De Libros

Un cura, y no cualquiera, se confiesa

Gabriel Ariza entrevista a Manuel Guerra en un volumen que termina siendo una autobiografía del sacerdote, experto en masonería

La guerra de don Manuel..
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No sé si todos los tiempos han padecido la oscuridad que se impone en el presente. También entre ciertos ámbitos y ambientes en la Iglesia. Quizá sea el momento de volver a la historia para preguntar qué nos dice del pasado que nos sirva para el hoy. Igual, la presencia de esa oscuridad ha sido un continuo de la historia. Y somos nosotros los que la pensamos desde la inmediatez y la influencia directa. 

Por eso es necesario el testimonio de vida, que une el pasado con el presente, el sentido y la experiencia. En este caso, el de la vida de un sacerdote, que no es cualquier sacerdote. Estamos hablando del catedrático de Teología de la Facultad de Teología del Norte de España, con sede en Burgos, don Manuel Guerra. Un sacerdote, como se decía antes, de cuerpo entero, sacerdote de Jesucristo, diocesano de Burgos y miembro de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz.  

Tengo que confesar que desde muy joven sentí una admiración especial por don Manuel Guerra. Quizá la que le tiene aún su compañero de estudios don Jesús Amieva, que tantas veces me habló de quien fue compañero de estudios. No en vano la distancia entre Burgos y Santander no es tanta.

Puedo decir que cuando estudié griego, lo hice con uno de los libros de don Manuel; cuando me acerqué a la historia de las religiones y a la fenomenología religiosa, también me encontré con don Manuel; y lo mismo en los estudios sobre los orígenes del cristianismo, de eclesiología y de teología de los ministerios. Por poner algunos ejemplos.

Don Manuel Guerra es, ante todo y siempre, sacerdote. Y eso se percibe en esta conversación con el periodista Gabriel Ariza. Una conversación que tiene más, en algunas partes, de autobiografía que de entrevista. Por más que uno piense que sabe algo de la vida, de los estudios, de las experiencias de don Manuel, por más que uno le siga con sus innumerables publicaciones, en su blog, en este libro, a media que pasan los capítulos, va descubriendo realidades vitales, conceptuales e, incluso espirituales, nuevas, sorprendentes algunas, interesantes todas.

A don Manuel Guerra le interesa, sobre todo, la verdad. Su vida es seguimiento de quien es camino y verdad, Jesucristo. Y como a don Manuel le interesa, le apasiona, le obsesiona la verdad, la claridad de sus respuestas son un servicio a los lectores. Se nota cuando el periodista le pregunta algo y no se siente cómodo con la pregunta. Se nota cuando sabe que tiene que decir algo –como en el caso de las diaconisas y del sacerdocio femenino- y no tiene porqué andar mareando la perdiz, ni dando vueltas.

Los temas sobre los que contesta don Manuel Guerra son muchos. Primero, diríamos, los suyos: la Iglesia en la historia, en los primeros siglos, los santos padres. Luego, la gnosis, las sectas, el Nuevo Orden Mundial, la masonería, la Nueva Era, la ideología de género. Pero también otras sorpresas que da la vida, que no son desdeñables: su biografía sacerdotal, su pasión por la espeleología, la investigación teológica y la docencia, sus viajes, sus estancias en Roma, la Facultad de Burgos, los Papas, su Iglesia diocesana, el Opus Dei… Por cierto, aprovecho para decir que es la primera vez que don Manuel Guerra aborda la cuestión de Garabandal. Y lo hace con tono y tino, sin duda.

Con un interesante prólogo del profesor Alberto Bárcena, este diálogo con don Manuel Guerra deja en el lector un regusto de sabiduría transmitida, el encuentro con su sacerdote fiel que sabe distinguir y que, por mucho que se diga, no tiene miedo. Una vida al servicio de la verdad de Dios, del hombre, de la Iglesia, que es en sí un ministerio.

Gracias don Manuel por haberse expuesto, una vez más, y por llamar a la cosas por su nombres –señal de inteligencia, según el clásico-, con caridad siempre, y con razones y, sobre todo, esperanza.

Guerra.

La guerra de don Manuel

Manuel Guerra Gómez

Homo Legens

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