lo abordado.

La simplicidad y la sabiduría cristiana, las relaciones entre Francisco, Domingo, Buenaventura y Tomás de Aquino, la centralidad de la eucaristía, las relaciones entre Francisco y Clara, la paz, la pobreza, y dos estudios precisos sobre el Francisco de Asís del Leclerc y el de Chesterton, conforman esta propuesta que, sin duda, sorprenderá a no pocos.

En síntesis: el Francisco de Asís de ayer y de hoy a través de la reflexión de un franciscano, obispo, que no necesita salvoconductos de franciscanismo. 

San Francisco de Asís, compañía para nuestro tiempo

Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo

Encuentro

Portada del libro.

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