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El factor católico en la historia de España

El profesor Alberto Bárcena, en su libro "La perdida de España I y II", describe cómo la unidad de nación se configuró por el cristianismo

Alberto Bárcena.
photo_cameraAlberto Bárcena.

La perdida de España I y II

Alberto Bárcena

San Román

Hacía tiempo que en determinados ámbitos académicos y eclesiales, se hablaba con profusión de la última obra académica del profesor de la Universidad CEU San Pablo, y de su Universitas Senioribus, Alberto Bárcena. Después del éxito de su singular libro sobre Iglesia y Masonería, de la escuela diríamos de don Manuel Guerra, ahora nos presenta en esta curiosa editorial –por lo selecto de los libros que presenta- dos volúmenes que son una Historia completa de España.

No es frecuente que en estos tiempos de perspectiva fragmentaria y de especialidades claustrofóbicas un profesor de historia nos ofrezca una visión amplia, de conjunto, de la historia de España.

Confiesa Alberto Bárcena que quiso escribir un manual breve sobre la pérdida de España desde la fecha de 1808. Pero que decidió posteriormente darle forma a modo de ensayo, quizá desde una perspectiva más divulgativa y pedagógica. Explicar cada uno de los períodos supone hacer ineludiblemente referencia a los anteriores. Máxime si partimos de una tesis o de un conjunto de tesis principales.

Dos volúmenes 

Aquí radica la segunda y principal característica de este libro, que tiene dos volúmenes, y que en su desarrollo dedica mucho más espacio a la historia contemporánea que a la antigua y medieval.

La tesis de la pérdida de España a partir de la disolución de los factores que han configurado históricamente a esta realidad, España, a esta gran nación. Y de entre esos factores, uno fundamental, clave, el catolicismo. De ahí que Bárcena dialogue con frecuencia con autores pasados que han marcado la historiografía desde ese punto de vista. De forma muy singular con don Marcelino Menéndez Pelayo, y de forma muy destacada, con Ricardo de la Cierva.

Está claro que alguien dirá que ya tenemos la historia canónica más reciente del conservadurismo católico, de la ultraderecha, de los seguidores de VOX. Bueno, cada uno puede decir lo que quiera, pero después de leer las casi novecientas páginas de apretada letra, o que uno se encuentra es una síntesis bien trabada y, por cierto, con notable estilo redaccional que la hace de fácil lectura. ¿Las tesis de fondo cambian los datos? No. ¿Los manipulan? No. ¿Los pervierten?, no. Pues entonces.

Las tres pérdidas de España 

Fue Ricardo de la Cierva quién habló en sus obras más clásicas de las tres pérdidas de España. La primera coincidente con el desplome del Imperio Romano; la segunda, originada por la invasión musulmana y la tercera, la provocada por la crisis institucional de finales del siglo XX, desarrollada muy particularmente en el último cuarto de siglo. Por cierto que el elemento exterior ha jugado siempre una baza importante en la pérdida de España.

Nación al servicio del ideal religioso 

Pero volvamos a la tesis que vertebra el contenido del libro y que se recupera y actualiza en lo tratado sobre la historia contemporánea. Dice al principio el profesor Bárcena que “España es la nación que puso sus destinos al servicio de un ideal religioso, ante todo. Valladar cristiano de Europa durante siglos ante las oleadas de la yihad; defensora de la integridad del dogma católico cuando ya el peligro musulmán, sin desaparecer, disminuía; a partir de 1517 España se convierte…”.

Y así hasta que España deja de ser católica o pierde ese factor clave de su esencia. ¿Una historia esencialista?, que dicen ahora. Pues ustedes pasen y vean cómo se conforma la identidad de una nación.

Está claro que a los lectores les sonará lo anterior a lo que escribió mi siempre admirado don Marcelino: “Ni por la naturaleza del suelo que habitamos, ni por la raza, ni por el carácter, parecíamos destinados a formar una gran nación. Sin unidad de clima y producciones, sin unidad de costumbres, sin unidad de culto, sin unidad de ritos, sin unidad de familia, sin conciencia de nuestra hermandad, ni sentimiento de nación, sucumbimos ante Roma, tribu a tribu, ciudad a ciudad, hombre a hombre, lidiando cada cual heroicamente por su cuenta, pero mostrándose impasible ante la ruina de la ciudad limítrofe, o más bien regocijándose de ella… Esta unidad se la dio a España el Cristianismo. La Iglesia nos educó a sus pechos, con sus mártires y confesores, con sus Padres, con el régimen admirable de sus Concilios. Por ella fuimos nación, y gran nación, en vez de muchedumbre de gentes colecticias, nacidas para presa de la tenaz porfía de cualquier vecino codicioso”.

Autores que se citan 

Son muchos los autores que se citan a lo largo de estas páginas, tanto de fuentes primarias como de secundarias. Por destacar algunos, además de los ya citados, podríamos referirnos a Javier Paredes, Alfonso Bullón de Mendoza,  Manuel Guerra, José Luis Comellas, José Andrés-Gallego, Mercedes Montero, José Luis Orella, Vicente Alejandro Guillamón, Vicente Cárcel Ortí… A lo largo de las páginas descubrimos alguna curiosidad que procede de las amplias lecturas del autor. Pongo solo el ejemplo de los aspectos personales de la religiosidad de Adolfo Suárez, primer presidente de la democracia en la época reciente.

Es indudable que esta historia, que no lo es de la Iglesia en España, tiene abundantes referencias a la vida de la Iglesia, más en los aspectos referidos al culto, a la santidad, a la vida del pueblo católico. El apartado dedicado a la persecución religiosa del siglo XX es ciertamente muy amplio y nos ofrece algunos testimonios singulares, por ejemplo los referidos a lo que ocurrió en regiones como Cantabria, tierra con la que el autor tiene vínculos familiares.

Por último hay que destacar el aspecto de la presencia de la masonería a lo largo de la historia contemporánea de España. Presente en este trabajo y en estrecha, por no decir íntima, relación con el libro anterior del autor al que nos hemos referido. Como no soy especialista en cuestiones masónicas, lo dejo ahí. Pero cuando el profesor Bárcena escribe lo que escribe, con profusión de datos…

Y, este sentido, leída en perspectiva de conjunto, la historia de la Iglesia y de la presencia de los católicos en España no es una cuestión menor. El olvido de esta presencia para el futuro, de lo que ha hecho y dicho la Iglesia, es una forma de injusticia. Sorprende que haya quien no parezca tenerlo suficientemente en cuenta. 

La pérdida de España.

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