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La digestión cultural de la modernidad y el cristianismo

Gabriel Insausti, profesor de Literatura, poeta y ensayista analiza el cristianismo y la incompatibilidad con la cultura europea moderna

Gabriel Insausti.
photo_camera Gabriel Insausti.

Cristianismo y cultura europea es el subtítulo de este magnífico libro del profesor de Literatura, traductor, poeta y ensayista, Gabriel Insausti. Para mí, tanto el autor, como el contenido, como el enfoque del análisis de los referentes de la cultura actual han supuesto una auténtica sorpresa.

Este libro habla de la digestión cultural de la modernidad y de los platos que ha engullido. También de los que ha rechazado y de los que ha inventado esa nouvelle cuisine.

Modernidad y secularización 

La modernidad concebida como secularización no es tan lineal como se suele pensar. Para muestra, una serie de autores que se hacen presentes en estas páginas. Baudelaire, Joyce, Conrad, Eliot, Proust, Chateubriand, Víctor Hugo, Huysmans, Péguy, Apollinaire, Verlaine… y otros tantos. Dialogar con ellos, y con Dostoievski, por ejemplo, no es fácil.

Sí parece claro que, como fruto del diálogo implícito o  explícito con la modernidad, se creó un canon católico, Mauriac, Berannos, Thibon o Guitton, no lo es menos que hubo otros muchos autores que, aún inicialmente no siendo católicos, o no confesándose como tal, se enfrentaron a una permanente contradicción en su ser más íntimo con las exigencias de la secularización.

De hecho, en no pocos de los autores estudiados, una secularización que pretende dar explicaciones del todo, del sentido, acaba convirtiendo en objeto de fascinación de aquello que prohíbe.

Inquietud religiosa e ideologías 

Estos autores reconocían que la modernidad era un intento fallido de construir una nueva totalidad de sentido, un fundamento que no fuera incontrovertible. Es más, Insausti afirma que se dio, en no pocos de los autores que se analizan en el libro, una “subsistencia de cierta capacidad para lo sagrado incluso en el contexto de una creciente secularización: eso es precisamente lo que manifiestan las proclamas blasfemas o las desviaciones satánicas de Barbey, Baudelaire, Rimbaud, Huysmans, Villiers de l´Isle-Adam…”.  No se trataba de borrar la presencia de los sagrado sino de trocar una sacralidad por otra.

La modernidad no ha logrado zafarse del mito, del rito y del símbolo. Como señala nuestro autor, “la inquietud religiosa, lejos de haber desaparecido de un plumazo, ha alimentado buena parte de las configuraciones ideológicas modernas”.

Tres ensayos y un epílogo 

El libro reúne tres grandes ensayos y un epílogo. El primero “Estética del atrio” reflexiona sobre las reacciones que han tenido determinados autores, mayoritariamente franceses del siglo XIX, ante el proceso de secularización. Reacciones y respuestas como el insólito interés por lo monástico, por el estilo gótico o por los temas de ultratumba.

El segundo, “Tres citas de la Lumen Fidei”, a apropósito de las referencias literarias en la citada Encíclica, aborda el pensamiento de Dante, Eliot, Dostoievski

El tercero, bautizado como “La cultura: ¿liturgia o akelarre?”, se adentra en el arte abyecto, en el cine postmoderno, para hacer una interesante reflexión sobre la vía estética, sobre los ritos en el contexto del arte no objetual y, sobre todo, desentraña las contradicción del intento postmoderno de fundar una  cultura sobre la negación del legado judeocristiano. Aquí se plantea una pregunta muy interesante: ¿hasta qué medida puede la cultura de la trasgresión, de la ruptura de los límites, fundar una nueva cultura?

En el epílogo da un paso más hacia el transhumanismo y la razón técnica en su relación con el alma de la civilización.

Sacrilegio y sacrificio

La línea argumental subyacente, al fin y al cabo, es la que sigue. Para el sujeto moderno, el cristianismo es incompatible con la cultura moderna. Desde el romanticismo, la creación exige novedad y el destierro del cliché; la forma más evidente de esa novedad es la trasgresión y las manifestaciones más radicales de la trasgresión son el sacrilegio y los sacrificios humanos. Como realidad y como metáfora, añado yo. Sacrilegio y sacrificio, del latín “sacer”, prohibido.

No olvidemos lo que escribió G. Steiner: “La historia política y filosófica de Occidente, durante los últimos ciento cincuenta años, puede entenderse como una serie de intentos –más o menos sistemáticos, más o menos conscientes, más o menos violentos- de llenar el vacío central dejado por la teología”.

La pregunta por la trascendencia no puede desligarse de las empresas culturales y políticas. Chapó.

P.D. La referencia “al kitsch deleznable del que la catedral de la Almudena sería un ejemplo paradigmático”, página 274, me hizo mucha gracia y me dio que pensar.           

La lira de Linos

Gabriel Insausti

Encuentro

Portada del libro.

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