Crónica de Roma

Estos son los tres pilares del Sínodo de los obispos sobre los jóvenes

Los verbos que guían la agenda de trabajo del evento titulado “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

Sínodo Jóvenes
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Esta es la actitud que buscan tener los miembros de la asamblea sinodal de los obispos que, que cuenta, por primera vez, con una representación de jóvenes.

El esperado ‘Sínodo de los obispos sobre los jóvenes’ ha iniciado a todo vapor en Roma. Es inevitable reconocer la energía que la juventud puede aportar a la sociedad en general, y en este caso a la Iglesia, si se da espacio, y esta vez, los jóvenes presentes lo están teniendo.

Así lo han dicho, sin excepción, los miembros de la XV Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos que ha iniciado el pasado 3 de octubre y que concluirá el domingo 28 con el tema “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

Un tema tan amplio que daría para reflexionar mucho más que las tres semanas que quedan por delante, por lo que en este espacio me detendré brevemente en tres aspectos que son los tres ejes temáticos del evento.

Qué tipo de discernimiento

En primer lugar, los organizadores de este importante evento eclesial han reiterado que ‘el discernimiento vocacional’ expresado en el título de esta asamblea sinodal no se refiere solamente al momento en que una persona se puede plantear elegir “el estado de vida”, es decir, cuando algunos jóvenes pueden interrogarse sobre el iniciar un camino de formación al sacerdocio y/o a la vida consagrada. 

La visión es mucho más amplia y este tema está claramente explicado en el Instrumentum laboris que puede sintetizarse en tres verbos: “reconocer, interpretar y elegir”. Este concepto, obviamente a nivel pastoral, han sido explicados también en la primera exhortación apostólica de este Pontificado, la Evangelii Gaudium 

Y así, los padres sinodales trabajan en estos tres ejes temáticos. “Reconocen” a la luz de la fe, e intentan escuchar con atención el contexto concreto de los jóvenes (en las diferentes zonas geográficas del mundo, con aspectos similares, pero evidentemente muy distintos de acuerdo a su contexto) para resaltar sus necesidades y preguntarse, como Iglesia, los caminos de pastoral juvenil adecuados para responder a la juventud actual. 

La segunda etapa, es el “interpretar” esas realidades delineadas previamente con referencias bíblicas y antropológicas, teológicas y eclesiológicas, pedagógicas y espirituales. Para evitar el riesgo de caer en un análisis meramente sociológico y no, en el contexto eclesial que se desarrolla esta histórica reunión.

Por último, la asamblea sinodal debatirá en los círculos menores para también “elegir” algunas líneas concretas (que estarán contenidas en el documento final). Y en este sentido, los organizadores remarcan que la Iglesia está llamada a tomar posición, a elegir decisiones valientes - que para alguno podrán ser, incluso, arriesgadas - para favorecer una auténtica renovación pastoral y espiritual de parte de la Iglesia con las futuras generaciones.

Cabe recordar lo que el Papa Francisco dijo en la apertura del Sínodo. “El discernimiento no es un eslogan”, ni es una “moda de este Pontificado”. Por este motivo, es un buen ejercicio, y merece la pena, detenerse como procuran hacer quienes están dentro del aula nueva del Sínodo estos días  en Roma. Aprender a evaluar personalmente, y a la luz de la fe, qué es lo que mueve la vida del mundo y a la Iglesia, y hacer esto con una actitud abierta de mente y corazón seguramente permitirá tomar decisiones personales libres basadas en el Evangelio que colaboran al bien común.

Hasta la próxima Crónica de Roma

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