De Libros

Diario de un sacerdote sin complejos

El presbítero francés Pierre Amar escribe sus vivencias cotidianas durante una enfermedad. Aporta buenas razones para el sacerdocio

Pierre Amar.
photo_camera Pierre Amar.

De un tirón. Me senté a media mañana y me dí cuenta de la hora que era cuando escuché las voces, nada amables, que, reiteradamente, me llamaban para decirme que era la hora de comer. Se convirtió en mi postre y a eso de mediada la tarde ya estaba sentado en el ordenador escribiendo este reseña.

Engancha. Porque la inteligencia, la ironía, la vida, lo que cuenta sobre su enfermedad, las breves pero enjundiosas reflexiones espirituales, la frescura, eso, la frescura de este diario de un sacerdote a bordo de una cama de hospital, fascina.

Catolicismo francés 

No tenía ni idea de que en el catolicismo francés se dan una serie de curiosos fenómenos de singular vitalidad. Uno de ellos es la página web www.padreblog.fr que tiene además su pequeño espacio en la televisión KTO. Una ventana a las preguntas más curiosas de los televidentes.

Uno de los autores de ese blog y de ese programa es el sacerdote Pierre Amar, de la diócesis de Versalles, ordenado en 2002, y que según leo, y aparece alguna referencia en el libro, estudió, antes de entrar en el Seminario, Derecho y luego Teología. Se confiesa de la generación Juan Pablo II. He aquí el fascinante retrato de esta generación sacerdotal que avanza hacia la cincuentena:

“Discípulo de un papa huérfano a los veinte años, que afrontó sucesivamente dos totalitarismos, el “clero Juan Pablo II” está en fin completamente desacomplejado. Cuando habla, no se pregunta nunca si va a agradar: proclama lo que sabe que es verdadero. Un indicio interesante es que no ejerce su sacerdocio sin un cuello romano, a veces incluso con sotana. Una especie de ropa de trabajo, casi un signo de identidad que tiene la inmensa ventaja de recordar algo antes incluso de que él haya tomado la palabra. Raros y muy ocupados, los sacerdotes de cuarenta no se excusan por ser eclesiásticos: “Soy sacerdote, sí”.

Buenas razones para ser sacerdote 

Líneas antes había escrito: “Hace ya tiempo que el sacerdocio no es un estatuto. Hay que tener buenas razones para ser sacerdote … y perseverar. ¿Buenas razones? Pues nuestro clero las tiene. Y son numerosas. ¿Quién dirá a los hombres que son amados con locura por un Dios que ha entregado a su Hijo para salvarlos? ¿El progreso técnico nos lleva a más humanidad? ¿Qué porvenir es posible si todo es relativo, comprable, discutibles y negociable, incluso los valores esenciales como la filiación o el derecho a la vida?”.

No sigo. Se habrán hecho una idea.

Esta historia, que al fin y al cabo habla de la vida, de la vida cristiana, de la vida de los cristianos, de la vida de los sacerdotes, comienza en el mar. En unas vacaciones del sacerdote con un grupo de profesionales. Allí aparece la enfermedad que le lleva a tres operaciones quirúrgicas en mes y medio, dieciocho kilos menos, la quimioterapia, una larga convalecencia, una estancia en una residencia de ancianos para recuperarse, y cientos de historias de su sufrimiento y de su alegría. Y también de sus lágrimas, porque por aquí también afloran las lágrimas de un sacerdote.

El celibato de una forma original 

Podría hacer referencia a los párrafos en los que explica el celibato de una forma original, y verdadera, o los que se refiere a su comprensión del ministerio bien pegado a Cristo, o a las referencia literarias de Bernanos, Claudel, o de autores contemporáneos como Philippe Lancon –uno de los periodistas de Charlie Hebdo-, con quien al fin y al cabo dialoga.  Pero no lo voy a hacer. Ustedes mismos.

Ahora, cuando vaya a regalar un libro a un sacerdote, ya sé cuál.

Ah, y lo que no sabía es que en Spectre, James Bond confiesa que si no hubiera sido agente secreto habría sido… sacerdote. Cosas de Sam Mendes. 

Fuera de servicio

Pierre Amar

Rialp

Fuera de servicio.

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